Papás por WhatsApp: más allá de la presencialidad

¿Se puede abrazar a un hijo a través de un mensaje? Excélsior platicó con padres de familia que encontraron en la tecnología una forma de acercarse a sus hijos sin miedo a fracasar 

La distancia física ya no es impedimento para miles de padres que encuentran en las redes sociales una de las formas más accesibles para estar presentes en la vida de sus hijos.
La distancia física ya no es impedimento para miles de padres que encuentran en las redes sociales una de las formas más accesibles para estar presentes en la vida de sus hijos.Ilustración: Erick Retana

¿Se puede abrazar a un hijo a través de un mensaje? ¿Se puede ejercer la autoridad paterna en un chat? La necesidad de salir a buscar la vida en otras latitudes ha obligado a muchos padres a reinventar la paternidad en la era digital.

Detrás de cada hombre que aborda un autobús, un avión o se interna en una tierra remota hay una pantalla que se enciende en los tiempos libres para intentar acortar la distancia que lo separa de sus seres queridos. En el Día del Padre, Excélsior reúne historias que reflejan esta situación.

Recibir y enviar abrazos por videollamada 

ACUITZIO, Mich.— Para Javier Piñón Rangel el calendario no se mide por las efemérides marcadas en rojo, sino por los ciclos de siembra y cosecha. A miles de kilómetros de su hogar en Acuitzio del Canje, el Día del Padre no será motivo de una celebración presencial; es, en cambio, un recordatorio agudo de la fractura que la migración impone a las familias michoacanas.

Javier, al igual que cientos de pobladores de este municipio, ubicado a sólo 30 kilómetros al sur de Morelia, encarna una realidad que define a gran parte del estado. 

Javier Piñón Rangel tuvo que migrar a Estados Unidos para ayudar a la economía de su familia.
Javier Piñón Rangel tuvo que migrar a Estados Unidos para ayudar a la economía de su familia.Especial

Desde muy joven, el trabajo en los campos agrícolas de Estados Unidos se convirtió en su única alternativa ante la falta de remuneraciones dignas en su lugar de origen. Aunque su estatus migratorio es legal bajo el esquema de contratos temporales con empresas transnacionales, el costo invisible de su estabilidad financiera es la renuncia a la cotidianidad con los suyos.

Alma Trujillo, esposa de Javier, conoce mejor que nadie el peso de esta ausencia prolongada. En la comodidad de su hogar, que ha sido construido gracias a las remesas, Alma describe una dinámica familiar sostenida por el esfuerzo y el sacrificio.

Es sumamente triste no poder pasar Navidad, Año Nuevo o el Día del Padre juntos, pero aquí las cosas están muy difíciles. A veces, para salir adelante y construir un patrimonio para nuestros hijos, tenemos que sacrificar lo más valioso: el tiempo de convivencia”, confiesa.

Para la familia Piñón Trujillo, la migración no es un proyecto de vida elegido por vocación, sino una respuesta adaptativa ante una crisis económica regional que parece no tener tregua. Javier ha estado ausente en las festividades más importantes de los últimos seis años, perdiendo hitos en el crecimiento de sus dos hijos.

Tener un padre migrante no ha sido impedimento para que los hijos de Javier Piñón Rangel se comuniquen con él.
Tener un padre migrante no ha sido impedimento para que los hijos de Javier Piñón Rangel se comuniquen con él.Miguel García Tinoco

El fenómeno migratorio en Acuitzio del Canje no es sólo un tema de adultos; es un proceso que comienza a permear en las nuevas generaciones. La historia de esta familia ha dado un giro complejo con la llegada de un nuevo integrante: el hijo mayor, con apenas 15 años de edad, se ha convertido en padre, lo que ha multiplicado las preocupaciones y las responsabilidades del hogar.

Esta nueva paternidad temprana ha generado una reflexión profunda en el joven, quien resiente la ausencia de su propio padre. “Es su primer Día del Padre y me confiesa que le hubiera gustado compartir esta fecha con su papá. Su meta, más que un deseo, parece una sentencia: me dice que, apenas cumpla los 18 años, se irá a trabajar con él a Estados Unidos”, relata Alma con preocupación.

Así es como los jóvenes michoacanos normalizan la migración como el camino hacia el éxito y ven en la partida hacia el norte la única forma de alcanzar la independencia económica.

Javier Piñón Rangel, padre migrante.
Javier Piñón Rangel, padre migrante.Especial

A pesar de la distancia física, la conexión emocional se intenta preservar mediante el uso de la tecnología. Las videollamadas son el cordón umbilical que une a Javier con su hogar. Durante nuestra entrevista, Alma decidió realizar una llamada; durante 30 minutos, la distancia geográfica pareció acortarse, pero la melancolía se mantuvo.

El hijo más pequeño, ajeno a los razonamientos económicos, reclamó la presencia de su padre con una urgencia que rompe el corazón. La respuesta de Javier, entrecortada por la señal de internet, fue un consuelo a medias: “Ya pronto, mi amor. Los extraño mucho, pero ya casi te voy a ver”.

En Acuitzio del Canje, este domingo se celebrará, como tantas otras veces, mediante una pantalla, bajo la esperanza de que el próximo reencuentro sea, finalmente, permanente.

La tecnología los acerca a la familia 

LEÓN.— Gaby ha normalizado la ausencia de su padre, aunque todos los días habla con él. La tecnología los acerca a través de los teléfonos celulares y la aplicación de mensajería WhatsApp.

Y es que su papá, Gabriel, manufactura bota vaquera y lleva más de una década viviendo en Dallas. Son muy pocas las veces que regresa a León.

El celular se convirtió en la herramienta con la que Gaby se conecta diariamente con su padre, Gabriel, quien vive en Estados Unidos.
El celular se convirtió en la herramienta con la que Gaby se conecta diariamente con su padre, Gabriel, quien vive en Estados Unidos.Andrés Guardiola

Pero hablamos siempre. Cuando necesito dinero, pues le pido. Si requiero de algún consejo, mi papá siempre está presente y hasta me ayuda con la escuela”, comenta la estudiante de Desarrollo y Gestión de Territorio en la Universidad de Guanajuato (UG).

Incluso, si Gaby necesita orientación para sus clases de inglés, Gabriel la asesora, toda vez que, dada la naturaleza de su negocio, necesita comunicarse perfectamente con sus clientes en Estados Unidos.

Sin embargo, pese a los años que han pasado, Gabriel no se acostumbra a la distancia ni al uso del Whatsapp, porque dice que “no le sabe picar a los botones”.

El señor Gabriel le enseña por llamada a Gaby cómo mejorar su ingles para la universidad en Guanajuato.
El señor Gabriel le enseña por llamada a Gaby cómo mejorar su ingles para la universidad en Guanajuato.Andrés Gaurdiola

Yo no le sé a esas cosas. Aunque he aprendido y no me queda de otra. Al final, para mí lo más importante es ver a mi familia, así sea por la cámara del teléfono”, asegura.

Gabriel asegura que algunos de sus amigos que viven lejos de sus seres queridos también utilizan las videollamadas para poder estar virtualmente cerca.

“Pero, me digas lo que me digas, no hay nada como estar en la casa, con tu familia, con tu mujer y tus hijos, eso no tiene comparación”, sostiene.

Gabriel y Gaby esperan encontrarse pronto nuevamente, y eso podría ser para el Día de Acción de Gracias, que se celebra en Estados Unidos o bien, para Navidad y Año Nuevo.

“Por lo pronto, soy papá de WhatsApp”, ríe el zapatero leonés.

Aguarda la llamada semanal de su padre

XALAPA.— Todos los viernes a las 7:00 horas, Germán, actualmente de 11 años, espera a que suene su teléfono celular porque a esa hora y a ese día tiene una videoconferencia con Héctor, su papá.  

No hay día en que no recuerde que desde que tenía ocho años su papá se fue al norte, no le dijo que cruzaría la frontera para Estados Unidos. Sus tíos trabajan en un rancho de Sonora, pero Héctor se aventuró y se fue a buscar ganar en dólares, “nosotros nos quedamos acá porque no teníamos empleo ni casa. Me quedé a vivir con mi mamá y Héctor se fue”, recuerda Karina, mamá de Germán.

El lugar recibió ese nombre, ya que se ubica en un gran humedal repleto de cocodrilos y pitones, lo que proporciona barreras naturales que requieren una seguridad mínima.

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El lugar recibió ese nombre, ya que se ubica en un gran humedal repleto de cocodrilos y pitones, lo que proporciona barreras naturales que requieren una seguridad mínima. 

Germán estudia en la escuela de Plan de Las Hayas, municipio de Juchique de Ferrer. Su papá encontró rápidamente trabajo porque sabe todo sobre la construcción. 

Como se empleó muy joven en la albañilería ya había alcanzado el estatus de “maestro” albañil y, al llegar a Estados Unidos, logró colocarse en la construcción de un resort. Así ha logrado enviar a la familia lo suficiente para que Germán siga estudiando.

Pero, para el pequeño, esta comunicación y el que su padre sea responsable no es suficiente.

Sus ojos se hacen aguaditos”, dice su mamá, cada vez que tienen su llamada. A lo largo de la semana, Germán le escribe por una plataforma denominada WeChat. Su papá le ha pedido que le cuente todo lo que le sucede en el día a día y es una manera de que estén pendientes uno del otro.

“Yo quiero jugar con mi papá futbol. Ir al campo”, responde a la pregunta de qué desearía hacer con su padre.

Amor de padre a la distancia

OAXACA, Oax.— “Las videollamadas por WhatsApp son el apoyo en la comunicación con mi hija (19 años) e hijo (17 años), creo que ha fortalecido nuestra familia, nos permite enterarnos dónde estamos, qué hacemos, compartir celebraciones y el día a día, logrando una sensación de cercanía”, comenta Guillermo Cruz, padre y enfermero.

Guillermo Cruz se comunica con sus hijos desde la CDMX hasta Oaxaca por videollamadas.
Guillermo Cruz se comunica con sus hijos desde la CDMX hasta Oaxaca por videollamadas.Especial

Fue en el último tramo de 2019 cuando Memo, originario de la capital oaxaqueña, tuvo la oportunidad de emigrar a la Ciudad de México, donde podría desarrollarse como enfermero; sin embargo, no existían las condiciones económicas para trasladarse con sus hijos y esposa. A la fecha, la familia decidió continuar con esa dinámica, por mutuo acuerdo. Él viaja cada 20 días a Oaxaca y también se reúnen en la capital del país. 

Durante la pandemia por covid-19, cuando su hija e hijo tenían 13 y 11 años, la aplicación funcionó como un espacio seguro para recibir su aliento, darles consejos, desahogarse y mantener activa la red de contención familiar.

Estuve varios días concentrado en el hospital, mi familia fue el único contacto con el exterior y mi contención, sobre todo porque apenas conocía la Ciudad de México y tampoco tenía amistades. En ese tiempo, la aplicación fue un parteaguas”, subraya.

“Pero, también esas comunicaciones —en momento difíciles en el hospital—, donde mis hijos  tuvieron un  acercamiento a un momento doloroso, a la larga, tuvieron un resultado positivo”, refiere. “Como papá, trato de darles un tiempo más a ellos, y con esta aplicación los siento cerca, aunque estamos distantes”, concluye Memo.

El peso de la paternidad ausente

XALAPA.— A sus nueve años, Diego no recuerda la voz de su padre. No recuerda un “buenos días”, un regaño, una risa compartida, ni siquiera el timbre de una llamada. Vive con su madre en Xalapa y, como millones de niñas y niños en México, crece sin una figura paterna presente. De vez en cuando, Eduardo —su padre biológico— lo “recuerda”: deposita un recurso, cumple lo mínimo, pero no escribe, no llama, no pregunta. Es una presencia administrativa, no afectiva. Y, aunque su historia duele, no es excepcional, es parte de un fenómeno que atraviesa lo económico, lo cultural y lo institucional.

Aunque intentan utilizar la tecnología no siempre logran una comunicación eficaz.
Aunque intentan utilizar la tecnología no siempre logran una comunicación eficaz.Lourdes López

Cada junio, el Día del Padre se llena de promociones, felicitaciones y campañas que celebran la figura paterna como sostén, guía y ejemplo. Pero detrás de esa narrativa festiva se esconde una realidad menos luminosa: en México, millones de hijos crecen sin la presencia cotidiana de su padre, y millones de mujeres sostienen solas la economía, los cuidados y la crianza. La paternidad ausente no es un accidente individual; es un patrón social normalizado, un vacío que se hereda y que rara vez se nombra.

Diego es un niño sobresaliente. Sus profesores lo describen como brillante, curioso, con un coeficiente intelectual alto. Pero su talento no ha encontrado un sistema educativo capaz de detectarlo, acompañarlo o potenciarlo. En un país donde la escuela pública apenas logra cubrir lo básico, la educación diferenciada para niñas y niños con altas capacidades sigue siendo un lujo inaccesible. Diego aprende rápido, pero aprende solo.

En la búsqueda de una figura paterna, Diego encontró a su abuelo materno. Es él quien le enseñó a andar en bicicleta, a distinguir el norte del sur, a contar historias de cuando la vida era más lenta y los vínculos más sólidos. Es él quien le ha dado lo que la institución paterna —y el propio Estado— no han podido garantizar: presencia, escucha, límites, afecto. La paternidad, al final, no siempre coincide con la biología.

De acuerdo con datos del Inegi, en el país hay 44.9 millones de hombres de 15 años y más, de los cuales 21.2 millones son padres de al menos un hijo o hija. De ese universo, cuatro millones 180 mil no viven con sus hijos ni participan en su crianza, lo que equivale a 9.3% del total de padres identificados.

La ausencia de los padres en México es un fenómeno que se sostiene en varios pilares: la precariedad laboral que empuja a muchos hombres a migrar o desaparecer de la vida familiar; los mandatos culturales que siguen asignando la crianza exclusivamente a las mujeres, y un sistema institucional que no exige, no acompaña y no sanciona. La paternidad responsable sigue siendo un acto voluntario, no una obligación socialmente vigilada.

Mientras tanto, Diego crece. Aprende. Se adapta. Y aunque su historia no es la que aparece en las tarjetas del Día del Padre, es la que viven millones de niñas y niños que han tenido que construir su identidad sin la voz que debería haber estado ahí desde el principio.