Incertidumbre sobre México

Fondos invertidos en México salieron del país en el monto de 7 mil millones de dólares en el último mes. Esto ocurrió, dicen analistas financieros, por la decisión del Banco de México de bajar las tasas de interés en un momento en que la inflación sube, causada por la guerra en Irán. El impacto de esa guerra cae directamente sobre la economía mexicana. 

Banxico decidió bajar la tasa de interés en 25 puntos, de 7% a 6.75%, a pesar del repunte inflacionario en México. Esa decisión le ayuda a las finanzas del gobierno porque reduce el costo del financiamiento de sus deudas en pesos y dólares. Le permite un ahorro en un momento en que se encuentra bajo una presión fiscal extrema. No tiene con qué sufragar sus compromisos fiscales heredados y adquiridos.

La decisión de Banxico se da en un momento en que la inflación general alcanzó 4.59% anualizado, su nivel más alto en 16 meses. Obviamente este brinco en la inflación se refleja en el costo de la gasolina, premium y magna, pero principalmente en el diésel. El aumento de la inflación es consecuencia mayormente, pero no únicamente, por los efectos de la guerra en Irán. En la medida en que el conflicto continúe las presiones inflacionarias crecerán, ante el aumento al costo de fertilizantes y otros insumos de las cadenas productivas y al transporte en general.

Los fondos salieron de México por el mensaje que envió Banxico. Afirmó que su papel prioritario no era controlar la inflación, sino ayudar al gobierno federal con su crisis de liquidez. Los fondos se asustaron al percatarse de la situación tan precaria del gobierno federal, y que Banxico haría lo que fuera por cuidar las finanzas públicas, incluso aunque perjudique a sus inversiones en México. Les pareció un mensaje ominoso.

¿Cuáles son los mensajes ominosos? Primero, el mensaje emanado de Banxico es que, con su decisión sobre la tasa de interés, deja en claro que ha abandonado su independencia de criterio y operación, habiéndose convertido en operador al antojo de la SHCP. Es decir, perdió su autonomía en la toma de decisiones. Un banco central sin autonomía no es confiable.

En segundo lugar, preocupa la decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación de autorizar a la UIF el congelamiento de cuentas sin orden judicial. Está a la vista de todos que no existe un catálogo preciso de las razones para justificar la medida cuando es tomada por la autoridad. Por lo tanto, es a discreción de la autoridad. La observación es que la SCJN opera como el brazo justificador y legalizador de las intenciones del Poder Ejecutivo, sean constitucionales o no. Esta resolución también ayuda a explicar la fuga de capitales que estamos presenciando. 

Un tercer mensaje es que la reportada salida de inversiones extranjeras en la industria energética se explica básicamente por la desconfianza ante las reformas constitucionales, especialmente las modificaciones en el funcionamiento del Poder Judicial. Existe la convicción entre inversores extranjeros de que ya no existe un Poder Judicial independiente del que se pueda esperar un trato objetivo y apegado a derecho, porque está subordinado a las órdenes de Palacio Nacional.

Un cuarto mensaje, de contenido más político, pero que refleja un estado de ánimo del gobierno mexicano, fue la furiosa actitud de rechazo ante el informe del Comité contra la Desaparición Forzosa de la ONU. Si no son capaces de empatizar con un problema como los desaparecidos, menos lo harán con inversionistas que reclaman los tratos desfavorables  y discriminatorios de las leyes nacionales hacia sus emprendimientos en el país. Detectan que subyace, en la negación a un organismo internacional, una actitud más generalizada de rechazar cualquier cosa que provenga del exterior. Perciben un nacionalismo exacerbado, aderezado con un tufo autoritario.

Estos cuatro mensajes, emitidos recientemente por las máximas autoridades del país, generan un estado de ánimo entre inversionistas que se puede resumir en una sola palabra: incertidumbre. 

Así como lo hicieron los “capitales golondrinos”, otros inversionistas no van a esperar para ver en qué términos evoluciona la relación con el gobierno mexicano. Tomarán sus decisiones.