Equilibrio animal

Poco se habla de la Ley que regula la crianza, venta y la tenencia responsable de animales domésticos de compañía en el Distrito Federal, ya aprobada en la Ciudad de México. Una iniciativa más de los partidos Verde y PRI que “presumen” una preocupación por los animales, la cual es —como ya se vio con su iniciativa para prohibir los animales en los circos— sesgada. ¿Acaso, entonces, bajo una técnica sentimentalera se nos informó que el destino de esos animales “liberados” sería la muerte? (Murió más del 80%) No. ¿Acaso esos que denostan los zoológicos no se dan cuenta que entre sus funciones está el constituir un banco biológico? 
 

El problema de estas leyes, que se jactan de perseguir el bienestar animal, es la superficialidad. Se nota que los legisladores buscan “cumplir” porque sus propuestas son “llamativas”, pero no profundas, carecen de investigación y de la participación integral de los participantes en la cadena. ¿Resultado? Contradicciones, discriminación, prohibición, pérdida de empleos, tráfico…

Son preocupantes la venta ilegal, el comercio informal, el maltrato y el abandono de mascotas (que por cierto, no son sólo perros y gatos, hay aves y peces por mencionar sólo dos más). Nos lastima la imagen del Golden colgado en Río Churubusco. Nos indigna que las heces contaminen la ciudad, sí, pero debemos pensar a largo plazo.

Primero, debemos entender que los animales de compañía merecen respeto y parte de éste es no tratarlos como humanos. Asumir la importancia de la biofilia. Animales y humanos nos hemos acompañado y ayudado por millones de años y el éxito de nuestro vínculo se basa en que no somos lo mismo y que somos familia. Las mascotas son parte de nuestra sociedad, sin importar clase o nivel adquisitivo, y participan en ciclos económicos, humanísticos, culturales, de estudio, investigación y preservación.

Una mascota inspira ideas, arte y pensamiento; además, genera empleos, requiere alimento, necesita veterinario, correas, arneses, instrumentos para recoger las heces, medicinas, vacunas, etólogos, especialistas en cada especie, hospitales… y un sinfín de productos. Asimismo, contribuyen a la sociedad, como los perros adiestrados que salvan vidas, ayudan en terapias o guían ciegos. La diversidad es imprescindible en la experiencia de tener una mascota.

Ni la tenencia ni la participación en el círculo productivo y económico son un privilegio ni un crimen, como lo sugiere esta ley, que apunta más a la prohibición que a la regulación (aunque presuma el verbo “regular”). Entre muchas de las cosas que propone, como la iniciativa 7076, que daña la cadena productiva y de servicios de los micro, pequeños y medianos empresarios, y que los obliga a cuadrarse a las condiciones que benefician a las grandes cadenas comerciales, está el registro “gratuito” de mascotas, sin aclarar cuál es el objetivo, que pareciera centrarse en el cobro anual de tenencia, como si las mascotas fueran autos y dependiendo del “modelo” imponer la cuota. ¿Quién definirá si un pez beta debe pagar más que una carpa o un bulldog menos que un bloodhound?

Al leer detenidamente esta ley surgen muchas dudas. ¿Si todos los perros que se comercializan se deben esterilizar, en cuánto tiempo se extinguirán las razas?; ¿está mal su crianza? ¿Cómo se conservará, por ejemplo, el xoloitzcuintle, que ha logrado vivir siglos gracias a los criadores? ¿Se tiene derecho a elegir el veterinario y el alimento de acuerdo al bolsillo?

Avanzo en la lectura y la ambigüedad me espanta, no sólo me resulta evidente que está hecha al vapor, sino que me asustan las consecuencias. ¿Qué pasará con los mercados, espacios legales que son una opción para muchos? ¿Qué pasará con la diversidad de productos y servicios? ¿Por qué no pensar en los involucrados y promover una regulación y no una persecución? Quizá a muchos les parezca exagerado, a mí también me parecía antes de escuchar al veterinario de mis perros (a quien conozco hace más de 15 años y quien cuidó con profesionalismo y amor a mi basset hound hasta su muerte) sobre las afectaciones que recaerían sobre él y sus colegas con esta ley.

Por eso, este 6 de febrero me uniré la Caminata en Pro del Bienestar Animal y Humano para solicitar al Poder Legislativo que esta iniciativa sea verdaderamente integral, que respete los acuerdos internacionales y que considere que el comercio legal y sostenible es una herramienta para la conservación. Que si no es el bienestar, sino procurar y prolongar esta relación que, indudablemente, nos hace más humanos.

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