México puede ganar la relocalización y perder el futuro

Jorge Camargo

Jorge Camargo

Editorial

México podría estar frente a una de sus mayores oportunidades económicas en décadas y, al mismo tiempo, no contar con el espacio fiscal suficiente para aprovecharla. Ésa es la paradoja que aparece al leer juntos el nuevo informe de la CEPAL sobre la transformación geopolítica mundial y el Paquete Económico 2027 presentado por el gobierno de Morena.

La CEPAL sostiene que la globalización no desaparece, pero cambia de lógica. La eficiencia y el menor costo dejan de ser los únicos criterios: ahora pesan la seguridad económica, la resiliencia de las cadenas de suministro, la energía, los minerales críticos y la competencia tecnológica entre Estados Unidos y China. Para México, ese cambio representa una oportunidad excepcional.

Nuestra integración industrial con Estados Unidos, la plataforma exportadora construida durante tres décadas y los clústeres automotriz, electrónico y aeroespacial colocan al país en una posición privilegiada. Pero sería un error convertir esa ventaja en una narrativa de éxito anticipado.

La geografía ayuda, pero no genera electricidad. El T-MEC abre mercados, pero no construye infraestructura hidráulica. La cercanía con Estados Unidos tampoco forma ingenieros, moderniza aduanas ni garantiza seguridad. Una empresa que decide dónde instalar una planta necesita todo eso y proveedores capaces.

El reporte Rupturas y Oportunidades, de la CEPAL, nos da una lectura incómoda del presupuesto mexicano. Identifica —no evalúa, porque el reporte es anterior— el reducido espacio fiscal como una de las principales restricciones de América Latina. En la región, los intereses de la deuda pasaron de 1.7% del PIB en 2012 a 2.9% en 2024, mientras el gasto de capital cayó de 2.6% a 1.9 por ciento. El Estado paga cada vez más por el pasado y dispone de menos para financiar el futuro.

México enfrenta esa tensión: Hacienda busca consolidar las finanzas mientras sostiene programas sociales, pensiones, el costo de la deuda y la inversión necesaria para aprovechar la reorganización productiva de Norteamérica. La disciplina es indispensable, pero recortar inversión también puede ser costoso.

La discusión no debe limitarse al tamaño del déficit. La pregunta es: ¿qué parte del déficit mexicano está comprando futuro? Un peso destinado a ampliar la red eléctrica, resolver un cuello de botella logístico, garantizar agua, modernizar una aduana o desarrollar tecnología tiene consecuencias distintas de uno destinado simplemente a prolongar gasto corriente. Importa cuánto gasta el Estado, pero también qué capacidad productiva deja después de gastarlo.

Una mayor fiscalización no resolverá por sí sola el problema de los ingresos. Combatir evasión, contrabando y facturación falsa es indispensable, pero administrar mejor no corrige la debilidad fiscal: tarde o temprano habrá que decidir qué Estado queremos financiar.

La advertencia central de la CEPAL es ésta: tener activos estratégicos no garantiza desarrollo. México puede atraer fábricas, exportaciones e inversión sin multiplicar proveedores nacionales, ingeniería, innovación ni propiedad intelectual.

México podría ganar la relocalización industrial y perder la transformación productiva. Somos una economía profundamente integrada a Norteamérica que conserva restricciones fiscales, institucionales y de productividad latinoamericanas. La prueba del gobierno de Morena será que el presupuesto construya capacidades sin hipotecar las finanzas públicas: de ello dependerá que México se convierta en un eslabón más sofisticado e indispensable de Norteamérica o simplemente celebre exportaciones e inversiones mientras persisten sus viejos límites de energía, agua, infraestructura y tecnología.

Las oportunidades geopolíticas no esperan. El mundo mueve sus cadenas productivas hacia México. La pregunta que deja el presupuesto es política: ¿tendrá Morena la capacidad de aprovecharlas y superar sus propias barreras ideológicas?