¿TACO?

Los escenarios se han complicado al pasar las semanas. Todo indicaba que Irán no resistiría tanto. Sería una operación militar en conjunto que no daría problemas. Israel presentó sus escenarios y opciones favorables al atacar a Irán: un cambio de régimen, destruir las capacidades de enriquecimiento de uranio para no poder producir una bomba nuclear, eliminar las capacidades aéreas o de defensa, etcétera. Se veía fácil en el papel. Irán no sería un rival que aguantaría mucho, pero que sí podría responder, aunque fuera un poco. Sea como sea, se le subestimó de una gran manera.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, accedió a lo que pidió su mayor socio estratégico en la esfera militar. Sin embargo, muchos dentro de la Casa Blanca y del círculo más cercano a Trump no veían con buenos ojos realizar una operación militar contra Irán. Las consecuencias se conocían hasta cierto punto, pero nadie quería alertar o contradecir a uno de los mandatarios más soberbios que ha tenido el país vecino en su historia moderna. 

Millones de dólares en activos militares se dirigieron a la zona del Golfo. Las negociaciones en Ginebra y Mascate no funcionaron. 

Estados Unidos e Israel decidieron atacar a Irán un 28 de febrero. Ahora son casi seis semanas de un conflicto que ha dado un giro inesperado: una negociación en la cual el país más poderoso del mundo tuvo que aceptar un supuesto plan de diez puntos para que se pudiera acceder a un cese al fuego que tiene una duración de dos semanas.

Las amenazas de eliminar a una civilización y acabar con la estructura civil iraní se convirtieron en tensas negociaciones que duraron 11 horas con una mediación por parte de Pakistán. El resultado fue un cese al fuego que derivó en burlas y críticas hacia Trump.

Aunque estemos hablando de diversos conceptos para negociar, quién diría que el principal factor en presionar a Estados Unidos fuera el mismísimo estrecho de Ormuz. 

Irán no necesitó tener su propia bomba nuclear ni crear más caos del que ya había creado en la zona del Golfo. Su principal arma o moneda de cambio es un brazo de mar que funge como una vía marítima para el mercado del petróleo mundial. El paso más importante del estrecho queda en las aguas de Irán. 

El régimen de Teherán aprovechó con sabiduría lo que significaba el estrecho de Ormuz como posición estratégica: cerrar el estrecho y sólo dejar pasar a quien le diera la gana.

Los precios del petróleo subieron mientras se intensificaban los ataques, las declaraciones de Trump y las tensiones cerca del estrecho.

 Irán ha sabido resistir casi por seis semanas. Se ha visto debilitado y su población está sufriendo los estragos de cientos de ataques, pero sigue en pie. Su régimen pasó de un Jamenei a otro Jamenei, dando lugar a un poder que recae en su mayoría con la Guardia Revolucionaria de Irán desde hace algunas semanas. Todo se ha radicalizado aún más. El régimen sigue vivo. Ha sabido esperar. No se ha presionado. Las amenazas estadunidenses pudieron funcionar para llegar a una negociación, pero al final, la resolución de un alto al fuego fue bajo las condiciones de Teherán. Es llamativo y hasta refleja un the art of the deal a la inversa.

Ante esto, Trump ha perdido credibilidad y queda como un mandatario que se acobarda en las decisiones importantes. Fue humillado por un régimen que estaba supuestamente derrotado desde hace días atrás.

Ahora, Irán se vuelve más fuerte y la estabilidad en Oriente Medio está peor que hace seis semanas atrás.

¿TACO?