Bajo la lluvia de septiembre: Césarman

El cuerpo del humano expresa lo que ocurre a su alrededor. Me pregunto por qué tengo tanto sueño durante el día, con sol o huracán es lo mismo. Pues simplemente porque adentro de mí pasan cosas graves desérticas, de mucha sed, de nostalgia por la escritura escapándose a pequeños trabajos para comer mis perros y yo…
 

Porque en la media noche despierto y no está mi mamá ni mi prima Gloria Ávila con la que dormí la mitad de mi infancia, ni tampoco él, el de la canción “con él… con él”, sólo una bolita tibia que es mi perrita Petronia y por los pies —adoloridos, claro— el gran bodoque azucarado (cajeta de Celaya) mi hija-perra menor, la gran chow chow doña Petronia (entre nosotros es mi tía Clotilde, como una tía Vértiz, prima de mi mamá, que tuvimos de niños y llegaba en un Cadillac negro imponente a nuestra común y no corriente casa de Naranjo 106, en Santa María la Rivera).

Calma y nos amanecemos… De niña gritaba ¡tengo miedo!, y mi madre contestaba desde la recámara de junto: ¡Voltéate para el otro lado!... Lo sigo haciendo. Pero estando los tiempos actuales como ruedas de molino, solamente quien posea el dinero suficiente para no sufrir el terror del hambre futura o abandonar tu casa al fin como la ansiabas (hasta con escalera, hoy que la subes con una calma de mesero guanajuatense) (vuelvo de la consulta diaria con alguno de mis cinco médicos de planta y me siento en un gran sofá perfecto a tomarme mi copita y ver mis tres enormes árboles que yo planté,como en la canción, y que se menean tal hamacas sin decir ni pío. ¿Para qué quiero más? Leo mal, como mal, duermo mal también, camino peor… pero en el fondo, cuando hablo con Dios, sé que tengo más de lo merecido y que si bien es cierto que estos finales son bastante mediocres, porque tengo dolores, me faltan seres, gasto más de lo gananciado y el mañana no es ciertamente prometedor, de cualquier manera, tope donde ajuste, quiero a mis médicos, a sus miradas misericordiosas, de las cuales ellos mismos no se dan cuenta… tengo trabajo y en fin, creo que ya vi todo lo cual había que ver.

Estos son mis tiempos: Hay agujeros por todos lados… con el miedo que le tengo al camino, el que sea, de pronto se abre el boquete y good bye Bombay… en Norcorea ya está lista la bomba que va a acabar con lo poco restante del mundo, principalmente el país de nuestra pertenencia, mismamente al lado del cual quieren acabar esos señores tan horrorosos. Tan se está acabando el tiempo que en la Legislatura que agoniza detienen el reloj para hacerse las ilusiones que no transcurre… es como operarse los cachetes, el asunto dura lo que un bostezo del más holgazán querubín del Señor en el cielo, allá donde están contemplándolo mis perros, desde el primero que tuve, un salchicha llamado Flapper, porque en aquel tiempo se usaban mucho esas chicas flacas y curvilíneas como mi muchachita…

Pésima señal son los sueldos que percibimos todos los mexicas, ya merito nos alcanzan, pero nunca… no hay forma de dar con la cifra exacta, es como mandar pintar la casa…empiezo con la sala a la que nunca va nadie… sigo con el comedor, al cual ya no bajo por imposibilidad, continúo con la cocina, que estaba horripilante, y no termina el pintorcito y sigo siendo una desgracia de olores y rincones pegostiosos y cierto aroma de humano que quién sabe de dónde venga. Gracias a Dios, de la delegación tuvieron piedad de mí y me pintaron sin emolumentos la fachada como de cantina, pero mi domicilio sigue en mal estado, pues la parte de arriba con mi recámara de lectura y oraciones ya grita por una blanqueada… y el hall y el cuarto del capitán, porque la cama ahí que nadie usa, así se llamaba en el catálogo, y mi despachito donde escribo mis artículos, mis conferencias y a veces mis ensayos, también ya ruge de hambre por una encalada… Al hablar del cuartuchito “de la copa”… y eso que ya nadie de los míos fuma… en fin, esta lista de crueldades, pertenencias, urgencias y llenaderas de mi trabajo es apenas paste de la novela que estoy escribiendo.

 Aviso: ¿De veras se fue al espacio increado mi amado Fernando Césarman? ¿Por qué a mí nadie me dice nada, ni  siquiera ese cinturonazo de dolor?

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