María Luisa Mendoza
Para un 16 de septiembre, ¡Margarita Michelena!
Se trata de pensar en ella, lo hago seguido. Siempre viene a mí con trajes impolutos, floreados, como si trajera a la vida común las rosas innúmeras de su jardín de esquina. Si algo identifica a la gran poeta que fue Margarita Michelena, sin duda es su pulcritud multiplicada en flores fuera y dentro de su casa, donde estaban resguardados los seres a los que amó de aquí al cielo, sobre todo a Andrea
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Bajo la lluvia de septiembre: Césarman
El cuerpo del humano expresa lo que ocurre a su alrededor. Me pregunto por qué tengo tanto sueño durante el día, con sol o huracán es lo mismo. Pues simplemente porque adentro de mí pasan cosas graves desérticas, de mucha sed, de nostalgia por la escritura escapándose a pequeños trabajos para comer mis perros y yo…
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Mis recordancias
Las meditaciones en la soledad de la noche son muy fructíferas para la vida interior de la mañana siguiente; la claridad que habita la silenciosa vida del filósofo alumbra un tanto la triste confusión de los últimos años. Como si los hilos se embrujaran y la idea primordial tenida al principio de la tarde fuera desapareciendo al grado de la confusión. De pronto, me di cuenta que eso me ocurría en la preparación de mi trabajo periodístico, el cual me salva de la de veras muerte.
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Eclipse de mi corazón
No sé tú, diría la canción, pero sí se siente un aire distinto después de ocurrir algo tan excepcional como el eclipse de esta semana, el cual, si bien es cierto, careció de la espectacularidad de aquél que vimos en la última visita….
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Vivir es horrible, pero yo quiero vivir
Me siento a escribir arrastrando un extraño día, como si de mí dependiera la resolución justa y contemporánea del TLC y amaneciera mañana el mundo sin ese monstruo de Tasmania que camina como Godzilla, y habla como hiena con muy pocos vocablos, más bien mugidos repetidos.
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Xirau, sólo tú
Quiero escribir de lo hermoso y pienso en la suave lejanía de Ramón Xirau (Ramón con Ramón se paga). Siempre me gustó ir a su casa, porque nunca he visto una tan preciosa, con los cuadros vetustos de sus antiguos, las haciendas que mucho recordaría en su infinita buena educación y su suave silencio ya hecho aquí de aquí, con su mujer Icaza, tan distinguida y cercana, con el corazón roto desde que se le fue volando Joaquín, su hijo el poeta, tan ido y dolorosamente lejano… cada fin de año le llorábamos. Porque no fue justo, tan distinguido, íntimo, lleno de planes, y que de pronto ya no estuviera.
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Bonito tiempo, a pesar de todo
Mucho se me antoja escribir algo largo con los principios de los artículos semanales que me propongo echar a caminar y ordeño durante innúmeros minutos hasta que me doy cuenta de que han pasado los tiempos buenos, en general, y no me siento realmente a sacarlos adelante. Son muy buenos, tienen el cuidado de lo hecho a mano, suaves, brillantes, cálidos y casi podría mandarlos a un concurso si aún tuviera las enaguas para hacerlo
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Ayer y siempre, Nueva York y Julio Prieto
Sueño mucho con Nueva York. Ha de ser porque sé que no volveré nunca. Y en el sueño aparecen siempre los neoyorkinos tempraneros, apenas vestidos, llevando bajo el brazo un tambache de periódicos muy dobladitos a los que se les ve lo nuevo. Son hermosos, viejos o jóvenes, no miran a nadie, sólo hacia adelante hasta la puerta de su edificio de departamentos donde viven
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La bendición clemente de Dios y el padre Solalinde
La vida es tan complicada, variada y difícil que por eso tiene el espeluznante cobro del envejecimiento. Sí… todos los terrores nocturnos, el encaramiento de quien depende conceder un trabajo para ganarse la hogaza y el desvelo, la desazón que sigue, la falta de apetito o, por el contrario, las ganas locas de comerse de un jalón seis tacos de cochinita pibil
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De los recuerdos, la fatiga y los repetidos inventos
Cuando yo era una jovencita llena de movimientos centrífugos en las interioridades y quería todo lo que una post adolescente desea con toda el alma, ¿qué digo?... unos zapatos denominados tacón “puente”, con tamaña suelota, quizá tanto como las botitas vaqueras de niña y más tarde las zapatillas de muchas tiras estilo, digamos, romano con los respectivos tacones de pollo espinado…
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Mi amado león de circo
Si uno pudiera saber qué va a ser de su propia vida. No cabe duda que en esta tortura mayor que es sufrir las contingencias del viaje… qué digo, maltratarse con el polvo del camino, dejar crecer esas reatas para brincar la cuerda de las comisuras de los labios y que la angustia dibuja cada instante al ir caminando y se quedan allí en los cachetes como la muestra de que se sufre… no hay de otra.
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Yo quisiera… Sergito Pitol
Esta puerta abierta que es el periodismo, da uno el primer paso y se multiplican los espejosy parecería que se han roto los pedazos apenas ayer pegados y regresa la confusión, el no saber dónde está el comienzo por la simple razón de la manía de algunos de usar sin falta el corazón cuando la esencialidad de lo contado debede ser, como decían los estudiantes del 68: “Concretito”.
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¿Vivimos el fin de todo?
Como formo parte del desahogado contingente de humanos sin ser holgazanes, porque así nos educaron, también a no hacer ejercicio (¿cuándo iba yo a ver a mi mamá hacer gimnasia?) o a cerrar con llave los roperos, a no dejar encendidas las luces eléctricas, las estufas, las máquinas de escribir –hoy “ordenadores”—, así, al llegarnos a nuestras estancias actuales, las enfermedades, nos quedamos estupefactos porque no desaparecen a la menor provocación, como antes.
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Reencontrar los paraísos, al fin
Ella estaba de pie inclinada sobre mí cubriéndome con las cobijas para amainar el frío de la mañana. Era mi visita del día, una de mis visitas. Héctor Fink Mendoza, mi primo hermano, les dice “las visitas” a las presencias tan vivas de los muertos.
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Te recuerdo Goytisolo en Tepito
No se nos ocurrió a Carlos Fuentes y a mí proponerle a Juan Goytisolo enseñarle el mercado de Tepito en su mejor momento de glorioso ruido, la fiesta de los tornillos, los fierros para levantar autos, máquinas de coser o de escribir relumbrando al sol absoluto de la antigua Tenochtitlan.
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El pasado en medio del tifón
Las personas que vivimos de escribir sufrimos las perlas de la virgen, generalmente con una cierta frecuencia, sobre todo si nos ha dado al final de la vida por sentirnos mal el mero día de la escribidera. Es como los sueños.
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Leer a Manuel Echeverría: la felicidad devuelta.
Como he estado muy enferma de los ojos (y dirán ustedes que de todo… así es…), me he capturado caminando por mi casa con el libro que me muero de ganas de leer a la velocidad que es mi costumbre desde niña… Sobre todo cuando el libro es una novela (El amante judío) y escrita por Manuel Echeverría.
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Cuando llegaron a nuestra risa Les Luthiers
Estamos viviendo el peor tiempo que imagináramos posible en el mundo, él que nos toca vivir en las últimas y creo que no hay derecho, porque ya nos habíamos acostumbrado a la respetable medianía juarista. Sería tal vez porque la pandilla de muchachos frecuentados por nosotros y celosamente salvaguardada de intromisiones de cualquier especie, hasta asegurarnos que eran presencias suficientemente-inmaculadamente honradas, casi límpidas y quizá lo principal: cultas. No dejemos de lado el sentido del humor y ¡guay!, si se les pasaba la mano haciendo chistosadas…
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Del pasado: La Casa Boker y Felguérez
Todos tenemos obligaciones diarias para subsistir, pero a veces es tan fuerte la enfermedad, que solamente la cabeza en la almohada calma esa especie de llanto soterrado, el que hace agachar la testa para hacer la guerra o responder a los amores y es capaz de la devolución de las fuerzas para proseguir esto que se llama vida.
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Hay que señalar y combatir a las Jill Magid
Habiendo tantos hechos para discutirlos siquiera, no se pretende el debate ni mucho menos, así en la abundancia ir a dar con la tontería y el mal gusto, ése que raspa al ver comer mal a quien chancletea la comida sin siquiera cerrar la boca.
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