Nieve oaxaqueña para este calor: Jardín Sócrates, una parada obligada para disfrutarlas

El lugar tradicional está a un costado de la Basílica de Nuestra Señora de La Soledad, a un par de calles del centro histórico

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Malena, heredera de una tradición que data de 1850

Al visitar la ciudad de Oaxaca es parada obligada ir al Jardín Sócrates donde expenden una amplia variedad de sabores de nieves tradicionales, resultado de la inventiva de mujeres y hombres dedicados al oficio que ha traspasado generaciones.

Los sabores van desde los clásicos de leche quemada, tuna roja, limón, nuez, coco, guanábana, mamey, hasta los originales como el “beso oaxaqueño”, “beso zapoteco” o “beso de ángel”, piñón, rosas, o sorbete, elaborada con yemas de huevo, canela y vainilla.

El lugar tradicional está a un costado de la Basílica de Nuestra Señora de La Soledad, a un par de calles del centro histórico. El espacio lo ocupan ocho negocios que se han ganado el corazón y el paladar de locales y visitantes; un remanso para disfrutar de una nieve artesanal elaborada a base de frutas de temporada, acompañada de dulces regionales.

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Por su cercanía con el templo mariano, también se les identifica como "las nieves de la Soledad". El área de las neverías es un lugar para el antojo con más de 40 años de vida, atendido por familias depositarias de los secretos del postre imperdible en la amplia gastronomía oaxaqueña.

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En temporada de calor, y en cualquier otra época del año es imposible resistirse a no disfrutar de una rica nieve elaborada en garrafas de acero inoxidable, dentro de un barril de madera con hielo y sal en grano.

La pulpa de la fruta y materias primas se vierten dentro de la garrafa, se hace girar vigorosamente, y en minutos se forma la capa de nieve que está lista para ser saboreada”, explicó María Elena Samario Armengol (Malena), de 70 años de edad, comerciante y hereda de esta rica tradición.

En 1850, cuando todavía no existían fábricas de hielo en Oaxaca, para poder obtener hielo, mi abuelita traía el granizo de la Sierra Norte, de la comunidad de la Nevería”, contó. En los meses de noviembre a febrero el agua se congelaba, entonces, los serranos bajaban a vender su agua congelada a la ciudad de Oaxaca.

Malena contó que su ancestra  transportó en mulas o caballos los bloques de hielo de la Sierra a la capital, a pesar del camino agreste, trataba de hacer este recorrido lo más rápidamente posible evitando que el hielo se derritiera.

Mi abuelita inició la venta de nieves en el Jardín Constitución, en el zócalo, ahí ponía sus garrafas; los sabores eran de leche quemada, tuna, limón verde rallado, vainilla y nuez”, refirió.

Con el paso del tiempo, con su mamá y tías al frente del negocio pasaron a la Alameda de León, cerca del atrio de la Catedral de Oaxaca. Después un gobernador, Eliseo Jiménez Ruiz, las replegó a un costado de la Basílica de la Virgen de la Soledad, donde se carecía de servicios públicos básicos.

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Posteriormente, el gobierno de Pedro Vásquez Colmenares, en los años 80 financió el mobiliario, con miras a proyectarlo como un punto de reunión familiar al salir de la celebración de la misa. De entonces, a la fecha continúan en el mismo sitio; hoy, un lugar imperdible.

Además de los más conocidos, la carta de sabores incluye refrescantes como maracuyá, guanábana, mango, mandarina y tamarindo; frutas exóticas como zapote negro, mamey, nanche, asimismo, están los fantásticos como mezcal, elote, tequila, rosas, piña colada, ron con pasas, avellana, cacahuate, entre otros sabores como coco, mamey, capuchino, pistache, tres leches, chicle, arroz con lechee, entre otros sabores, servidos en copa o en vasito, para llevar.

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Pero si se busca algo más elaborado se pude pedir una nieve de vainilla con jarabe de chocolate artesanal y nuez picada; picafresa, enchamoyada o una nieve flotante, para saciar la sed.

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