Un derrame de petróleo vino a afectar toda o casi toda la costa del golfo de México. Los primeros manchones del negro mineral se advirtieron desde febrero. En marzo, los funcionarios del sector energético dieron las más peregrinas explicaciones, algunas de las cuales se convirtieron en verdad oficial al abordarse en la conferencia mañanera de la Presidencia.
Lo cierto, sin embargo, es que a mediados de abril los ciudadanos todavía no sabemos cuál fue el origen del inmenso derrame. Los funcionarios y técnicos de Pemex tal vez lo sepan, pero por alguna razón o sinrazón no lo dicen, porque el derrame se produce en un momento delicado, cuando el huachicol parece imparable, los desastres son frecuentes en la refinería en Dos Bocas, la corrupción sindical despliega toda su fuerza para bloquear las investigaciones y la caída de la producción nacional debe ser motivo de preocupación.
Para alimentar la decepción de los mexicanos, el desastre aparece en un momento que podría ser promisorio, pues el cierre del estrecho de Ormuz ha disparado los precios del combustible, lo que podría constituir una bendición económica si Pemex se manejara con eficiencia. Pero ya se sabe: cuando hay para carne es vigilia.
Alrededor del derrame se han externado varias hipótesis: una es que la culpa es de un buque huachicolero, otra es que todo se originó en una fuga en Dos Bocas, una más atribuye la regazón de chapopote a uno o más pozos submarinos y, en el colmo, la inepta gobernadora de Veracruz declara que sólo son “unas gotitas”.
El hecho es que, hasta ahora, no se cuenta con una versión creíble y bien fundada. Tanta incertidumbre hace necesaria la comparecencia de los funcionarios responsables ante los diputados, sea para aplaudirles o para repudiarlos, pero en Morena hay una fuerte resistencia a reconocer las ineptitudes que tienen colonizado el sector público.
Ricardo Monreal, líder de la mayoría en la Cámara de Diputados, es un político con experiencia, sensibilidad y un largo colmillo. Seguramente espera que se ofrezca alguna tesis más o menos creíble sobre el reguero del líquido mineral para que los funcionarios involucrados tengan defensa. Pero debe esperar la información del poder que puede.
Desde las bancadas de la oposición se levantan voces que exigen una aclaración, si no plausible, al menos verosímil, pero el oficialismo se resiste porque de las alturas todavía no fluye hacia la Cámara de Diputados una versión que aporte elementos para el debate. Frente a los defensores del silencio, Kenia López Rabadán, presidenta de la Mesa Directiva de San Lázaro, en un tono respetuoso, pero firme, pide que se logre un acuerdo legislativo que permita citar a la secretaria del Medio Ambiente, Alicia Bárcena, y a Víctor Rodríguez, director de Pemex.
Ambos funcionarios deben explicar las causas de los muchos incidentes, las explosiones, los derrames e incendios que parecen inducidos por fuerzas enemigas, como las que quieren abrirle paso a la inversión extranjera para que se apodere de lo que hasta hoy, con todos sus problemas, es patrimonio de México. “No son hechos aislados —agrega López Rabadán—. Configuran un patrón que exige una respuesta institucional inmediata”.
La diputada panista hizo referencia a las pérdidas humanas y a los derrames que han afectado especies marinas, el equilibrio ambiental, la pesca y el sector turístico en la costa del golfo de México. Para ella, “cada uno de estos hechos refleja una misma preocupación de fondo: fallas en la operación, insuficiencia en los protocolos y falta de previsión”.
Agregó que “cuando una infraestructura estratégica acumula incidentes de esta naturaleza, lo que está en juego no es sólo su funcionamiento, es la capacidad del Estado para garantizar seguridad, eficiencia y responsabilidad en la gestión pública”.
La economía nacional no está en una situación que le permita pasar por alto todo lo que ocurre. Los daños son para todos los mexicanos, con independencia de sus preferencias electorales y hasta de su situación económica, pues los daños que afectan a la República siempre acabamos por pagarlos todos los mexicanos.
Sea cual sea la verdad, los ciudadanos merecemos conocerla. Ojalá las autoridades sean capaces de compartirla.
