Miriam Mabel Martínez

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De igual a igual

En agosto del año pasado me encontré en medio de la calle un águila empapada. Inmóvil, nos miramos en la oscuridad. Corrí a casa y mi pareja salió con un guante y un costal de yute envuelto en el brazo; asustada, el ave rapaz apretó sus garras en la muñeca y se dejó conducir. Ya adentro, se paró sobre un escritorio donde permaneció observándonos y dejándose admirar. Ésta ha sido mi única oportunidad de estar frente a frente con una aguililla de Harris, como la nombró la especialista, que un par de horas después llegó a su rescate.

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Miriam Mabel Martínez

La polarización del gusto

¿En qué momento el gusto se convirtió en una cuestión del bien y del mal? Quizá aún añoramos ese mundo que antes de la caída del Muro de Berlín nos facilitaba la filiación política-ideológica-deportiva-cultural-económica-de entrenamiento sin tanta “culpabilidad” y sin tanta necesidad de cumplir con los cánones correctamente políticos

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Miriam Mabel Martínez

¡Aguas!

La noticia de que Ciudad del Cabo será la primera urbe del mundo en quedarse sin agua, además de alarmarnos, debería urgirnos a tomar conciencia de la situación que ya vivimos día a día.

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Equilibrio animal

Poco se habla de la Ley que regula la crianza, venta y la tenencia responsable de animales domésticos de compañía en el Distrito Federal, ya aprobada en la Ciudad de México. Una iniciativa más de los partidos Verde y PRI que “presumen” una preocupación por los animales, la cual es —como ya se vio con su iniciativa para prohibir los animales en los circos— sesgada. ¿Acaso, entonces, bajo una técnica sentimentalera se nos informó que el destino de esos animales “liberados” sería la muerte? (Murió más del 80%) No. ¿Acaso esos que denostan los zoológicos no se dan cuenta que entre sus funciones está el constituir un banco biológico?

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Espiados

Nos importa mucho lo que el otro hace o deja de hacer. Vigilamos al vecino para ver si lo cachamos en una falta, deseamos verlo trastabillar, equivocarse, caer. Es tan grande ese deseo, que instalamos cámaras, esperando —casi ansiando— que cruce el “límite” en una zona pública que asumimos propia por el simple hecho de escudriñarla desde una pantalla que nos avisa quién pasa, quién se agacha, quién hace un gesto, quién discute. Ah, pero observar lo que sucede en ese afuera, que es asumido como un adentro, no es espiar, sino protección

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Ciudad parchada

Han bastado casi veinte años para sepultar la metáfora. Ya muchos filósofos han hablado de su abandono, de su retirada. El siglo XXI que soñamos nunca llegó, ese futuro imaginado hoy también es vintage. El mundo moderno en el que la metáfora nos acompañaba para imaginar, trazar y proyectar se ha transformado en una posmodernidad que ha optado por lo literal como una forma de sobrevivencia. No por nada una de las palabras favoritas de los millennials es: Literal

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Miriam Mabel Martínez

Al día

En una película de los años sesenta, la voz de un ya desconocido en el siglo XXI Arturo de Córdova exalta un país que, hoy sabemos, no fue. Recita: “Mientras la patria se construye con serena firmeza, sin prisa y sin pausa…”, mientras se proyecta una panorámica de una floreciente Orizaba. Y continúa haciendo referencia a una “dulce” provincia que “es la verdad y fundamento de esa patria que amamos”. Cincuenta años después, la patria se destruye sin tregua ni pausa y esa provincia ha perdido la inocencia.¿Qué nos pasó?

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Aquí sí pasa algo

Los sismos de septiembre nos sacudieron el conformismo, nos reconfirmaron que el control es una forma de esparcir el miedo, de condicionar, de acotar. La tierra se movió para obligarnos a “hacer tierra”. Se comprobó en las semanas posteriores que la gente tiene muchas ganas de hacer, de ayudar, que vernos en el otro. Hay una urgencia por crear comunidad. ¿Cómo darle continuidad a esa cadena de ayuda? ¿Qué hacer con esa energía? ¿Cómo direccionarla para prolongar la reflexión y la acción? ¿Cómo evitar que la negatividad, la inercia, el “aquí no pasa nada” se reinstale en la cotidianidad?

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Miriam Mabel Martínez

Seguir la corriente

No hay nada más viejo que lo nuevo. Ésta es una consigna de la modernidad líquida, ésa que Zygmunt Bauman apunta nos ha atrapado en un remolino en el que fluimos sin punto de partida ni de llegada. Navegamos en la incertidumbre y nos aferramos a la rapidez, como única posible salida a dónde sea

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Extender el rizoma

A cada juventud le toca cambiar su tiempo. En 1968 muchos jóvenes salieron a las calles en eco de un reclamo mundial, a su vez reflejo de un pensamiento, desde mi punto de vista, situacionista (Gracias Guy Debord); en 1985 otros jóvenes tomaron las calles para salvar vidas, crear brigadas, quitar escombros y también para poner los cimientos de una sociedad civil que por fin se reconocía y que en 1988 logró poner a temblar al sistema. Eran otras las tecnologías, otros los caminos, se evidenció la corrupción, el sadismo empresarial, la rapiña, la apatía política que cobró muchas vidas. Ahora, en 2017, salen los jóvenes para extender esas redes sociales a, como dicen, “la vida real”. Una vez más se delatan las carencias, la corrupción, los abusos, los juegos oscuros entre lo público y lo privado, pero también los excesos civiles, el consumismo desbordado, la avaricia, el egoísmo. La burbuja se rompe

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Relaciones abusivas

Hace un par de días, en una charla de café, mi interlocutor me respondía: “Lo que deberíamos hacer es servir a México y no servirnos de México”. Mi pregunta había sido ¿cómo recuperar el amor por México?, la cual iba acompañada de una cadena de interrogantes: ¿cómo volver a emocionarse con los paisajes?, ¿cómo volver a vincularnos con esta tierra y trabajarla y saborearla?, ¿cómo reconstruirnos? Confieso que la cercanía de las fiestas patrias, las oscuras notas de los niños ejecutados en Guerrero, la muerte de la joven Mara Fernanda en Puebla, el aumento de robos, secuestros, homicidios… el asesinato del gerente de locaciones de Netflix mientras buscaba locaciones para la serie Narcos, sumadas a las prácticas cotidianas en las que el crimen ya no sólo es organizado sino orgánico, le ponían leña a mi pesimismo. Lo miré un tanto sorprendida

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Miriam Mabel Martínez

El espacio público, en subasta

Recorro con nostalgia las calles de una colonia que hace poco más de 20 años renacía y se transformaba en uno de los barrios más originales del entonces Distrito Federal. A sus habitantes de siempre se unían jóvenes, muchos de ellos artistas e intelectuales que ocupaban departamentos y casas cuyas fachadas engalanaban calles flanqueadas por árboles.

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Miriam Mabel Martínez

Malas costumbres

“Yo ya no me quejo” —me aseguró el taxista— “no entiendo por qué la gente no se ha acostumbrado. Todos roban”. El problema es que nos hemos acostumbrado a que así es, estuve a punto de responder, me quedé callada. Hemos asumido la impunidad y en silencio aceptado la falta del Estado de derecho. Ya ni siquiera podemos cobijarnos en la fe, porque ésta tampoco nos ha cumplido. “Todos son iguales”, insistió el chofer.

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Miriam Mabel Martínez

Corro, vuelo, me acelero

La prisa es una de las prácticas que el capitalismo tardío nos ha vendido como uno de los ingredientes indispensables de la receta del éxito. Quien tiene prisa es un ser ocupado, con tareas, activo y triunfador. Es una persona interesante y productiva porque siempre tiene pendientes, labores y compromisos que atender los cuales, por supuesto, le exigen velocidad, prestancia, la calidad no es necesaria, tampoco el fondo. Nuestro deber es correr, perseguir, agotarse. No importa la ruta ni el destino, lo importante es acelerar. ¿Las metas?, están en desuso

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Miriam Mabel Martínez

Nudo social

Crecí amando a este país. Me maravillaba la bruma en las Cumbres de Acultzingo cuando en familia salíamos casi de madrugada de la Ciudad de México rumbo a Veracruz. Cruzar el río Papaloapan me parecía una aventura. La geografía tomaba forma en los viajes en carretera. Recuerdo las olas de Tonalá en Chiapas, las curvas apretadas de la sierra, las noches en playas solitarias con fogatas y muchas charlas entre amigos. Las noches en medio de la nada nos resultaban el mejor regalo, ¡qué privilegio ver los cielos estrellados o manejar por horas sin sentir miedo! Veo mis fotografías aún en papel de los viajes que hice por un país que hoy está atrapado en la violencia. Pienso en todos los jóvenes quienes ya no podrán gozar de esas extensas manejadas, de esos lugares paradisiacos en los que convivíamos con los lugareños y aprendíamos unos de otros

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Miriam Mabel Martínez

Y tú, quién eres

La ficción se convirtió en la realidad. O más bien, hemos preferido vivir la vida como si estuviéramos en un set participando en un reality show, tratando de convencer a los jueces de que merecemos pasar a la siguiente fase, y así hasta llegar al final.

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Miriam Mabel Martínez

La naturaleza no se enmarca

Dice John Berger que con la llegada del capitalismo la relación del ser humano con la naturaleza se transformó. Aquel vínculo que nos hermanaba se ha roto y hemos optado ya no por mirarla, sino por consumirla. Un lujoso producto para algunos, para otros un desecho.

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Miriam Mabel Martínez

En obra negra

Es temporada de obras. Se acercan elecciones estatales que están calentando al país para la “grande”. Los participantes se preparan para participar en lo que ya dejó de ser un proceso democrático, con reglas y valores, para convertirse en una guerra en la que todo se vale. Y, como el fin justifica los medios, están dispuestos a todo a costa de todos.

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Miriam Mabel Martínez

La obra de al lado

En qué momento nos convertimos en país de abusivos. Cómo fue que dejamos que nos ganara la avaricia. Por qué seguimos pensando que el que no transa no avanza y que la única salida es rebasar por la izquierda… Me sorprende que seamos incapaces de reconocer que esa gula, esa mezquindad, esa necesidad de quererlo todo a cualquier precio que tanto denostamos de las clases política y empresarial, la practiquemos en el día a día y nos asumamos que nos queda de otra.

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Miriam Mabel Martínez

Aquí entre nos

Alguna vez durante mis largos cafés acompañada de mi basset hound escuché a una chica, quien gesticulaba preocupada y miraba desconfiada hacia los lados, solicitar a su compañera de conversación bajar la voz, mientras ella, claro, hacía lo propio. “Shh, que uno nunca sabe quién está escuchando”. Esa frase me recordó una charla con una amiga quien estaba convencida —y aún lo está— de que en México nadie dice nada malo al vecino, ya sea de la calle, de la caminadora, del sauna o de la fila, no vaya a ser que sea “alguien”. Un alguien cercano y poderoso capaz de hacerle daño hasta a los desconocidos por ninguna razón.

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