¿Problemas de peso? la contaminación en el ambiente puede ser la culpable
Los químicos presentes en el medio ambiente, productos cotidianos y algunos alimentos repercuten de forma negativa en el metabolismo y favorecen la obesidad con el tiempo

Los esfuerzos para mantener un peso saludable dependen del balance calórico, como se pensaba inicialmente. Sin embargo, ¿qué pasaría si existieran enemigos ocultos en nuestro entorno, invisibles a simple vista, que sabotean las prácticas sanas para adelgazar y mantener una salud óptima?
La ciencia está arrojando luz sobre un factor sorprendente y perturbador: la exposición a contaminantes ambientales, conocidos como "obesógenos", que podrían estar impidiendo la pérdida de peso y el control de la glucemia, convirtiendo la lucha por un peso saludable en un desafío mucho más complejo de lo que imaginamos.

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¿Cómo la contaminación influye en la pérdida de peso?
Según una revisión sistemática publicada en Obesity Reviews, solo seis estudios en humanos han examinado directamente esta cuestión. La evidencia sugiere que:
- Ftalatos y parabenos se han asociado con una pérdida de grasa más lenta. Por ejemplo, un aumento en metil o propil paraben predijo un incremento en el IMC. Un aumento en monobencil-ftalato se relacionó con un aumento en la circunferencia de la cintura y el porcentaje de grasa corporal.
- Las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS), conocidas como "químicos eternos", no se asociaron con la pérdida de masa, pero sí con una recuperación de peso posterior más rápida. También se vincularon con una menor tasa metabólica en reposo (RMR), especialmente en mujeres.
- Los contaminantes del aire, como las partículas PM2.5 y PM10, se asociaron con mejoras adiposas deterioradas, aunque el efecto en el IMC no fue biológicamente significativo.
- Los organoclorados en plasma, que aumentan durante la pérdida de peso, se asociaron con una alteración del control glucémico.

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¿Cómo actúan los obesógenos?
Los obesógenos actúan a través de diversos mecanismos, incluyendo la alteración de la biología del tejido adiposo (encargado de brindar energía y calor al cuerpo), la disrupción de hormonas metabólicas y la modificación de la tasa metabólica basal, según reportó un artículo de la revista anual de farmacología toxicológica.
Estas toxinas pueden programar el cuerpo durante el desarrollo para alterar el "punto de ajuste" del peso corporal, haciendo que sea más fácil ganar peso y más difícil perderlo o mantenerlo. Un estudio publicado en American Journal of Clinical Nutrition, afirmó que los obesógenos son "reales, significativos y contribuyen en algún grado al aumento de peso a nivel individual y a la pandemia mundial de obesidad y enfermedades metabólicas a nivel social.
¿Qué puedo comer para bajar de peso?
Ante los químicos en el ambiente, difíciles de evitar, una de las vías posibles para mantener un peso saludable es llevar una buena alimentación.

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Priorizar alimentos ricos en nutrientes aparece como el primer paso hacia una dieta óptima para tener un peso ideal:
- Frutas y verduras: llenar la mitad del plato con frutas y verduras en cada comida. Incluir vegetales de color verde oscuro, rojo y naranja en guisos y sopas. Ofrecer más fruta para el desayuno, meriendas y postres, como indica el National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases (NIDDK)
- Cereales integrales
- Proteínas variadas: consumir mariscos (salmón, camarones, atún magro), carnes magras y aves, huevos, legumbres (frijoles, guisantes, lentejas), nueces, semillas y productos de soya.
Además de estos alimentos, hay algunas recomendaciones clave para cocinar de forma saludable:
- Cocinar con menos grasas sólidas: Usar aceite de oliva o canola en lugar de mantequilla o margarina, y preferir hornear o asar en lugar de freír.
- Reducir la sal: escoger y preparar alimentos con menos sodio. Evitar poner el salero en la mesa y tener frutas y verduras cortadas como meriendas.
- Controlar el azúcar: optar por cereales sin azúcar añadida o bajos en azúcar.
- Desayunar a diario: consumir un desayuno regular puede reducir la probabilidad de obesidad en los niños.
La comprensión de que nuestra salud y peso no solo dependen de la dieta y el ejercicio, sino también de la interacción con el entorno químico, es un cambio de paradigma crucial. Si bien se necesita más investigación en humanos y acciones políticas para reducir la exposición a los obesógenos, ser conscientes de estos factores invisibles es el primer paso para proteger nuestra salud y la de las futuras generaciones
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