Conafe desafía creencia sobre horas en el  aula para medir aprendizaje

El director del Consejo Nacional de Fomento Educativo resalta el éxito de su metodología basada en el diálogo y la relación entre los educadores comunitarios y sus estudiantes

La Conafe surgió como una alternativa para acercar la escuela convencional a las regiones más pobres y apartadas del país. En su aniversario 55, extiende su metodología y modelo.
La Conafe surgió como una alternativa para acercar la escuela convencional a las regiones más pobres y apartadas del país. En su 55 aniversario, extiende su metodología y modelo.Archivo

Después de 55 años de trabajo comunitario, el Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe) lleva su modelo al bachillerato con 10 mil lugares en 120 comunidades; la meta es alcanzar 100 mil estudiantes al cierre del sexenio.

Hace más de un siglo, la escuela encontró una forma de medir el aprendizaje: horas de clase, grados cursados y años de escolaridad.

Más de 100 años después, este organismo plantea una pregunta incómoda: ¿aprender significa pasar cierto número de años dentro de un salón?

Esa es una de las ideas que atraviesa la nueva etapa del Conafe, que cumple 55 años, y que su director general, Gabriel Cámara y Cervera, define como un momento de “madurez”.

Tras décadas de trabajar en comunidades rurales donde la escuela regular no podía llegar, el organismo lleva ahora esa experiencia al bachillerato comunitario.

El nuevo nivel educativo comenzó este ciclo escolar con 10 mil lugares en 120 comunidades, y la meta es llegar a 100 mil estudiantes al cierre del sexenio.

Para Cámara, el reto no consiste simplemente en llevar a las comunidades una escuela de nivel medio superior con el mismo esquema tradicional, sino en conservar una metodología basada en el diálogo, el interés de los estudiantes y la relación entre quienes enseñan y quienes aprenden.

La apuesta parte de una experiencia acumulada durante décadas: en comunidades pequeñas y dispersas, donde no era viable instalar una escuela convencional ni mantener una plantilla de maestros, el Conafe desarrolló un modelo en el que los propios integrantes de la comunidad participan activamente en el proceso educativo.

“Lo que aprendimos en los márgenes del sistema y pudimos ver con claridad es que sin interés no hay aprendizaje. Y esto es lo que ha transformado el trabajo en el Conafe y hace que ahora el bachillerato entre naturalmente en el proceso de aprender en comunidad, donde todos enseñan y aprenden, chicos y grandes”, explicó Cámara.

Medir aprendizajes

Una de las ideas que el director del Conafe cuestiona es la asociación entre tiempo escolar y aprendizaje.

Cámara recordó en entrevista con Excélsior la llamada unidad Carnegie, establecida a principios del siglo XX, como ejemplo de cómo la educación vincula la enseñanza con una determinada cantidad de horas de clase.

El problema, plantea, es que una persona puede pasar años dentro de un sistema escolar sin que eso garantice por sí mismo que haya aprendido.

El Conafe, en cambio, trabaja con la llamada relación tutora, en la que el aprendizaje parte del interés de quien estudia, se profundiza mediante el diálogo y debe poder demostrarse frente a otros.

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Aprendizaje en comunidades pobresExcélsior

No se trata únicamente de recibir información de un profesor, sino de comprender algo suficientemente bien para poder explicarlo, discutirlo y compartirlo.

Esa concepción fue analizada durante un proyecto de tres años que el organismo desarrolló con la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti) para estudiar cómo ocurre el aprendizaje en las comunidades y cuestionar si los años de escolaridad son la mejor manera de medirlo.

El trabajo siguió distintas etapas y contempló el seguimiento de personas desde educación inicial, preescolar, primaria y secundaria hasta adultos.

La experiencia, de acuerdo con Cámara, mostró que aprender no necesariamente depende de acumular años en la escuela, sino de comprender un conocimiento, demostrar que se domina y ser capaz de compartirlo con otros.

La expansión al nivel medio superior representa el mayor cambio reciente para el organismo.

El bachillerato comunitario comenzó este ciclo con 10 mil lugares en 120 comunidades, pero la demanda ya rebasó la oferta inicial, de acuerdo con Cámara, quien habla de una demanda “latente” entre jóvenes y adultos que no pudieron continuar sus estudios.

La meta es mucho mayor: 100 mil estudiantes de bachillerato comunitario al cierre del sexenio.

La SEP habilitará un periodo extemporáneo del 19 al 26 de agosto en su portal oficial e invitas a inscribirse al Bachillerato Nacional Margarita Maza, el cual incluye la Beca Universal Benito Juárez.
La SEP habilitará un periodo extemporáneo del 19 al 26 de agosto en su portal oficial e invitas a inscribirse al Bachillerato Nacional Margarita Maza, el cual incluye la Beca Universal Benito Juárez.Especial

El modelo mantendrá el trabajo mediante comunidades pequeñas y relaciones de aprendizaje más personalizadas.

Los educadores del Conafe participarán en este nivel, aunque con preparación específica para atender esos contenidos.

La expansión ocurre, además, en un momento en que el organismo intenta que su experiencia deje de ser vista como una respuesta provisional para las comunidades más pobres.

Durante décadas, el consejo funcionó bajo una lógica de atención compensatoria: llegar donde la escuela regular no tenía condiciones para hacerlo.

Hoy Cámara plantea una lectura distinta: que lo aprendido en esos lugares puede servir también para transformar la manera en que se enseña en el resto del sistema educativo.

Ir más allá de las comunidades

Aunque el mandato del Conafe se concentra en comunidades rurales, también atiende grupos en la Ciudad de México, donde trabaja con población indígena, familias vinculadas con la Central de Abasto, personas en tránsito y estudiantes en condiciones de vulnerabilidad o con discapacidad.

Son grupos pequeños —no superan los 400 alumnos— y el objetivo del organismo no necesariamente es hacerlos crecer, sino utilizar la experiencia para dialogar con las escuelas regulares y favorecer que éstas puedan recibir a estudiantes que enfrentan barreras de acceso.

Incluso en contextos de violencia extrema, Cámara relata que algunos policías han buscado al Conafe para capacitarse como tutores.

La apuesta, en todos los casos, es que enseñar no sea únicamente transmitir contenidos, sino construir condiciones para que las personas aprendan y puedan hacer algo con eso.

La expansión del modelo enfrenta un problema: cuánto se paga a quienes lo hacen posible.

Los educadores comunitarios reciben un apoyo de 7 mil pesos, después de que el año pasado una educadora pidió a la presidenta Claudia Sheinbaum mejorar sus condiciones económicas.

Cámara reconoce que este año el aumento fue limitado por restricciones presupuestales, pero asegura que el apoyo crecerá progresivamente durante el sexenio, con el objetivo de alcanzar el nivel de Jóvenes Construyendo el Futuro.

Conafe cuenta con 60 mil 897 figuras educativas si se incluye educación inicial; de ellas, unas 45 mil atienden educación básica. La siguiente apuesta es profesionalizarlas.

El organismo mantiene conversaciones con instituciones de educación superior para que los educadores puedan avanzar a maestrías y doctorados vinculados con su práctica.

La idea es que quienes han pasado años enseñando en comunidades puedan convertir esa experiencia en conocimiento sistematizado y contribuir también a formar a docentes del sistema regular.

La institución que nació para llevar educación básica a comunidades donde no era posible instalar una escuela convencional ahora pretende demostrar que puede generar conocimiento sobre cómo aprenden las personas y, al mismo tiempo, ampliar su oferta hasta el bachillerato.

El desafío ya no es llegar a donde la escuela no llega. Es demostrar que, desde esos lugares también puede surgir una pregunta para todo el sistema educativo nacional: ¿estamos midiendo la escolaridad o el aprendizaje?