María Luisa Mendoza
La muerte al tú por tú
¿Qué es la muerte? Los humanos, vivos, nos pasamos la vida preguntándonoslo y leyendo grandes tratados sobre el asunto, haciéndonos guajes como si nos fuéramos a dar cuenta del momento fatal
Opinión 6 min de lectura
Anécdotas
Como son tan pocos los hermosos lectores que se detienen en mis letras, ¡benditos sean!, se me antoja horrores llamarlos ¡muchachos!, tal cual cuando éramos chicos… Los que fuimos, todos tan jovencitos, vestidos de gente grande, con trajes, chalecos y a veces sombreros, igual a nuestros padres, sin salir a la calle de la pequeña ciudad del Bajío con la cabeza descubierta, ¡hágame el favor!, y mi papá, también en ocasiones vestido de charro, manejando su Fordcito con sombrero y todo…
Opinión 3 min de lectura
Nadie me lo iba a decir
¿Quién me iba a decir que escribir sobre los afectos, los amores, las obsesiones cariñosas me iba a costar tanto trabajo? No, es la falta de energías que siento al estar en cama tanto tiempo
Opinión 4 min de lectura
Los alfileres de José Luis Martínez
Quise mucho a José Luis Martínez, había en él un aire de gran señor que le correspondía
Opinión 4 min de lectura
Te veo desde mi librero
Me encanta la prensa de tul, como llamo a veces a la mal titulada “rosa” y tantísimo rozando la cursilería
Opinión 6 min de lectura
Tener entre manos lo que no se puede hacer
Quedamos pocos vivos, pero lo parecemos, aun con las huellas de los sufrimientos, por muy silenciados que los transportemos. Hago lo posible por parecer de hierro, pero sin presenciar la interrupción del aire con la queja dolorosa de Gloria Ávila Romero, mi primera hermana caída en la tortura del cáncer, yo no soy nadie para fingirme impávida
Opinión 3 min de lectura
¿Qué te iba a decir?...
Los periodistas nos enfermamos con la misma frecuencia que los bienaventurados, esos privilegiados de los sueldos sobrevolantes o las de la ropa interior de oro purísimo, llenos de choferes y mayordomos
Opinión 5 min de lectura
Me olvidé de olvidarte
Hay millones de personas sufrientes del temor de volverse locas, muy probablemente estimuladas por experiencias familiares o lecturas mal digeridas.
Opinión 4 min de lectura
Sagrados alimentos
Perdonarán ustedes que ahora les cuente algo de lo cocinado en mi tierra, Guanajuato, dada la calificación de menor en cuanto hablamos de las suntuosidades poblanas, oaxaqueñas, jaliscienses, yucatecas…
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El dolor humano
Este mundo turbulento que nos tocó vivir a todos aquellos conocedores de lo que fueron los cincuenta, digamos, todavía los setenta, cuando salíamos de la guardia del periódico a las doce de la noche y nos íbamos caminando a nuestras casas tan tranquilos…
Opinión 3 min de lectura
Tantos recuerdos de Gabo lo hacen más entrañable
Hubo un tiempo de espera, de aguardar con la paciencia necesaria la plática sabrosa, la mirada significativa, la jacaranda de la risa de Gabo García Márquez; se hacía la chorcha, todo cobraba vida y con la pureza de la amistad surgían hechos, anécdotas, profecías, advertencias y siempre la risa como un regalo inesperado y elaborado cada vez más hasta ser un documento verdaderamente encantador
Opinión 4 min de lectura
Apenas una mirada sobre ti, García Márquez
Es muy fácil dar inicio a mi artículo final de la hermosa cabeza de Gabriel García Márquez, lo difícil es reducir aquel mundo apretado de maravillas, digo, porque no podría imaginar siquiera que García Márquez fuera a ser mi testigo de boda. Pues lo fue, en el huerto de la casa de campo de Héctor Azar, en Atlixco, Puebla. Todo era inolvidable. Las caras eran perceptibles como recién bañadas, operadas o algo así. No hay esnobismo. Parecía una película francesa, cuyo anfitrión enamorado de la nieta y ante su decisión de volver a París, después de una llamada íntima, sentada al volante de su auto, oye al anciano decirle: “¡No envejezcas nunca!”…
Opinión 2 min de lectura
Gabo, que te quiero Gabo
Otra vez, cuando yo conocí a Gabo García Márquez tenía unas piernas bien calzadas y trepábamos las montañas como si fueran dibujos de niños.
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Gabriel García Márquez. Y ya
Cuando conocí a Gabriel García Márquez éramos muy jóvenes y yo creo que nos observábamos entre todos para adivinar qué éramos. Yo lo veía como un muchacho costeño con el cabello acairelado y unos ojos formidables, vigías, negros, brillantes, y tamaño bigote
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Trato de alegrar a quienes me enseñan el horror que vivimos
En esta respetable página de mi periódico hay comentarios elevados de mis compañeros que respeto enormemente y leo para aprender algo a estas alturas del partido, cuando tengo como cincuenta años de ganarme la hogaza encuerada de sapiencia.
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Arquitecto Manuel Parra. Más que un arquitecto fue una novela
Manuel Parra, hijo pródigo, atemporal en su arquitectura, atrapó lo que él más quería del mundo, para preservar aquello que amaba y admiraba, a manera de un mago o un chamán… Iba colocando las piezas como un gran rompecabezas en sus casas, en su imaginación y en su vida… último romántico.
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Avilés Fabila. Honorísimo
Aquí estamos todos sus amigos que lo amamos. Digo, es un decir, porque llenaríamos la Plaza de la Unión de Guanajuato, al pie de la Virgen de ídem, para decirle cuánto lo queremos y lo extrañamos.
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Revisitación en homenaje a Guadalupe Dueñas
En los primeros años del siglo pasado, en los alzamientos con sus revueltas independentistas y su deseo enloquecido (ya vemos los resultados) nació ahora sí que la preciosa niña Guadalupe Dueñas.
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Lo sé de memoria
He investigado la estupefacción sentida por mí y por otros muchos de mis iguales después del temblor. Un vacío interior que no ordena el movimiento, la risa, planear una acción diaria, sino solamente estar imitando a esos pobrecitos afuera de las iglesias con la mano extendida esperando una limosna. No piensan, no quieren, sin hambre, sin nada que te mueva la entraña, que te haga tronar el esqueleto
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¡Qué gran pueblo!
La patria siempre tiene malas témporas, es una especie de matrimonio, no es siempre igual, sus etapas hermosas se vuelven perfectas al pensarlas, sobre todo en decretos de mal humor, de traiciones, aunque sean leves, de especie de aburrancia (ahí sí hay que ponerse buzos).
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