Mis pasados sin miedo

Si de algo sé es sin duda de teatro. Soy gente de teatro. Estudié escenografía en Bellas Artes. Un tiempo iluminado, vivido intensamente bajo el manto promisor de Julio Prieto y un abanico de personajes tales fueron mis maestros. Sentados en los pupitres, veíamos pasar por el pasillo a los actores que ya habían debutado en el escenario... 
 

Nacho López Tarso caminando como Moctezuma ll; Raúl Dantés, tan joven y tan hoy tan muerto... el muchacho comunista de Los signos del zodiaco (que no se me olvide cómo nos fuimos a acompañarlo a subir a un trasatlántico en Nueva York rumbo a Europa), María Douglas gritando por su vida en la hoguera que la consagró;  y los grandes maestros empezando por Julio, por supuesto, por Fernando Wagner, alto y hermoso, absolutamente alemán; don Julio Monterde —eternamente con el don al principio—.  Y así. Relumbraba el cuarto piso del Palacio con las clases y el interés por conocer más de todo y de todos, esa Socorro Avelar, la Anita (“Anita, dame mi medicina”), le decía el marido holgazán de Los signos...). Épocas maravillosas de estrenos autorales... allí estaba Sergio Magaña lleno de talento y juventud, compitiendo, de veras, con Emillio Carballido y sus Llaveros, y llegó el Moctezuma genial con unas piernas maravillosas y diciendo al ver a un Cristo crucificado: “Esta forma de violencia yo la desconocía”... Habríamos de gozar más adelante a otro gran actor caminar fastuosamente en el escenario con su enorme estatura y su escalofriante elegancia: Claudio Brook. Cuando vi las dos obras, la de Magaña y la de Carballido, fuimos al tercer piso mi hermano Manuel y yo... éramos muy pobres y yo aún no arribaba a los boletos de lujo como crítica de teatro, ni siquiera lo había estudiado, y a Salvador Novo, ni pensar en conocerlo, ir en su auto él con las piernas tapadas con un poncho celestial como el de mi abuela Lelita, era algo inimaginable (el maestro Novo me tituló “la chinaca del idioma”)... Y ahora que me acuerdo, el maestro Álvarez Acosta, director en ese entonces del INBA, le dio un puestecito a mi otro hermanito, Xavier, como vigía o algo así en la escuela de teatro que ya estaba en el Auditorio. Íbamos creciendo todos, Héctor Azar dirigía una obra en la preparatoria de Coapa, de allí nació nuestro amor que culminaría en mi primer viaje a Europa como agregada de prensa de la universidad... fuimos a París, a Varsovia y nunca olvidaré a Juan Ibáñez, ilustre guanajuatense, viniendo con su novia y un ramo inmenso de globos multicolores al amanecer del día siguiente cuando se presentó el grupo entre vítores y aplausos en Estrasburgo... Juan dirigía, el autor era nada menos que Del Valle Inclán, el escenógrafo Vicente Rojo. La periodista su humilde. De allí me despediría para irme a París y a Madrid, sería huésped de Alfonso Arau y su mujer Gamboa, de quien me había hecho muy amiga, y sus hijos (uno de ellos diría de mí que tenía color de pan quemado...).

En fin, así pasa la vida, rapidísima “como el rayo” y nos preparábamos para entrar a la vida realmente vivida, diría Proust. Recuerdo mi primer hotel parisino con un solo excusado al final del pasillo y mi admirancia por el bidet que no conocía aquí en Tenochtitlan. Hay muchos personajes que se me escapan de la memoria y esto es una lástima, es como descubrirse otra “flor de tumba” por más esfuerzos que hace uno, es incapaz de alimentar la saudade... La vida es así, insisto, asombrándonos siempre, asorpresándonos una vez más. Es que se vuelve un ascenso feroz a la cúspide de la montaña la Bufa... es imposible reponer aquellas subidas rapidísimas y tan poco agotadoras de cuando éramos muchachos... Subíamos a paso veloz acompañados de nuestros perros y no entiendo cómo no se enteraban nuestros padres del peligro en el que estábamos... pero eso sí, veíamos desde la mera punta a Silao y a Irapuato, bebíamos a lengüetazos el agua de los cajetes, fresquísima... los perros y nosotros éramos muy felices.

¿Y porque fui a dar a mis cerros y a mi infancia si yo estaba hablando de teatro para aterrizar en la “obra de amor” Hamilton? La perfecta obra musical con la historia de Estados Unidos que sirvió de bofetón para el pobre diablo Trump, en cuyas manos regordetas está el destino del mundo... sí el nuestro... puesta en escena que no veré porque con qué ojos divina tuerta...

Temas: