¿El arroz se debe lavar? La verdadera razón detrás de esta técnica en la cocina

¿Lavar el arroz quita nutrientes o mejora la textura? Descubre qué dice la ciencia y los chefs sobre lavar el arroz antes de cocinarlo.

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¿El arroz se debe lavar? Te contamos la verdadera razón detrás de esta técnica en la cocina, una herencia de nuestras abuelas que no ha pasado de moda desde hace años. 

Para algunos, meter el arroz bajo el chorro de agua hasta que esta salga cristalina es un ritual sagrado. Para otros, especialmente en la cocina occidental de corte técnico, lavar el arroz es un sacrilegio que despoja al grano de su alma, de sus nutrientes y de ese almidón que le da cuerpo a ciertos platillos icónicos.

Lo cierto es que esta pregunta no tiene una respuesta única de "sí" o "no", sino un "depende" gigante que está condicionado por la geografía, la química y, por supuesto, la receta de arroz que tengas entre manos. 

El arroz es el alimento básico de más de la mitad de la población mundial, de acuerdo con el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, y cada cultura ha desarrollado una relación distinta con su limpieza. Prepárate porque lavar el arroz tiene sus pros y contras, ¡conoce todo como un experto!

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¿Por qué lavar el arroz?

Cuando nos preguntamos si el arroz se debe lavar, la primera razón que salta a la vista es la textura. El arroz está recubierto de almidón libre (principalmente amilopectina) que se desprende durante el transporte y el empaquetado. 

Si cocinas el arroz con todo ese polvo superficial, el resultado suele ser una masa pegajosa, ya que ese almidón actúa como un pegamento natural al hidratarse con el calor. Por eso es que el lavado elimina el exceso de almidón superficial. 

Esto es vital para el arroz al vapor de estilo japonés o el arroz jazmín, donde se busca que el grano esté cocido pero mantenga su individualidad. Al lavar el arroz tres o cuatro veces, estamos permitiendo que el agua penetre en el grano de manera uniforme sin que la superficie se vuelva una pasta.

Lavar el arroz vigorosamente y, mejor aún, dejarlo en remojo, puede reducir los niveles de arsénico (aunque no demasiado, según la FDA) y ayuda a eliminar restos de microplásticos que a veces se encuentran en los empaques comerciales. 

Aunque el procesamiento moderno es muy limpio, el lavado también elimina posibles restos de cáscaras, pequeñas piedras o insectos que podrían haber sobrevivido al proceso de limpieza industrial. 

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¿Por qué no lavar el arroz?

Si bien lavar el arroz es higiénico, hay contextos donde hacerlo arruinaría por completo el plato. El almidón no siempre es el villano de la película; en muchas ocasiones, es el ingrediente secreto que aporta la textura deseada.

Por ejemplo, si estás preparando un risotto, el objetivo es que el arroz suelte su almidón lentamente mientras lo remueves con el caldo. Ese almidón es el que crea la emulsión cremosa característica del plato sin necesidad de añadir exceso de crema o mantequilla. 

Si lavas un arroz tipo Arborio o Carnaroli, estarás eliminando el componente que permite que el plato se "ligue". Lo mismo sucede con la paella, que debe absorber el sabor del sofrito y el caldo, manteniendo una estructura firme. 

Lavarlo podría debilitar el grano y evitar que el famoso "socarrat" (la costra crujiente del fondo) se forme correctamente. En el caso del arroz con leche, ese almidón sobrante ayuda a espesar la leche de forma natural, dándole esa consistencia de postre reconfortante.

En muchos países, el arroz se comercializa "fortificado" con hierro, niacina y ácido fólico. Estos nutrientes suelen añadirse como una capa externa que, si lavas el arroz, estarás tirando por el drenaje gran parte del valor nutricional agregado

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¿Cómo se debe lavar el arroz?

  1. Arroz de grano largo (Basmati, Jazmín): pon el arroz en un bol, cúbrelo con agua fría y remuévelo suavemente con la mano. Verás que el agua se vuelve blanca/lechosa. Escurre y repite hasta que el agua salga casi transparente. 
  2. Arroz de grano corto (sushi): los maestros del sushi lavan el arroz frotándolo suavemente entre sí para pulir el grano. Esto permite que el vinagre de arroz se absorba mejor después de la cocción.
  3. Arroz integral: al conservar el salvado (la capa externa), el arroz integral tiene mucho menos almidón superficial. Sin embargo, se recomienda lavarlo para eliminar cualquier residuo de polvo y dejarlo en remojo un par de horas para ablandar la fibra y reducir el tiempo de cocción.

Entonces, ¿se debe lavar el arroz?

La respuesta es: depende para qué lo cocines y tus gustos personales. Sí para la limpieza y la soltura, no para la cremosidad. Si buscas un arroz blanco perfecto para acompañar un guiso, lávalo sin miedo.

Pero si te sientes con ganas de un festín italiano o un postre tradicional, deja que el almidón haga su magia.

Al final del día, ya sea lavado o sin lavar, el arroz seguirá siendo ese lienzo en blanco que nos permite pintar los sabores de nuestra cultura.