Adelanto editorial: Las élites en América

Autorizado por Penguin Random House, publicamos un fragmento del libro Los de adelante corren mucho, que analiza las relaciones políticas y económicas en Latinoamérica

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CIUDAD DE MÉXICO.

CAPÍTULO 1

Hacer la América” ha sido el sueño de muchos desde que se descubrió este continente. A América llegaron, entre 1870 y 1920, 38 millones de migrantes. De éstos, el 69 por ciento se fue a Estados Unidos, el 12 por ciento a Argentina y el 11 a Brasil. México recibió muy pocos.

En los últimos 30 años, América Latina ha dejado de atraer población de fuera del continente. Si bien hoy en día es mucho más difícil migrar legalmente a Estados Unidos de lo que fue a principios del siglo XX, de 1990 a la fecha han entrado con papeles 19.9 millones de individuos provenientes de países en desarrollo, 10.7 millones de ellos de América Latina y el Caribe y, de éstos, 5 millones desde México. Éstos son los legales. Se estima que, además, hay 11.3 millones de trabajadores indocumentados en Estados Unidos, 8.6 millones de América Latina y el Caribe, de los cuales 5.6 millones son

de México.

La expulsión de gente de América Latina es un reflejo del fracaso relativo de la región. Estados Unidos tendió a ser la primera opción de quienes emigraban, pero algunos se iban a varios países de América del Sur como una feliz segunda opción. Ahora muchos en la región buscan irse a Estados Unidos, Canadá o a algunos de los países europeos que expulsaban gente a finales del siglo XIX y principios

del XX.

Hay una buena cantidad de índices que tratan de medir el bienestar de la población de los distintos países. Uno de ellos es el Índice de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el PNUD, un índice que resume el comportamiento en cada país sobre tres dimensiones diferentes: esperanza de vida, nivel promedio de escolaridad e ingreso promedio. Así, el Índice de Desarrollo Humano (IDH) pondera el número de años que viviría un recién nacido si los patrones de mortalidad al momento de su nacimiento se mantuvieran constantes a lo largo de su vida, los años promedio de escolaridad, así como el ingreso nacional bruto per cápita, con precios que reflejen la capacidad de compra en cada país de su moneda. Es decir, se trata de un índice que registra el progreso o el retroceso de un país respecto a cuántos años vive un ciudadano promedio, cuántos años de educación recibe y cuál es su ingreso bruto en un año determinado.

En ese índice, México y América Latina salen muy mal evaluados. Para nuestro nivel de ingreso, somos una región con elevados niveles de mortalidad materno-infantil, homicidios, analfabetismo y falta de cobertura de seguridad social, por citar sólo algunos de nuestros problemas. Según el IDH, sin contar el Caribe, el país de la región mejor evaluado es Argentina, el cual tiene el lugar 40, y el peor es Honduras, que tiene el lugar 131. México está en el lugar 74. Sri Lanka, con un PIB per cápita 40 por ciento más bajo que el mexicano, ocupa el lugar 73.

Según el indicador más utilizado para medir la situación económica de un país, la riqueza per cápita, la región ha estado a media tabla desde hace décadas. Como la región es muy desigual, el PIB per cápita dice mucho menos sobre la riqueza promedio de sus habitantes de lo que dice en países menos desiguales. Si en un ejercicio mental se restara el ingreso del diez por ciento más rico, la riqueza promedio de los mexicanos cae mucho más que en países menos desiguales.

En 2014, por ejemplo, México tenía un PIB per cápita de 17 mil 314 dólares en términos de capacidad de compra, cuyo valor es distinto al del mercado, ya que se busca hacer comparable su capacidad de compra en los distintos países; Polonia, de 25 mil 261, y Rumanía, de 20 mil 348 dólares. Si a México se le resta el diez por ciento de las personas más ricas, el PIB per cápita del otro 90 por ciento baja dramáticamente, a 10 mil 568 dólares, con lo cual termina con un PIB per cápita un poco más bajo que el de Ecuador y similar al de Egipto. En contraste, si a Polonia se le resta el ingreso del 10 por ciento más rico, sólo baja a tener un PIB per cápita de 20 mil 962 dólares, en el caso de Rumanía, pasa a 16 mil 896 dólares. En términos porcentuales, México pierde el 39 por ciento del pib per cápita original; Polonia y Rumanía pierden, ambos, 17

por ciento.

En el otro extremo, el diez por ciento con más ingresos en México tiene un PIB per cápita de 95 mil 113 dólares. Ese diez por ciento superior tiene en Polonia un PIB per cápita de 64 mil 916 dólares y en Rumanía uno de 41 mil 650 dólares.

Para hacer las cosas aún más complicadas para los más pobres, las economías de América Latina han crecido poco en las últimas cuatro décadas. En ese periodo, economías del este de Asia y del este de Europa nos han dejado atrás. La alta desigualdad, como veremos más adelante, probablemente explique en alguna medida este crecimiento mediocre.

En todos los países del mundo hay desigualdad y también hay desigualdad entre los países del mundo. Este libro es sobre América, la región más desigual del planeta. América Latina lo fue siempre. Desde sus orígenes.

Lo describe bien Alexander von Humboldt, quien zarpó rumbo a América en 1799. Entre 1803 y 1804 viajó a Nueva España para documentar de manera detallada la realidad novohispana. Humboldt publicó en 1811, en la ciudad de París, su Ensayo político sobre el reino de la Nueva España, que se tradujo al español en el año de 1827.

La desigualdad en el virreinato fue uno de los temas que más le impresionó. En sus palabras: “México es el país de la desigualdad. Acaso en ninguna parte la hay más espantosa en la distribución de fortunas, civilización, cultivo de tierra y población”. “Si en el estado actual de las cosas, la casta de los blancos es en la que se observan casi exclusivamente los progresos del entendimiento, es también casi sola ella la que posee grandes riquezas; las cuales por desgracia están repartidas aún con mayor desigualdad en México que en la capitanía general de Caracas, la Habana y el Perú”. “En Lima hay pocos que junten arriba de 4,000 duros de renta. No conozco en el día ninguna familia peruana que goce una renta fija y segura de 6,500 duros. Por el contrario en Nueva España había sujetos que sin poseer minas ningunas, juntan una renta anual de 200,000 pesos fuertes.”

Nueva España era una sociedad dividida: “La arquitectura de los edificios públicos y privados, la finura del ajuar de las mujeres, el aire de la sociedad; todo anuncia un extremo de esmero que se contrapone extraordinariamente a la desnudez, ignorancia y rusticidad

del populacho”.

La desigualdad se encontraba en todas las dimensiones. Existía también entre los indígenas. En sus palabras, entre los indios mexicanos “se encuentran algunas familias cuya fortuna aparece tanto más colosal, cuanto menos se espera hallarla en la última clase del pueblo”. “Aún es más notable esta desigualdad de fortuna en el clero, parte del cual gime en la última miseria, al paso que algunos individuos de él tienen rentas superiores a las de muchos soberanos de Alemania”.

Con base en los datos más recientes del Standardized World Income Inequality Database, de los 30 países más desiguales, el 40 por ciento está en América. Brasil en el 19, México está en el lugar 24 y Estados Unidos en el 62, el país desarrollado de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) peor posicionado; le sigue Reino Unido en el lugar 70 (véase cuadro 1.1).

El cuadro usa el índice de Gini, que tendría un valor de cero en el hipotético caso de que en una sociedad todos tuvieran lo mismo, y un valor de 100 en el hipotético caso de que un individuo tuviese todo. Los datos son después de impuestos y de gasto público, es decir, ya que el Estado trató por esa vía de igualar algo el ingreso obtenido en el mercado.

  • TÍTULO: Los de adelante corren mucho
  • AUTOR: Carlos Elizondo Mayer-Serra
  • Editorial: Penguin Random House, Debate, 2017
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