Sin maquillaje/ arlamont@msn.com/ 13 de abril de 2026

Alfredo La Mont III

Alfredo La Mont III

Sin Maquillaje

LA TEMPERATURA Y EL VIAJE 

¿Qué tan caliente es el centro de la Tierra y, se puede hacer en algún momento un viaje al otro lado de la Tierra pasando por el centro? 

R. Aquí vamos. La temperatura del centro de la Tierra es tan modesta como para derretir cualquier cosa… excepto nuestra imaginación. El límite entre el núcleo interno y el externo ronda 10,800 °F, un poquito más caliente que la superficie del Sol, pero muy por debajo del horno nuclear que es el centro solar. En otras palabras: caliente como para freír a cualquier explorador, pero no lo suficiente para presumir en una competencia cósmica.

¿Y viajar de un lado del planeta al otro pasando por el centro? Sólo en caricaturas. Para empezar, habría que atravesar miles de kilómetros de roca sólida, luego un océano de hierro líquido, y finalmente un núcleo interno donde la presión es tan brutal que mantendría tu cuerpo más plano que una estampilla. La ingeniería humana no está ni remotamente cerca de soportar esas condiciones, y la física tampoco coopera: cualquier túnel se cerraría sobre sí mismo como si la Tierra tuviera instinto de privacidad.

Así que no, no habrá “Metro transplanetario” en el futuro cercano. El centro de la Tierra seguirá siendo ese lugar misterioso, ardiente y absolutamente inaccesible donde solo entran ondas sísmicas y la imaginación literaria.

EL BIEN/ÓSCAR VÁZQUEZ VERA

Estimado don Alfredo, (hoy) en misa de resurrección el sacerdote dijo en homilía que el mayor objetivo de una persona debiera ser que, cuando se muriera, dijeran de él: “pasó por la vida haciendo el bien”. ¿Qué es el bien?

R. La pregunta parece sencilla, pero “el bien” no es una receta ni una lista de mandamientos. En casi todas las tradiciones —religiosas, filosóficas o simplemente humanas— el bien tiene tres rasgos comunes:

Primero: el bien es lo que ayuda a otros a vivir mejor. No siempre son grandes gestos; a veces es no complicarle la vida a nadie, ser justo, ser amable, cumplir la palabra, no abusar de la fuerza ni de la ventaja.

Segundo: el bien es lo que construye, no lo que destruye. Hay personas que dejan detrás de sí paz, orden, confianza. Otras dejan enredos, miedo o resentimiento. Hacer el bien es inclinar la balanza hacia lo primero.

Tercero: el bien es coherencia. Que lo que uno dice, hace y promete vaya en la misma dirección. La gente reconoce el bien no porque uno lo proclame, sino porque se nota en el trato cotidiano.

Por eso la frase del sacerdote funciona: “pasó por la vida haciendo el bien” no describe a un héroe moral, sino a alguien cuya presencia dejó el mundo un poco menos roto. El bien, al final, es esa suma de actos pequeños que permiten que otros respiren mejor. 

En realidad, el bien suele ser menos épico: no fastidiar, no abusar, no mentir más de lo indispensable, y dejar a la gente un poco mejor de como la encontramos. Nada que dé para una canonización, pero suficiente para que no nos recuerden con un suspiro de alivio.

Así que “pasó por la vida haciendo el bien” no describe a un santo, sino a alguien que no dejó incendios a su paso. Si eso es el bien, entonces sí: es un objetivo razonable. Y alcanzable, incluso en lunes.