Excélsior 109 años. Díaz Ordaz inaugura el Mundial de 1970, con afilados abucheos

Tras un empate sin goles entre México y Rusia, el Estadio Azteca fue abandonado por la afición con desánimo

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En la inauguración de 1970, el presidente Gustavo Díaz Ordaz estuvo acompañado del regente AlfonsoCorona, Guadalupe Díaz Ordaz de Nasta, el presidente de la FIFA, Stanley Rours, y Guillermo Cañedo.Archivo Histórico Excélsior

El discurso inaugural con motivo del campeonato Mundial de futbol México 1970, a cargo del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz, fue corto. El abucheo de más de 100 mil personas reunidas en el Estadio Azteca, el 31 de mayo de hace 56 años, fue largo, larguísimo.

La crónica de la inauguración de la Copa de Mundo de Futbol —donde México y Rusia empataron sin goles— de Guillermo Ochoa en Excélsior, escenario en el que fue Díaz Ordaz sujeto de repudió, inicia así:

El Estadio Azteca fue ayer la sede mundial de la locura para 110 mil personas a las que el implacable decrecer de los números de un reloj electrónico condujo por una senda emocional que comenzó en el frenesí de la esperanza y concluyó, 90 después, en un estado de ánimo que sólo una frase podría definir: “Pudimos ganar...” Todos esperábamos demasiado.

Un hermoso estadio repleto de alegría. El sonido marcial de las bandas de guerra.

Los globos de colores elevándose hacia el cielo azul. El césped fresco, verde esmeralda, mullido como una alfombra. Y ese interminable diálogo del público sobre lo que ocurría en la cancha; el abucheo si los rusos tomaban el balón, el aullido febril si lo hacían los nuestros, el nombre de México mil veces repetido... ¡Cómo no ganar así!

Y mientras aquel reloj situado al borde del techo de aluminio parpadeaba en su lenguaje de números, acortando la ruta del encuentro en la cancha y la esperanza en las tribunas, la voz del público, que había sido rugido constante desde antes de que el balón empezara a rodar, se hizo menos intensa, más esporádica, se fue diluyendo en angustia.

Hasta que al final, cesó del todo. Y entonces 110 mil personas que habían caminado sobre roca volcánica para llegar al estadio, que habían formado hileras frente a las taquillas durante noches, que habían saltado y habían llorado, que llevaban aún los puños crispados, abandonaron el estadio silenciosamente.

Nadie quería hablar de futbol. El futbol los había traicionado.

A la distancia, en la plataforma YouTube se pueden ver los momentos en que Díaz Ordaz, en 17 segundos, despachó el compromiso ante un auditorio que no escatimó esfuerzos para abuchearlo, cuando el jefe del Ejecutivo federal —responsable de los hechos en la matanza de Tlatelolco el 2 de octubre de 1968—, dijo:

Declaro solemnemente inaugurado el noveno campeonato mundial de futbol: Copa Jules Rimet”, dijo el entonces Presidente mexicano, mientras observó la reacción de la multitud que se alistaba para ver el juego entre México y Rusia, que también el mandatario presenció.

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