Enseñar es tocar una vida para siempre

Este texto es un reconocimiento a los maestros. Profesión generosa y cuya labor define el futuro de cualquier sociedad, por lo que merece, además, respeto, ayuda y, sobre todo, nuestra gratitud.

La labor de enseñar, paideia de los griegos, implica más que transmitir conocimientos. “Desde la época antigua, lo griegos se observaron en la educación la base de la formación de los seres humanos como ciudadanos y personas libres, para ellos, la educación era entendida como paideia, que significaba formación” (Pérez Ochoa, Gaceta CCH, Nov. 2023). Solíamos creer que educar es moldear el alma, ir formando ciudadanos capaces de vivir juntos y preguntarse por lo que es el bien común. Si bien, hoy se sigue esperando que el resultado de la educación sea  formar y regular emocionalmente, no se reconoce ni remunera con la importancia que debiera hacerse.

Los maestros son quienes sostienen emocionalmente un grupo; los que no han estado frente a uno son incapaces de entender lo que eso significa. Por tanto, no pueden entender el desgaste emocional que puede ser un grupo de niños inquietos, que no se pueden concentrar, que tienen conductas disruptivas en clase, incapaces de separarse de sus aparatos electrónicos, además de irritables y con poco respeto a la autoridad. Esto ocasiona que aumente el burnout de los maestros. Los datos que se tienen, por ejemplo, de escuelas en Canadá reportaron que casi ocho de diez maestros padecían agotamiento emocional elevado (Agyapong et al, Burnout among Elementary and high school teachers in three Canadian Provinces, prevalence and predictors, 2024). En Quebec, la proporción de maestros con nivel de angustia psicológica fue el doble (40%) comparada con la población en general (20%). No, no tiene el mismo nivel de estrés ser maestro escolar que trabajar en un laboratorio o que construir un edificio.

Actualmente, a estos niveles de estrés contribuye la falta de educación que muchos niños viven en casa. Por tanto, los maestros son los que llevan a cabo  una formación extendida de los niños. Así que los maestros deben regularlos, ofrecerles ese ambiente de tranquilidad que no tienen en casa, enseñarles límites frente a la autoridad y respeto entre sus pares; además de ser un ejemplo de ética en el cuidado de los otros. Esto sumado a la responsabilidad de transmitir conocimientos de forma clara y atractiva para poder encender la mecha de la curiosidad en los niños. Por otro lado, en muchas ocasiones el maestro no puede tener control sobre su salón porque la SEP tiene prohibido, por norma, sacar a los niños de clase, a pesar de mostrar comportamientos inadecuados o dañinos (revisar https://www.excelsior.com.mx/opinion/ingela-camba-ludlow/por-que-esta-fallando-la-educacion/1745339). Los maestros tampoco tienen herramientas para abordar niños desregulados o responder a crisis de conductas.  Actualmente, los talleres de la SEP al inicio del ciclo escolar están centrados en metodología por proyectos, interculturalidad y contenidos escolares.

Por si fuera poco, la sociedad en general manifiesta poco respeto al trabajo de los maestros. Al no reconocerlos erosiona su autoridad. Esto también ha sido alimentado por años de conflictos sindicales, bloqueos y luchas de poder que rompen la vida de millones (como en la CDMX y en Oaxaca). Es evidente que esto último es totalmente contrario al ejemplo que debían dar como profesión. Por este tipo de situaciones, la sociedad confunde, injustamente, la vocación educativa con dinámicas de poder del sindicalismo.

La enseñanza es una labor discreta y continua. Una apuesta por la tenacidad y la disciplina. Los frutos de una buena educación no son inmediatos. Es una apuesta al futuro. Son los maestros los que, al imaginar y pensar el futuro, construyen mundos. El poder de la educación es el poder del futuro. Por ello, es necesario reconocer su trabajo y restaurar, desde casa y desde las instituciones, la autoridad del maestro para seguir formando niños que se convertirán en ciudadanos responsables.

Educar es probablemente el acto político más importante de una civilización. Sin embargo, ahora es una profesión más. Enseñar sí es tocar una vida para siempre. Y quizá ninguna sociedad logre sobrevivir demasiado tiempo si se empeña en olvidar y no agradecer ni cuidar ni acompañar a quienes sostienen esa tarea.