María Luisa Mendoza

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Anécdotas

Como son tan pocos los hermosos lectores que se detienen en mis letras, ¡benditos sean!, se me antoja horrores llamarlos ¡muchachos!, tal cual cuando éramos chicos… Los que fuimos, todos tan jovencitos, vestidos de gente grande, con trajes, chalecos y a veces sombreros, igual a nuestros padres, sin salir a la calle de la pequeña ciudad del Bajío con la cabeza descubierta, ¡hágame el favor!, y mi papá, también en ocasiones vestido de charro, manejando su Fordcito con sombrero y todo…

Opinión 3 min de lectura

María Luisa Mendoza

Tener entre manos lo que no se puede hacer

Quedamos pocos vivos, pero lo parecemos, aun con las huellas de los sufrimientos, por muy silenciados que los transportemos. Hago lo posible por parecer de hierro, pero sin presenciar la interrupción del aire con la queja dolorosa de Gloria Ávila Romero, mi primera hermana caída en la tortura del cáncer, yo no soy nadie para fingirme impávida

Opinión 3 min de lectura

María Luisa Mendoza

Sagrados alimentos

Perdonarán ustedes que ahora les cuente algo de lo cocinado en mi tierra, Guanajuato, dada la calificación de menor en cuanto hablamos de las suntuosidades poblanas, oaxaqueñas, jaliscienses, yucatecas…

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María Luisa Mendoza

El dolor humano

Este mundo turbulento que nos tocó vivir a todos aquellos conocedores de lo que fueron los cincuenta, digamos, todavía los setenta, cuando salíamos de la guardia del periódico a las doce de la noche y nos íbamos caminando a nuestras casas tan tranquilos…

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María Luisa Mendoza

Tantos recuerdos de Gabo lo hacen más entrañable

Hubo un tiempo de espera, de aguardar con la paciencia necesaria la plática sabrosa, la mirada significativa, la jacaranda de la risa de Gabo García Márquez; se hacía la chorcha, todo cobraba vida y con la pureza de la amistad surgían hechos, anécdotas, profecías, advertencias y siempre la risa como un regalo inesperado y elaborado cada vez más hasta ser un documento verdaderamente encantador

Opinión 4 min de lectura

María Luisa Mendoza

Apenas una mirada sobre ti, García Márquez

Es muy fácil dar inicio a mi artículo final de la hermosa cabeza de Gabriel García Márquez, lo difícil es reducir aquel mundo apretado de maravillas, digo, porque no podría imaginar siquiera que García Márquez fuera a ser mi testigo de boda. Pues lo fue, en el huerto de la casa de campo de Héctor Azar, en Atlixco, Puebla. Todo era inolvidable. Las caras eran perceptibles como recién bañadas, operadas o algo así. No hay esnobismo. Parecía una película francesa, cuyo anfitrión enamorado de la nieta y ante su decisión de volver a París, después de una llamada íntima, sentada al volante de su auto, oye al anciano decirle: “¡No envejezcas nunca!”…

Opinión 2 min de lectura

María Luisa Mendoza

Gabriel García Márquez. Y ya

Cuando conocí a Gabriel García Márquez éramos muy jóvenes y yo creo que nos observábamos entre todos para adivinar qué éramos. Yo lo veía como un muchacho costeño con el cabello acairelado y unos ojos formidables, vigías, negros, brillantes, y tamaño bigote

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María Luisa Mendoza

Lo sé de memoria

He investigado la estupefacción sentida por mí y por otros muchos de mis iguales después del temblor. Un vacío interior que no ordena el movimiento, la risa, planear una acción diaria, sino solamente estar imitando a esos pobrecitos afuera de las iglesias con la mano extendida esperando una limosna. No piensan, no quieren, sin hambre, sin nada que te mueva la entraña, que te haga tronar el esqueleto

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María Luisa Mendoza

¡Qué gran pueblo!

La patria siempre tiene malas témporas, es una especie de matrimonio, no es siempre igual, sus etapas hermosas se vuelven perfectas al pensarlas, sobre todo en decretos de mal humor, de traiciones, aunque sean leves, de especie de aburrancia (ahí sí hay que ponerse buzos).

Opinión 4 min de lectura