ICE irrumpe en la semana del Super Bowl LX y reaviva temores rumbo a la Copa del Mundo 2026
El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos realizará operativos durante el Super Bowl LX en Santa Clara

El Super Bowl LX todavía no arranca y ya genera algo más que expectativa deportiva. A una semana del partido, la confirmación de operativos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas durante la celebración deportiva más vista de Estados Unidos ha encendido alertas dentro y fuera del país, justo cuando el gobierno intenta contener una ola de críticas por su política migratoria.
La National Football League se prepara para convertir el área de la Bahía en una celebración de varios días. Miles de eventos paralelos, patrocinadores globales, turistas de todo el mundo y una exposición mediática que no admite errores. En ese escenario, ICE ha dejado claro que estará presente y que no modificará su estrategia, pese al creciente rechazo público que se arrastra desde los hechos ocurridos en Minneapolis que terminó con la vida de Alex Pretti.
Un Super Bowl bajo vigilancia federal
El Departamento de Seguridad Nacional sostiene que la presencia de ICE forma parte del esquema habitual de seguridad en eventos masivos. Las funciones anunciadas incluyen verificación de identidad para credenciales, combate a la venta de mercancía falsificada, vigilancia en festivales oficiales y apoyo táctico el día del partido en el Levi’s Stadium.
La misión permanece inalterada”, dijo la subsecretaria del DHS, Tricia McLaughlin, al señalar que no se divulgarán detalles operativos ni de personal. Según el gobierno, se trata de una respuesta de todo el aparato federal, similar a la que se implementa en otros eventos de alto perfil, incluida la Copa del Mundo.
La confirmación de los operativos llega tras semanas de tensión nacional. En Minneapolis, dos ciudadanos estadunidenses murieron a tiros durante acciones federales vinculadas a control migratorio. Los hechos, captados en video desde distintos ángulos, contradijeron la versión inicial de las autoridades y detonaron protestas, presión mediática y un cambio abrupto en el tono del debate.
Con la opinión pública volviéndose en contra de la estrategia de deportaciones, el presidente Donald Trump se vio obligado a intervenir directamente. Colocó al zar fronterizo Tom Homan al frente de los 3,000 agentes enviados a la ciudad, ordenó el regreso a California del comandante de Aduanas y Protección Fronteriza Greg Bovino y sostuvo reuniones de emergencia con la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem.
Un antecedente distinto en Santa Clara
Ese contexto convierte al Super Bowl LX en algo más que un acontecimiento deportivo. Es una vitrina política.
ICE ya operó durante el último Super Bowl celebrado en Santa Clara. Entonces, su presencia pasó casi desapercibida. La prioridad fue retirar vendedores sin licencia y desarticular redes de mercancía falsificada vinculada al evento.
En ediciones anteriores, como el Super Bowl LI, Investigaciones de Seguridad Nacional participó en redadas contra grupos dedicados a la piratería, argumentando que muchas de estas organizaciones están ligadas a delitos mayores, desde trabajo forzado hasta tráfico de drogas. La agencia ha documentado esas acciones como parte de su misión de seguridad interna.
San Francisco bajo la lupa
La presencia de ICE adquirió un matiz distinto cuando trascendió que el despliegue coincidía con un Super Bowl cuyo espectáculo de medio tiempo estaría encabezado por Bad Bunny, artista que ha expresado abiertamente su rechazo a la agencia. Aunque ICE no ha vinculado sus operaciones con el show, la percepción pública ya está instalada.
Cualquier confrontación, protesta o incidente relacionado con ICE durante la semana del Super Bowl no quedará en el ámbito local. Será observado a escala global y alimentará el movimiento que impulsa el boicot al Mundial, una campaña que ha ganado fuerza a medida que se acumulan episodios polémicos. l
Para el gobierno estadunidense, el Super Bowl LX es una oportunidad de mostrar control y capacidad operativa. Para los críticos, es una señal de advertencia sobre lo que podrían enfrentar aficionados internacionales en torneos futuros.
El partido durará unas horas. Lo que ocurra alrededor puede tener efectos mucho más largos.
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