El cubano  de Padres que dominó a Estados Unidos: Adrián Morejón cierra un círculo perfecto en la México Series

En 2014, un adolescente cubano silenció en Mazatlán a la potente ofensiva de Estados Unidos en un Mundial de beisbol; hoy, regresa a nuestro país convertido en figura

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Adrian Morejon se ha convertido en uno de los brazos más seguros del bullpen de Padres.IMAGN IMAGES via Reuters Connect

Hay estadios que no son sólo cemento y pasto, sino portales de tiempo. Para Adrián Morejón, el estadio Teodoro Mariscal de Mazatlán es ese lugar en la memoria donde el futuro dejó de ser una promesa para convertirse en una certeza de 11 millones de dólares. Fue el 11 de agosto de 2014. El aire del Pacífico mexicano pesaba, cargado de humedad y de la tensión propia de una final de Copa Mundial Sub-15. Cuba contra Estados Unidos. El choque de dos mundos que, en el beisbol, siempre se siente como una guerra civil sobre el diamante.

Aquella tarde, un niño de 15 años nacido en Melena del Sur, provincia de Mayabeque, se subió a la loma con una misión que trascendía la medalla. Morejón no sólo lanzaba pelotas; lanzaba su pasaporte al profesionalismo. Frente a él, una alineación estadunidense que intimidaba, liderada por figuras que hoy son rostros habituales en Las Mayores. En el otro dugout, un joven Hunter Greene, hoy as de los Reds de Cincinnati,  observaba cómo ese zurdo cubano comenzaba a tejer una obra maestra.

Fueron nueve entradas de un dominio absoluto. 124 pitcheos que quedaron grabados en las libretas de decenas de scouts que se agolpaban tras la malla, ajustando sus radares. 12 ponches. Una victoria de 6-3 que le dio a Cuba el cetro mundial y a Morejón el trofeo de MVP. Pero más allá del metal dorado, lo que Adrián se llevó de Mazatlán fue la mirada de los Padres de San Diego, quienes decidieron que ese brazo valía el bono internacional más alto en la historia de la franquicia.

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Morejón fue designado como el MVP del Mundial Sub-15 2015 en Mazatlán.Redes sociales

El retorno a México como profesional

Hoy, 12 años después de aquel hito, el destino cierra el círculo. Morejón ya no es el niño de 17 años que firmó por 11 millones en 2016 bajo la mirada incrédula de quienes dudaban de su durabilidad. Es uno de los hombres de confianza del manager Craig Stammen, el relevista zurdo que se ha ganado el respeto de la Liga Nacional por su capacidad para apagar incendios en momentos de alta presión.

A pesar de que el jueves pasado en el Coors Field de Colorado recibió su primer cuadrangular de la temporada, un recordatorio de que el beisbol es de humanos, Morejón llega a la México City Series para la serie frente a los Diamondbacks con una madurez blindada. El estadio Alfredo Harp Helú, una joya arquitectónica que respira la misma pasión que aquel viejo Teodoro Mariscal, es el escenario de su reencuentro con la tierra que lo proyectó al estrellato.

Aquí me siento como en casa. Ver a tantos niños me conecta mucho con mis raíces, es como volver a Cuba por un momento. Ya había estado aquí en 2014 representando a mi país y regresar ahora me pone muy contento. en México donde básicamente me di a conocer a todos los scouts", contó Morejón a Excélsior después de concluir una clínica que impartió a peloteritos de la Liga Olmeca.

Amistad con Andrés Muñoz forjada 

La historia de Morejón en México no está escrita sólo con ponches, sino con amistades que han sobrevivido al rigor del negocio. En un certamen internacional de categorías juveniles, el cuerpo de lanzadores de la novena tricolor contaba con un brazo local que también deslumbraba: Andrés Muñoz. El destino, caprichoso, los unió años después en la organización de los Padres, donde compartieron procesos de ligas menores y el sueño de debutar.

Sí, hay muchos jugadores que llegaron lejos, sobre todo del equipo de Estados Unidos y también de Venezuela. En México estaba Andrés Muñoz, con quien tengo una gran relación desde entonces. Coincidimos después en San Diego y mantenemos una gran relación".

Hoy, aunque sus caminos se han separado, Muñoz brillando en Seattle y Morejón consolidado en San Diego el vínculo permanece. Ese torneo en Mazatlán fue el semillero de una generación dorada donde también figuraron nombres como Isaac Paredes y Mark Vientos, Green. Todos ellos, alimentando ahora por las plantillas de la gran carpa, guardan un respeto casi religioso por lo que ocurrió en suelo sinaloense.

Morejón en crecimiento constante

El camino de Morejón no ha sido una línea recta. Desde su firma récord en julio de 2016, cuando el entonces manager Andy Green se maravillaba con el "profesionalismo de su curva", Adrián ha tenido que batallar con lesiones y la presión de un contrato histórico. Sin embargo, este 2026 lo encuentra en su punto más dulce. Es un relevista que ya no sólo depende de la velocidad, sino de la inteligencia emocional sobre la loma.

Su regreso a México como embajador del beisbol de Grandes Ligas significa cerrar un círculo dentro de su carrera. Para el cubano, representar la bandera de su isla mientras juega en el país que le sirvió de trampolín es una responsabilidad que asume con el mismo enfoque con el que enfrentó a los bateadores estadounidenses hace más de una década.

Muchos de estos muchachos que vemos hoy aquí en Ciudad de México, en unos años podrán estar en la misma posición que nosotros. El beisbol a mí me abrió una puerta y espero que ", dice con la mirada puesta en la tribuna.

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Morejón convivió con niños de la Liga Olmeca en la Ciudad de México.Ariel Velázquez

Los Padres de San Diego, un equipo que esta temporada se rehúsa a las derrotas y que ha demostrado una capacidad de remontada envidiable en esta gira, saben que tienen en Morejón un seguro de vida. Ya no es el prospecto de Mayabeque que buscaba una revancha personal contra Estados Unidos; es un pitcher que cuelga ceros que sigue creciendo.

Cuando Adrián Morejón suba a la loma del Alfredo Harp Helú este fin de semana, el aire tendrá un aroma distinto al de Mazatlán, pero la esencia será la misma. El zurdo que domó el tiempo y las expectativas está de vuelta en el lugar donde todo comenzó, listo para demostrar que aquel niño de 124 pitcheos en Sinaloa sólo estaba calentando el brazo para algo más grande.