El espejismo de la normalidad

Hasta hoy, la ciencia política y, en particular, la teoría del poder no ha aclarado lo que determina las preferencias y los comportamientos de los pueblos. Por eso, no siempre sabemos lo que es normal y lo que es monstruoso.

Aristóteles fue maestro de Alejandro. Séneca fue consejero de Tiberio. Maquiavelo fue asesor de Lorenzo. Mazarino fue mentor de Luis XIV. Y así en toda la historia hasta Schlesinger, que fue el “pepe-grillo” de Kennedy. Las bibliotecas están repletas de tutoriales para el gobernante, pero es muy magra en la consejería para el gobernado. Quizá es por eso que nos hemos equivocado en tantas ocasiones.

Pensemos en México. Muchos consideran que en la mitad de las 14 sucesiones presidenciales del México civilista, se equivocó la decisión, haya sido del electorado, de un partido, de un politburó o de un presidente, según las épocas. Y es que, en el fondo de las cosas, no siempre escogieron sabiamente. 

Pero hoy nuestro asunto no es el resultado, sino la razón de nuestras equivocaciones y eso aún no sabemos si corresponde a la política, a la psicología, a la filosofía, a la sociología o si se debe a una era, a un destino fati o a un karma. Pero, hasta hoy, no he sabido de un solo pueblo que, a través de la historia, jamás se haya equivocado. Como estudiosos de la política debemos analizar las hipótesis o los teoremas para convertirlos en axiomas.

Quizás el futuro nos dé alguna respuesta sobre lo que ahora podemos llamar el espejismo de la normalidad. Los humanos sabemos de nuestra normalidad por comparación. Porque nos vemos y nos cotejamos con los otros. 

Las naciones sólo se podrían comparar con otros países o con otros tiempos. Podrían utilizar modelos para determinar si es normal que un pueblo no coma o que no se cure o que no estudie. Si una nación es normal por no castigar delincuentes o por tener muchos homicidios o por soportar gobiernos ladrones. 

Pero pongo tan sólo el ejemplo de la salud. Hace algunos años se nos dijo que México tendría un mejor sistema que Dinamarca. No sólo fue una mentira, sino una burla, basada en nuestro desconocimiento. En realidad, el sistema danés es un modelo de financiamiento de la salud, no de su ciencia médica. Es un buen sistema fiscal, pero no sabemos de nadie que vaya allá a consulta o a operación. 

En México, el sistema se ha deteriorado por lo contrario. Porque el dinero para sanar se gasta en dádivas para gustar. En materia de salud, México es el modelo antiDinamarca. No sé si fue mentira o fue burla esto de la salud ejemplar, las megafarmacias excelentes, el abasto medicinal, el equipamiento hospitalario, la tecnología de punta, los servicios de primera y la cobertura universal para venir a terminar con los carritos callejeros.

Ya ni hablar de la tragedia educativa de la que diría Aurelio Nuño que el ranking muestra el drama de una nación con un gobierno de enseñanza tan mísera como pocos, para un pueblo tan sediento de aprendizaje como pocos. Ya en 1906, Justo Sierra dijo que los que ven a la justicia y a la educación tan sólo como un empleo de gobierno, “pronto serán barridos y borrados” … ¡y los borraron y barrieron!

Así, tampoco lo sé en otros 30 o 50 asuntos de primordial interés nacional que están por el estilo de jodidos. Y, entonces, no encuentro la razón por la que esta “normalidad anormal” haya mejorado su posición electoral de 2018 a 2024. No lo sé y no sé quién lo sepa.  

Tengo miedo de que, en los tiempos venideros, los mexicanos y los extranjeros del futuro lleguen a creer que la política, la gobernanza y la gobernabilidad actuales son la condición normal de las naciones y de los pueblos. No es normal preferir que se mueran más mexicanos para que los políticos nos gusten más. 

Por lo pronto, a los jóvenes que están a mi alcance constantemente les aseguro que lo que estamos viviendo no es normal y que nunca vayan a engañarse con la mentira burlona de que estábamos peor cuando estábamos mejor.