Destrozó el Tour de Francia y ahora busca conquistar el infierno: El asalto de Tadej Pogacar a la París-Roubaix
La clásica más extrema del ciclismo regresa con 258.3 km de adoquines y el reto pendiente de Pogacar ante Van der Poel

Hay competencias deportivas que se disputan en estadios de cristal y césped perfecto, y luego está la París-Roubaix. Si el Tour de Francia es la elegancia de la resistencia, la París-Roubaix es una pelea de taberna que dura seis horas. No es sólo la carrera más difícil del ciclismo; es, para muchos, la prueba de voluntad humana más extrema que existe en el deporte moderno.
Este domingo 12 de abril de 2026, la edición 123.ª de la carrera masculina no es una edición cualquiera. El guion es perfecto con Tadej Pogacar, el mejor ciclista del planeta, el hombre que ha convertido lo imposible en rutina, llega al norte de Francia para intentar conquistar el único Monumento que parece diseñado para destruir a corredores de su tipo. Frente a él, el especialista absoluto, Mathieu van der Poel, en un duelo que promete marcar una época.
¿Por qué el "Infierno del Norte" es la carrera más difícil del mundo?
La París-Roubaix no se gana únicamente con piernas; se gana sobreviviendo. A diferencia de las subidas épicas de los Alpes o los Pirineos, donde el asfalto es liso y el ritmo es constante, en Roubaix el terreno es el enemigo principal. El recorrido de 258.3 kilómetros desde Compiègne incluye 30 sectores de adoquín o pavés, sumando casi 55 kilómetros sobre esta superficie que no han sido tocados desde la época de Napoleón.
Estos no son los adoquines decorativos de una plaza europea. Son piedras irregulares, afiladas, hundidas por el paso de tractores y cubiertas de una mezcla de polvo, estiércol y, si la suerte de los aficionados lo permite, barro deslizante. Correr aquí es como sostener un martillo neumático durante cinco horas. Las vibraciones son tan violentas que los ciclistas terminan con las manos ensangrentadas, ampollas profundas y una fatiga mecánica que destroza las bicicletas más avanzadas del mundo.
El misticismo de la carrera se sella en el velódromo de Roubaix. Allí, los sobrevivientes llegan cubiertos de una máscara de lodo negro, pareciendo espectros que emergen de una mina de carbón. El premio no es una medalla de oro ni un trofeo de cristal sino un adoquín original arrancado del camino. Un trofeo rudo para una carrera salvaje.Tadej Pogacar contra la historia y el acero de Van der Poel
La gran incógnita de este 2026 es si el caníbal esloveno puede domar el pavés. Pogacar ya tiene en su palmarés el Tour de Francia, el Giro de Italia y el Mundial, pero Roubaix requiere una fisionomía distinta. Aquí, el peso y la potencia bruta suelen favorecer a corredores más corpulentos como Mathieu van der Poel.
Las claves para el éxito de Pogacar
Potencia relativa: Aunque es más ligero que sus rivales, Pogacar ha demostrado en el Tour de Flandes que puede mover vatios comparables a los de un clasicómano puro. Su capacidad para acelerar en tramos de alta dificultad es única.
El esloveno es un estudioso. Tras su caída el año pasado, ha refinado su técnica de manejo sobre el terreno irregulars. Esta vez, llega con un equipo UAE Emirates blindado, con nombres como Nils Politt y Florian Vermeersch, diseñados para protegerlo hasta los sectores críticos.
En Roubaix, la suerte juega un papel del 30 por ciento. Un pinchazo en la Trouée d’Arenberg (el tramo de cinco estrellas en el km 163) puede arruinar meses de preparación. Si Pogacar evita los problemas mecánicos, su frescura física al final de la carrera podría ser letal.
Los puntos críticos: Donde se rompe la carrera
El recorrido de 2026 recupera sectores emblemáticos que decidirán el destino de los favoritos. Tras los primeros 100 kilómetros de asfalto, el "infierno" comienza en Troisvilles. Sin embargo, la verdadera selección natural ocurrirá en tres puntos clave:
Trouée d’Arenberg (Km 163): Un túnel de árboles y adoquines tan brutales que la organización suele colocar vallas para que los ciclistas no rueden por la tierra lateral. Es el punto de no retorno.
Mons-en-Pévèle (Km 209): Tres kilómetros de sufrimiento puro donde las fuerzas suelen abandonar a los valientes.
Carrefour de l’Arbre (Km 241): El último tramo de cinco estrellas. Aquí es donde se lanzan los ataques definitivos antes de la entrada triunfal al velódromo.
Si Pogacar logra levantar el adoquín este domingo, se colocaría en una dimensión estadística que sólo leyendas como Eddy Merckx han habitado. Ganar Roubaix siendo un escalador y vueltómano es una anomalía histórica. Sin embargo, Mathieu van der Poel no cederá su corona fácilmente. El neerlandés posee una técnica de ciclocross que le permite "flotar" sobre las piedras, algo que a Pogacar aún le cuesta igualar.
El domingo 12 de abril no será sólo una carrera de bicicletas. Será una oda al sufrimiento, un choque de trenes entre el talento multidisciplinario de Eslovenia y la potencia hercúlea de los Países Bajos. El Infierno del Norte espera.
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