Mina Santa Fe | Extraen agua para ingresar a zona cero y rescatar a trabajadores VIDEO
Extraen 9.5 litros por segundo, en paralelo, se desplegaron tres kilómetros de cableado eléctrico para garantizar la operación.

En la oscuridad húmeda de la mina Santa Fe, en el sur de Sinaloa, el tiempo no transcurre en horas sino en litros. Cada segundo cuenta como una cifra en el sistema de bombeo que, sin descanso, intenta domar el agua y el lodo que separan a tres mineros de la superficie desde el pasado 25 de marzo. Afuera, el operativo no se detiene; adentro, la incertidumbre marca el ritmo.
Las autoridades federales, encabezadas por la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, confirmaron este martes que las labores han entrado en una fase decisiva. La instalación de una segunda línea de conducción en la electrobomba principal ha permitido estabilizar y optimizar el sistema de achique, una pieza crítica en la estrategia de rescate.
Un caudal contra el silencio subterráneo
El dato técnico se vuelve relato humano: 9.5 litros por segundo. Esa es la capacidad actual de extracción, equivalente a 34,200 litros por hora. En términos operativos, significa mantener un flujo constante que permita, poco a poco, despejar el acceso hacia la denominada “zona cero”, donde se presume permanecen los trabajadores.
La intervención no ha sido menor. La adecuación del sistema incluyó un adaptador para doble descarga y la proyección de una tercera línea de expulsión. En paralelo, se desplegaron tres kilómetros de cableado eléctrico para garantizar la operación continua de las bombas sumergidas, un entramado invisible que sostiene la esperanza.
Sin embargo, la magnitud del desafío impone cautela.
“No podemos dar plazos”, reconoció Álvaro Vargas Miranda, representante de la empresa operadora. La razón es técnica: nadie conoce con precisión el volumen total de agua ni la cantidad de jales —residuos mineros— que aún bloquean el paso.
Comunicación sin energía
En el interior de la mina, donde la electricidad no siempre es fiable, dos genéfonos han sido instalados como un recurso esencial. Estos dispositivos, capaces de operar sin baterías, buscan garantizar comunicación constante entre los equipos que se adentran en condiciones extremas.
La escena es compleja. Brigadas limpiando jales en el tapón del crucero, perforaciones en roca para instalar anclajes y la construcción de un muro de concreto que refuerce la estructura. Cada intervención responde a un principio básico de la minería, avanzar sin comprometer la estabilidad del entorno.
El origen del desastre
El accidente ocurrió el 25 de marzo, cuando el colapso de una presa de jales inundó los túneles donde trabajaban 25 mineros. Según la Coordinación Nacional de Protección Civil, 21 lograron salir por sus propios medios. Cuatro quedaron atrapados. Uno de ellos fue rescatado con vida más de 100 horas después, en un episodio que devolvió momentáneamente la esperanza.
Ese sobreviviente, con casi dos décadas de experiencia bajo tierra, logró refugiarse en un contrapozo al detectar el avance del lodo. Su testimonio se ha convertido en referencia para dimensionar las condiciones que enfrentan quienes aún no han sido localizados.
El despliegue es amplio. Participan elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional, la Secretaría de Marina, la Comisión Federal de Electricidad, así como brigadas especializadas USAR y personal técnico de la empresa minera. La coordinación interinstitucional ha permitido sostener un flujo constante de trabajo, aunque no reduce la incertidumbre.
Mientras tanto, las familias esperan. Reciben informes periódicos, escuchan cifras, interpretan avances. Cada reunión con el Puesto de Mando Unificado es un intento por traducir la ingeniería en certezas humanas.
El operativo avanza, pero sin horizonte definido. En la mina Santa Fe, la ecuación sigue abierta: agua, tiempo y resistencia. Y en ese equilibrio frágil, tres vidas continúan dependiendo de cada litro que logra salir a la superficie.
ac