Sebastian Sawe rompe la barrera de las 2 horas en Londres y firma la carrera que cambia la historia del maratón
El keniano Sebastian Sawe logró lo que parecía reservado para los experimentos controlados. Ganó el Maratón de Londres con 1:59:30, nuevo récord mundial en competencia oficial

La ciudad amaneció con esa calma engañosa que antecede a los grandes acontecimientos. Londres se convirtió en un corredor extendido, un pulso colectivo que latía entre avenidas y puentes. Hoy no fue un domingo cualquiera. Fue el día en que el tiempo, esa frontera que parecía fija en la distancia, iba a ceder.
Durante años, la barrera de las dos horas en maratón fue una conversación recurrente, un territorio de hipótesis y experimentos. Eliud Kipchoge la había atravesado en Viena en 2019, pero aquel esfuerzo no contaba para los libros oficiales. Faltaba el escenario real, la competencia abierta, el desgaste sin guion. Faltaba alguien que lo hiciera cuando todo contara.
Ese alguien fue Sebastian Sawe.
La carrera no comenzó con estridencia. Los primeros kilómetros se movieron bajo el plan controlado. El grupo principal avanzó compacto, casi disciplinado, como si todos entendieran que estaban escribiendo algo más grande que una simple victoria. El paso por la mitad marcó 60:29. Era rápido, pero no definitivo. Todavía no.
Seis hombres seguían en la pelea. Entre ellos, Yomif Kejelcha y Jacob Kiplimo. El ritmo sostenido empezaba a desgastar, pero nadie cedía. La carrera se comprimía en una tensión silenciosa.
Todo cambió cerca del kilómetro 27.
Sawe no lanzó un ataque violento. No hubo dramatismo visible. Simplemente aceleró, como si hubiera guardado una marcha distinta para ese momento exacto. Kejelcha reaccionó, se pegó a su sombra, pero el resto comenzó a diluirse. La historia quedó reducida a dos nombres.
Entonces llegó el tramo decisivo. Entre los kilómetros 30 y 35, Sawe corrió en 13:54. No bajó. Siguió. Después, 13:42. Ahí dejó de ser una carrera para convertirse en una declaración. El reloj, que hasta entonces parecía un aliado distante, empezó a inclinarse a su favor.
El cálculo cambió. Ya no se trataba de ganar. Se trataba de algo más profundo. Romper la barrera.
En los últimos kilómetros, Sawe corrió contra el tiempo, contra la idea misma de límite. No miró atrás. No negoció con el cansancio. La meta dejó de ser un punto físico y se volvió una línea histórica.
1:59:30. Es el tiempo que el mundo recordará. El tiempo por debajo de las dos horas en una maratón oficial.

El cronómetro se detuvo, pero la dimensión del momento apenas comenzaba. Por primera vez, un ser humano había corrido un maratón en menos de dos horas dentro de una competencia oficial. Sin ayudas externas, sin condiciones diseñadas. Sólo piernas, estrategia y una voluntad que no se quebró.
Detrás, Kejelcha cruzó en 1:59:41. También por debajo de la barrera. Kiplimo llegó en 2:00:28. El podio completo quedó inscrito en un territorio que hasta hace poco parecía inaccesible. Cinco corredores bajaron de 2:03. La élite rebasó lo impensado.
El récord anterior, 2:00:35, pertenecía a Kelvin Kiptum desde Chicago 2023. Hoy quedó atrás por más de un minuto. No fue una mejora marginal. Fue un salto.
Tigst Assefa también marca su historia
En la rama femenina, la jornada no perdió intensidad. Tigst Assefa volvió a reescribir su propia marca con 2:15:41, confirmando que Londres se ha convertido en un territorio fértil para los récords. Por tercera vez en tres años, el circuito fue testigo de una marca histórica en mujeres.
¿Quién es Sebastian Sawe?
Sebastian Sawe nació el 16 de marzo de 1995 en Kenia, una tierra donde correr es parte de la identidad. Su camino no fue inmediato hacia el maratón. Se construyó desde la resistencia, desde la disciplina de las largas distancias.
Antes de este día, ya había dejado señales claras. Ganó el Campeonato Mundial de Ruta en medio maratón en 2023. En 2025 conquistó Berlín y Londres, dos escenarios que no perdonan improvisaciones. Llegó a 2026 con una reputación sólida, acostumbrado a registros por debajo de 2:03.
Sawe ha sido una voz activa en favor del deporte limpio, solicitando controles estrictos y defendiendo la credibilidad del atletismo en una época donde cada récord es observado con lupa.
No suele romper carreras desde el inicio. Prefiere construirlas. Leerlas. Ejecutarlas en el momento exacto. En Londres, ese sello fue evidente. No necesitó liderar desde el kilómetro uno. Esperó. Midió. Atacó cuando el margen era mínimo y el riesgo máximo.
Hoy su nombre dejó de ser una promesa consolidada para convertirse en referencia histórica.
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