“Sálvate y salva a nuestro hijo”, víctima de tragedia en km 230 de Acultzingo-Ciudad Mendoza

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Manuel, Janet y su hijo pudieron narrar el infierno que dejó el deslave de cientos de toneladas en el kilómetro 230.

VERACRUZ, Ver.– Eran las 7:30 de la noche; Manuel Sánchez conducía el vehículo mientras hablaba con su esposa, quien iba en el asiento del copiloto.

Estaban pasando justo en el kilómetro 230 de la autopista Acultzingo-Ciudad Mendoza, cuando observó cómo la carretera se reducía, en cuestión de segundos, vio que la pipa que iba unos metros delante de él se volcaba, como si fuera de juguete. Entonces todo se volvió caos.

A nuestro carro le empiezan a caer piedras, ramas y escuchó un crujido del carro como si se empezara a compactar como si fuera una hoja de papel en segundos el carro se empezó a hacer cada vez más delgado empezó a tronar la lámina del carro”, expresó Manuel Sánchez.

Samuel, de 6 años, su pequeño hijo, venía dormido en el asiento trasero, el grito de su esposa, Janet, lo hizo salir de su estupor y de inmediato frenó el auto, se volteó y jaló al niño de la playera, a la altura del pecho, abrió la puerta y se aventó a la oscuridad, al barranco.

Pero cuando Samuel despertó, pensó que se encontraban en una de las atracciones del parque al que se encontraban viajando, un laberinto.

El carro negro desapareció y se rompió todo el carro y estaba el agua y piedras, entonces tenemos problemas y hay un laberinto en mi carro”, recuerda el pequeño.

Janet, la madre, alcanzó a abrir la puerta y salir del auto, sin embargo cuando quiso correr hacia su esposo y su hijo, no pudo.

Mi esposa se da la vuelta y nos quiere alcanzar en ese hueco el cerro se empieza a mover y su pierna queda atorada entre las rocas, me grita Manuel estoy atorada prácticamente sálvate y salva a nuestro hijo”, dijo Manuel con la voz entrecortada.

Janet le toma la mano. Ella dijo, que sabía no podría salir de ahí y que su esposo e hijo la verían morir.

Yo escuchaba atrás el cerro venir y le dije corre y pues la tierra empezó a moverse otra vez y con el mismo movimiento pude volver a sacar el pie, dejé el zapato el tenis lo dejé ahí y seguimos corriendo”, dijo.

El carro se quedó encendido bajo toneladas de tierra y piedras. Janet recuerda que en algún momento en el caos, escuchaba el clic de las intermitentes de su carro sobre su cabeza, cuando volteó tenía el faro prácticamente encima de ella.

Con ellos, había otros automovilistas que apenas tuvieron tiempo de salir de sus vehículos en una odisea ocurrida en el kilómetro 230, donde a semanas del derrumbe aún no está abierto y autoridades no dan respuesta de desaparecidos.

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