Ojalá haya ganado Hilaria

Escribo el día crucial parael redondo mundo infatigable en el girar porque se sabrá quién va a hacerle más daño al mundo, si él, esperpéntico, o ella cargada de heridas.

Hilaria, así me decían mis primos cuando nos peleábamos entre las violetas y los nomeolvides del jardín de nuestra infancia aunque nos estuvieran oyendo los niños que bajaban del cerro para hurtar los aguacates y los membrillos de los árboles que se asomaban a la calle sobre las rejas. Hilaria sabrá ahora en la noche si regresa a la Casa Blanca gobernada por ella durante dos periodos presidenciales de su marido o se va punto en boca a donde ha residido durante años, ahora como senadora, que lo podría seguir siendo, o de presidenta nada menos.

Pienso mucho en ella porque consiguió estar junto al hombre que quiso aun después del trancazo de la pirujilla que se encontró en el papel de becaria alegre, echándose al plato nada menos que al señor Presidente todavía entonces de buenos bigotes.

Evidentemente, no fue un fiel difunto, no resistió la tentación, ¡pobre! Ni teniendo el poder más grande en la tierra. Al fin hombre, cayó redondito en brazos de la muchachota joven y llena de redondeces. 

Pero lo formidable es las enagüotas de Hilaria para proseguir y convencerse de haberlo perdonado.

También es extraordinario el empeño en igualarse con él, su esposo, su compañero lleno de fallas y triunfos, y el valor de doblarse y tratar de hacer a un lado a la manzanita fresca, la sinvergüenza Lengüinski como rápidamente le asestaron los señores de aquel entonces... ¿Y qué habrá sido de la fulanita de tal? Porque con su venia el papelón es intolerable, y el rompimiento si es que osó hacerse la ilusión. Ella era una pobre muchacha guapetona, ni hablar, pero la señora Clinton, abogada, inteligente, triunfadora en todos los aspectos y tampoco era fea ni mucho menos.

Es muy interesante observar a la distancia hechos pasados y darse cuenta que igual se piensa entonces y ahora. Somos al final de cuenta seres humanos, estamos cortados con la misma tijera, tan antojadizos como la pareja ilegal en cuestión, y la tal Hilaria que pudo revertir su dignidad ofendida enterándose de nuevo de la fortaleza del amor de ella y su pareja.

Dirán ustedes que los sentimientos amorosos no significan nada más allá de una buena novela, mas con estos hechos reales de la vida diaria volvemos a la ideas de lealtad que nos enseñaron de niños

y entendemos la fuerza de voluntad de la señora Clinton.

Eso nos ha hecho pensar que es un buen futuro para la Presidencia de EU, sobre todo si comparas los hechos con la ruina moral, la bajeza de conceptos, el dominio de la ignorancia y de la ambición de dirigir, o tratar de, a una nación de miles de individuos diferentes, millones de lenguas, religiones, costumbres, carreras realizadas y todos pertenecientes a un país hecho preponderantemente de inmigrantes.

El infeliz de Trump tiene igual origen extranjero, como al final de cuentas tenemos todos los habitantes de este planeta hirviente de seres que van y vienen desde el principio de los siglos. La Lengüinski creyó que podía, los otros dos pudieron. Porque así como decían en mi casa en mi niñez “no estuvo el Tato para la Nana” y por eso seguimos viendo juntos a los Clinton: papá, mamá, hija y perro tal la inolvidable visión de la familia encaminándose, acabandito de pasar el escándalo, a un helicóptero que vio el mundo entero un tanto aliviado de presenciar la reconstrucción del matrimonio.

Cuando escribo esto no sé quién habrá ganado en la lucha  por la gran silla. Si medio bien nos va, Hilaria retornará a su casa y volverá a ver el sol caminar silencioso por los salones; recuperará recuerdos de la niñez de su hija, de muchos besos y más lágrimas, comidas familiares,  festividades, presencias ya idas, como en mi caso humilde las reuniones del montón de tíos, primos, viajeros que llegaban de Cortazar, de Salvatierra, hasta de Veracruz. De Tampico, de mucho más lejos, reunidos a gritos y risas para festejar a alguien amado o porque se estaban casando o porque en la ley de la vida despedíamos a quien había muerto el día anterior y entonces llorábamos.

Así los Clinton que le pido a la Virgen de Guanajuato hayan retornado al pasado. (Líbrenos Dios del Anticristo).

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