María Luisa Mendoza

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“Sólo Dios basta”

Mis mañanas últimas son poco narrables. Para una provinciana como soy, pasar una hora sobre una cama de reducidas proporciones para que la fisioterapeuta te devuelva, por lo menos, el equilibrio de la marcha, es desesperante... “Levante la pierna, dóblela, para afuera, para adentro, arriba, abajo...”, es la angustia porque sabes que es absolutamente necesario, a fuer de no quedarte seca, paralizada, ahora sí que como Chencha.

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María Luisa Mendoza

Los desfiguros de mi corazón

Todo es triste en este tiempo; desde que amanece vemos las calles desiertas, grises, y los vidrios de las ventanas están blindados de lagrimones del puro frío. Se murió Fidel Castro y yo que empezaba la duermevela me desperté volando. Claro que esperaba esa noticia, después de todo, los míos se están yendo a pasos acelerados.

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María Luisa Mendoza

Mis pasados sin miedo

Si de algo sé es sin duda de teatro. Soy gente de teatro. Estudié escenografía en Bellas Artes. Un tiempo iluminado, vivido intensamente bajo el manto promisor de Julio Prieto y un abanico de personajes tales fueron mis maestros. Sentados en los pupitres, veíamos pasar por el pasillo a los actores que ya habían debutado en el escenario...

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María Luisa Mendoza

Puras habas, Trump quitándonos la memoria

Leo los diarios todos los días. No entiendo vivir sin esa información que arrastro desde mi casa de niña. En verdad estoy haciendo lo mismo que mi padre, nada más que a él a la hora del desayuno se los leía mi madre con su dulce entonación del colegio del Sagrado Corazón. Así las noticias después de la Revolución y en el mismo escenario de la Independencia...

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María Luisa Mendoza

Pon tú

Pon tú que eres parte de la corte rusa y tu familia es invitada a cenar al Palacio de los zares, como en tu novela, que sueñas no sea la última por ti escrita, aunque no importe nada, ya ves que en éste tu país te empeñas en seguir y el muro levantado desde hace mil años en contra de quien no forma parte de esa mafia dura y terrible dada a hacer sufrir a los de afuera, haciéndolos sentir que no son nada, sino almas en pena...

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María Luisa Mendoza

Fito Best Maugard, a diario

Últimamente se habla de Fito Best como alguien fantasmal. Él llena mi memoria... fui de las que lo conocieron a diario... Fito era alto, mucho para mí que desde siempre he sido de tamaño normal. Muy elegante, eso que ni qué, trajeado de tweed o regios pantalones de franela.

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María Luisa Mendoza

De Letelier a comerse Chapultepec a puños y una noche en Palacio

Febril semana. Así hay días, pero no sólo en la vida propia, que a final de cuentas no importa, sino en el mundo entero. Pasan cosas, que ni qué... A mí se me van minutos pensando en Mitterrand y su amante oculta y presente siempre, como un ramo de rosas en el buró cambiadas diario. Ésos son los hombres que ya no existen, por algo se inventó la muerte, para tener envidia de los que se fueron.

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María Luisa Mendoza

De mi periodismo vengo… a mi periodismo voy

Hay unos señores que saben todo sobre la edad y sus perjuicios. Desde luego es la desmemoria, acentuada en lo reciente, y sinoficio ni beneficio en las referenciasa datos, fechas, caras, etcétera.Por ejemplo, yo quisiera saber cuándo nos cambiamos mi esposoy yo al maravilloso departamentode Reforma junto a mi periódico.

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María Luisa Mendoza

Primera llamada… primera llamada… ¡empezamos!

Cuando le envié mi primer novela Con Él, conmigo, con nosotros tres a Julio Cortazar, me contestó por escrito y lo inusual me hizo brincar de gusto, de entre los escritores, solamente Carlos Fuentes poseía esa buena educación (que yo por cierto lamento haber perdido) y me decía que era pesaroso el que los latinoamericanos siempre escribiéramos del dolor de nuestros países, la pena de leer prosas magníficas agobiadas por el crimen, la sangre y la ignominia de los gobiernos.

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María Luisa Mendoza

Yo también hablo de Larrosa

Abrí la puertecita del mueble que sustenta mi lavatorio de cerámica que dice “Aquí se lava la China Mendoza” y un chorro potentísimo de agua salió como de una manguera de bombero, empapándome del huesito hasta el pecho asorpresado.

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María Luisa Mendoza

El sol de septiembre

Mi adorado sol está loco de remate… entra en un delirio septembrino a mi casa como si fuera suya —que lo es…—. Es un sol de Alfonso Reyes, joven, dorado, loco, desgarrador y decolorador, achicharronador de páginas libreras o dulces flores de la mañana.

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María Luisa Mendoza

Mi demolición en Toluca

En mi tierra dicen que a los perros flacos se les pegan las pulgas… sí es cierto. Por mi tío Fernández de Lizardi creo que yo soy un perro sarniento porque todos los males me caen redonditos. Por ejemplo, sí me falla la oreja porque en mi casa se oye un motor como loco sin saber de dónde viene, pero cae exactamente cuando empiezo a escribir o a leer a Manuel Echeverría, con un trabajo enorme, porque para ya me cayó la ceguera de la uveítis o a saber y veo con dificultad mientras me desplazo entre oraciones porque arrastro la pata como Chencha, diría la ínclita María Félix.

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María Luisa Mendoza

El premio para el eminente arquitecto Larrosa

Quién sabe qué será morirse. Todos tenemos ensayos generales en nuestra pobre vida, pero como somos mexicanos, creemos en “la raya” y sobrevivimos milagrosamente, pero después de haber sufrido el espeluznante trago amargo desuponer que esto se acabó. ¿Qué…? Me canso de contar la maravillosa experiencia de ver los árboles y enseñárselos a alguien que se ama, o al contrario (lo cual es inverosímil) descubrir unas plantitastímidas en la fachada de una casa tal vez abandonada en Venecia…

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María Luisa Mendoza

Río

Unos nos moríamos, otros nos agasajábamos, pero la humanidad en bola vivía esto que creemos vida, con raspones en las rodillas, moretones por todos lados y a veces relamidas en los bigotes de tanta sabrosura.

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María Luisa Mendoza

Ahora sí escribo al tacto, de veras

Algunas de las características de los ojos enfermos son la carencia de claridad en la visión, el lagrimeo y la intolerable comezón que no sé cómo combatir por el mismo terror de quedarme ciega, ya que el ardor y las ganas de frotarse vienen de adentro del ojo, lo cual es imposible alcanzar sin poner en riesgo el globo amado.

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