Otros rescates prolongados en minas; historias de supervivencia extrema
El caso de Francisco Zapata Nájera en la mina Santa Fe revive precedentes como Chile 2010 y expone riesgos estructurales en rescates prolongados

El rescate de un minero en Sinaloa tras 14 días atrapado bajo tierra, volvió a colocar en el centro de la conversación un tipo de evento poco frecuente incluso en la industria minera: la supervivencia más allá de los primeros días en un entorno subterráneo hostil, donde el tiempo juega en contra y cada hora reduce las probabilidades de vida.
Francisco Zapata Nájera quedó atrapado el 25 de marzo en la mina de oro Santa Fe, en el municipio de El Rosario, luego de un derrumbe asociado al desbordamiento de una presa de jales.
La mezcla de lodo, agua y residuos mineros colapsó estructuras internas y bloqueó accesos, complicando de inmediato las labores de rescate.
Durante casi dos semanas, los equipos de emergencia trabajaron en condiciones inestables, con riesgo constante de nuevos derrumbes.
La prioridad fue estabilizar el terreno antes de avanzar en la localización, lo que ralentizó los tiempos frente a la presión por encontrarlo con vida.
Contra el pronóstico habitual —que reduce drásticamente las probabilidades después de 72 horas— Zapata Nájera fue localizado con signos vitales.
Su resistencia se explica, en parte, por la posible existencia de bolsas de aire y acceso limitado a agua, factores críticos en este tipo de eventos.
Su caso se suma a una lista corta de rescates donde la supervivencia supera los márgenes esperados, y reabre preguntas sobre protocolos de seguridad, tiempos de respuesta y condiciones estructurales en minas activas.
Chile, 2010: 33 mineros y 69 días bajo tierra
El caso más emblemático a nivel mundial ocurrió el 5 de agosto de 2010 en la mina San José, en el desierto de Atacama.

Un derrumbe dejó atrapados a 33 mineros a más de 600 metros de profundidad, en una zona sin salidas alternas funcionales.
Durante los primeros 17 días no hubo contacto con el exterior, lo que llevó incluso a considerar la posibilidad de que no hubiera sobrevivientes.
La incertidumbre terminó el 22 de agosto, cuando una perforación de exploración permitió recibir el mensaje escrito en un papel: “Estamos bien en el refugio los 33”.
A partir de ese momento, la operación se transformó en un esfuerzo internacional.
Se diseñaron sistemas para enviar alimentos, agua, medicamentos y comunicación a través de sondas estrechas, mientras se perforaban túneles de mayor diámetro para el rescate.
El operativo incluyó tres planes de perforación simultáneos (Plan A, B y C), una estrategia poco común que aumentó las probabilidades de éxito.
Finalmente, el Plan B logró abrir paso hasta el refugio.
El rescate concluyó el 13 de octubre de 2010, cuando los 33 mineros fueron extraídos uno a uno en la cápsula Fénix, en una operación que duró cerca de 22 horas y que se convirtió en referencia global en ingeniería, logística y manejo de crisis.
China, 2010: 115 sobrevivientes tras inundación
En marzo de 2010, la mina de carbón Wangjialing, en la provincia de Shanxi, sufrió una inundación repentina que atrapó a 153 trabajadores.

El agua ingresó de forma súbita a los túneles, reduciendo drásticamente las posibilidades de evacuación.
Durante los primeros días, las labores se enfocaron en bombear millones de litros de agua acumulada, una tarea crítica para poder acceder a las zonas donde se presumía que había sobrevivientes.
La magnitud del anegamiento convirtió el rescate en una carrera contra el tiempo.
Ocho días después del incidente, equipos de rescate lograron establecer contacto con un grupo de mineros que había encontrado refugio en áreas más elevadas del sistema subterráneo.
En total, 115 trabajadores fueron hallados con vida.
Muchos de ellos presentaban signos severos de deshidratación, hipotermia y debilidad extrema, tras sobrevivir con acceso mínimo a agua y sin alimentos suficientes.
Algunos habían recurrido a consumir agua contaminada para mantenerse con vida.
El caso evidenció tanto la vulnerabilidad de las minas ante filtraciones como la importancia de contar con rutas de evacuación y sistemas de monitoreo hidráulico más estrictos en explotaciones subterráneas.
Australia, 2006: rescate tras 14 días a gran profundidad
El 25 de abril de 2006, un sismo provocó un derrumbe en la mina de oro Beaconsfield, en Tasmania.

Tres trabajadores quedaron atrapados a casi un kilómetro de profundidad, en una de las zonas más complejas del yacimiento.
Uno de ellos murió en el colapso inicial, pero los otros dos lograron sobrevivir en un espacio reducido, parcialmente protegido por rocas que evitaron un aplastamiento total.
La ubicación exacta tardó varios días en confirmarse.
Las labores de rescate se desarrollaron con extrema cautela. Cualquier perforación agresiva podía provocar un nuevo colapso, por lo que se optó por un avance lento, con equipos de precisión y monitoreo constante de vibraciones.
Durante 14 días, los mineros permanecieron prácticamente inmóviles, con acceso limitado a alimentos y agua que se les hizo llegar mediante perforaciones estrechas.
El factor psicológico fue tan determinante como el físico.
Finalmente, un túnel de escape fue excavado manualmente en su tramo final, permitiendo su extracción segura.
El caso es considerado un ejemplo de rescate técnico de alta precisión en condiciones geológicas inestables.
Estados Unidos, 2002: 77 horas rodeados de agua
El 24 de julio de 2002, en la mina Quecreek, en Pensilvania, nueve mineros quedaron atrapados tras perforar accidentalmente una zona inundada de una mina abandonada cercana.

El agua irrumpió con fuerza en los túneles activos, obligando a los trabajadores a refugiarse en una cavidad elevada donde quedó atrapada una bolsa de aire.
La presión del agua alrededor hacía imposible una salida directa.
Durante 77 horas, los mineros permanecieron en la oscuridad, con temperaturas bajas y niveles de oxígeno limitados.
La incertidumbre sobre si el aire alcanzaría fue uno de los factores más críticos del evento.
En la superficie, los equipos de rescate enfrentaron el desafío de perforar con precisión para no colapsar la cavidad ni liberar más agua hacia el espacio donde se encontraban los trabajadores.
Finalmente, una perforación logró establecer contacto y se inició la extracción uno por uno.
El rescate fue seguido en tiempo real a nivel nacional y se convirtió en un referente de respuesta rápida ante inundaciones subterráneas.
México, 2006: Pasta de Conchos, sin sobrevivientes
El 19 de febrero de 2006, una explosión en la mina Pasta de Conchos, en Coahuila, dejó atrapados a 65 trabajadores en el interior del yacimiento de carbón.

A diferencia de otros casos, las condiciones posteriores al siniestro —altas concentraciones de gas, fuego y colapsos estructurales— impidieron el acceso seguro de los rescatistas en los primeros momentos, considerados clave para encontrar sobrevivientes.
Las labores se suspendieron semanas después sin lograr rescatar con vida a ningún minero.
Sólo dos cuerpos fueron recuperados en los días inmediatos al accidente.
El caso se convirtió en un símbolo de las deficiencias en seguridad minera en México, así como de la falta de protocolos efectivos para emergencias de gran escala en el sector.
A dos décadas del accidente, Pasta de Conchos sigue siendo un referente obligado en la discusión sobre regulación, responsabilidad empresarial y derechos laborales en la minería. Supervivencia más allá de las 72 horas
De acuerdo con especialistas en rescate y medicina de emergencias, las probabilidades de supervivencia en confinamiento subterráneo disminuyen de forma considerable después de las primeras 72 horas, principalmente por la falta de oxígeno, agua potable y condiciones térmicas adecuadas.
Por ello, cada caso que logra superar ese umbral no sólo es excepcional, sino que obliga a revisar lo que se sabe sobre resistencia humana y protocolos de respuesta.
El rescate en Sinaloa, por su duración, ya forma parte de esa lista limitada.
«pev»
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