¿Hacia la “derecha”? Hay quienes ven en las recientes elecciones en varios países un cambio de señales en la definición política. Un abandono de la orientación izquierda que caracteriza a muchos países para virar, en algunos casos drásticamente, hacia la dirección opuesta. El asunto es comentado con pesar por los que desde más de un siglo han admirado los regímenes de “democracia popular”.
Lo interesante es notar cómo van apareciendo los votantes que han dejado de expresar lealtad hacia el dirigismo dictatorial para escoger sistemas políticos supuestamente libres de las taras ya conocidas y padecidas. Este fenómeno se está dando en Venezuela, Argentina, Colombia y Chile.
Una prueba reciente del antipopulismo de izquierda se dio el fin de semana pasado en la Plaza del Sol en Madrid, donde más de 15 mil venezolanos y españoles emocionados aclamaron a María Corina Machado en su lucha por la democracia de Venezuela, lo que eclipsó la IV Cumbre en Defensa de la Democracia celebrada en Barcelona y convocada por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, para erguirse como el gran líder del denominado bloque progresista. De los líderes latinoamericanos sólo asistieron los que aún quedan de izquierda: Lula, de Brasil; Petro, de Colombia y Sheinbaum, de México. Hay que hacer notar que ninguno de ellos felicitó en su momento a María Corina Machado por ser la receptora del Premio Nobel de la Paz 2025.
El bloque de izquierda en América Latina enfrenta un presente tormentoso y un futuro lleno de interrogantes. Los autotitulados liderazgos progresistas muestran un profundo déficit intelectual, político y ético en la reformulación de este “progresismo” ya caduco.
En América Latina la crisis de derechos humanos se da por una dictadura de izquierda, la cubana, y por el mayor movimiento social que fue la dictadura venezolana. La izquierda está a punto de perder las elecciones en España. A México, gobernado por Morena, ya se le cataloga como una mera democracia electoral con un Poder Judicial y un INE sometidos al gobierno.
En países como Brasil, Perú, Colombia y Chile el futuro bien puede ver un regreso de la ultraderecha. De acuerdo con las últimas encuestas, Lula en Brasil tendrá como rival al hijo de Jair Bolsonaro. En Perú, en su segunda vuelta electoral en junio, Keiko Fujimori, populista de derecha, es la favorita. En las elecciones del próximo mes de mayo en Colombia, la ultraderecha y el centro juntos podrían derrotar a la izquierda de Petro. En Chile, Gabriel Boric acaba de entregar la banda presidencial a José Antonio Kast, de una ultraderecha pinochetista. Sólo queda Uruguay, con la victoria del izquierdista Yamandú Orsi, como una raya en el agua de Latinoamérica.
Hay que tomar bien el pulso y la temperatura de los tiempos políticos en el mundo. La incapacidad de los gobiernos de izquierda para dar a sus pueblos tranquilidad y progreso se cobra en los votos de las nuevas generaciones.
La experiencia con los regímenes de izquierda ha sido funesta. Donde quiera que se han instalado regímenes socialistas de inspiración marxista los resultados han exhibido impericia, en el mejor de los casos, pasando luego por una autocracia ávida de corrupción. Aunque atractivos en sus campañas, esos gobiernos han sido en todos los casos desastrosos, probando su incapacidad para entregar beneficios tangibles en términos económicos y sociales.
La ironía es que muchos han ganado el poder con procedimientos democráticos que luego han desarticulado. Las escasas realidades cosechadas a costa de inenarrables sacrificios humanos, en países comunistas, marxistas o progresistas ha sido consistentemente un fracaso. El primer ejemplo, el más emblemático e inspirador de todos fue la URSS, que sucumbió víctima de su inalcanzable destino.
Las razones están en la naturaleza científica de la inspiración original de los esquemas marxistas. La exactitud absoluta que la planificación exige es imposible en términos reales; la detallada exactitud que su ejecución exige es inalcanzable, no es propia de la naturaleza humana. Tomados en cuenta estos factores, se entenderá por qué es imposible lograr una sociedad marxista comunista que se vuelve inevitable por ser utópica. La opción sensata es dejar a un lado la planificación como único camino al desarrollo y prever programas concretos realizables donde la geometría es irrelevante.
De lo arriba mencionado no se deduce que las opciones de derecha que, en la turbulencia actual adoptan algunos países, son la solución a las inequidades que han crecido solapadas en el neoliberalismo. La atención a las necesidades básicas, como son: alimento, salud, educación y seguridad, conforman la justicia social que todo gobierno debe a su pueblo. No necesita membretes
