Tomahawks al límite: lo que el desgaste del arsenal de EU revela sobre la guerra con Irán
El rápido desgaste de los misiles "Tomahawk" revela los límites materiales, industriales y estratégicos de la guerra de Estados Unidos contra Irán.

Según reportes de medios estadounidenses basados en fuentes militares, más de 860 misiles “Tomahawk” fueron disparados por el Ejército de Estados Unidos durante las primeras cuatro semanas de la guerra contra Irán. Este alto ritmo de consumo de suministros ha alarmado a algunos funcionarios del Pentágono y ha suscitado varias interrogantes sobre cómo podrían lidiar con el agotamiento del armamento disponible en la región y si van a tener que recurrir a sus reservas en otras regiones estratégicas, como el Indo-Pacífico o en el frente ucraniano.
Los “Tomahawks” son misiles de crucero que pueden ser lanzados desde buques o submarinos militares de la Marina de Estados Unidos. Fueron usados por primera vez en 1991 durante la Primera Guerra del Golfo. En los últimos 30 años se han convertido en uno de los principales armamentos del Ejército estadounidense.
Parte de la razón por la que son tan valiosos es que tienen un alcance de más de mil kilómetros, lo que les permite neutralizar los objetivos deseados sin necesidad de enviar a pilotos estadounidenses y exponerlos a espacios aéreos hostiles. Además, los modelos más modernos cuentan con un sistema de navegación GPS satelital, facilitando así la comunicación de información con el centro de comando, pudiendo hasta recibir órdenes de alteraciones en la trayectoria.
Sin embargo, cada unidad cuesta alrededor de 3.6 millones de dólares estadounidenses y tarda casi dos años en construirse, por lo cual tan sólo un centenar de ejemplares se producen cada año. Esto también explica que las reservas son limitadas y sólo pueden ser renovadas en pequeñas cantidades: por ejemplo, en el presupuesto de defensa de Estados Unidos del año pasado, fueron adquiridas únicamente 57 unidades.
Desde los primeros días del conflicto, altos mandos del Pentágono advertían sobre la insostenibilidad de los ritmos de lanzamiento a largo plazo. Esta preocupación no ha hecho más que aumentar mientras más se prolonga el conflicto.
Recientes declaraciones sobre la “Operación Furia Épica” e informes sobre los desplazamientos de activos militares estadounidenses han dejado ver que el conflicto se ha prolongado más allá de lo esperado.
Tomando eso en cuenta, especialistas han apuntado a que el problema principal de Estados Unidos en esta guerra no es cuánta capacidad militar tiene, sino cuánto tiempo puede sostener este ritmo de fuego en un conflicto asimétrico contra un adversario que parece querer desgastarlo.
También empiezan a hacer falta misiles de intercepción
Casi inmediatamente después de que Israel y Estados Unidos lanzarán los primeros ataques, Irán comenzó a replicar con lanzamientos de drones y misiles contra bases militares y diplomáticas estadounidenses en los países del Golfo al igual que hacia localidades civiles y militares israelíes.
Para defenderse ante estos ataques, países aliados a Estados Unidos en la región tienen reservas de misiles de intercepción. De igual manera, Israel cuenta con lo que comúnmente se llama el “Domo de Hierro”: un sistema móvil de defensa aérea, equipado con sus propios misiles de intercepción producidos por las empresas nacionales Rafael Advanced Defense Systems e Israel Aerospace Industries
Sin embargo, analistas estiman que cada misil de intercepción producido y usado por Estados Unidos, Israel y sus aliados en la región es 20 veces más caro que los drones lanzados por Irán con cada unidad iraní costando entre 20 y 50 mil dólares contra un costo de entre 100 mil y millones de dólares por cada misil de intercepción.
Esto se explica por el hecho de que al estar sometida a sanciones económicas en casi todos los sectores por más de 40 años, la República Islámica ha construido una industria armamentística casi autosuficiente y a un costo mucho más bajo.
Por lo cual, la estrategia de Teherán parece ser enviar ondas de misiles y drones hacia objetivos estratégicos por toda la región, con el objetivo de agotar las reservas de misiles de intercepción de sus adversarios
Es lo que estiman analistas: si la guerra se prolonga, lo primero que empezaría a faltar serían las municiones para los misiles de precisión y de intercepción al igual que sus lanzadores, por ejemplo, el sistema de Defensa de Área de Gran Altitud Terminal (o THAAD por sus siglas en inglés).

Asimismo, las reservas de misiles de intercepción más usados por los países del Golfo, los misiles “Patriot” y “SM-6”, también se están agotando.
Esto nos muestra que la estrategia de desgaste ya no afecta solo la capacidad de atacar, sino también la de defenderse ante un ataque enemigo.
¿Qué implica esto para la geoestrategia de Estados Unidos?
Puesto que toma tanto tiempo producirlos, la única otra opción que tiene Estados Unidos es redistribuir sus recursos desde otras regiones estratégicas en las que tiene una importante presencia militar.
Esta parece ser una estrategia que el Pentágono está considerando: medios estadounidenses reportaron que Estados Unidos estaría contemplando redirigir municiones destinadas a Ucrania para reabastecer sus reservas en Oriente Medio.
Igualmente, está el caso del despliegue de tropas de la Marina y División Aerotransportada, quienes estaban basados o se dirigían hacia el Indo-Pacífico, y que ahora se encuentran en camino a las costas de Irán y el Golfo Pérsico.
Si además consideran mover otros activos militares de esa región, podrían estar haciéndola más vulnerable a la influencia de China, quien según un reporte de Reuters parece estar preparándose para un enfrentamiento militar naval contra Estados Unidos.
Esto nos abre un dilema estratégico para Washington: cuánto puede concentrarse en este conflicto sin debilitar su postura global y al mismo tiempo hacer frente a la sobreextensión de sus capacidades militares.
La respuesta de Washington y lo que esto revela de la estrategia iraní
Públicamente, la Casa Blanca y el Pentágono niegan que haya una escasez crítica de municiones.
[El ejército estadounidense] cuenta con reservas más que suficientes de municiones y armas para alcanzar los objetivos de la 'Operación Furia Épica' establecidos por el presidente Trump, y mucho más", afirmó este mes la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt.
Reportes recientes han revelado que el Gobierno de Estados Unidos ha buscado reuniones con algunos de los principales fabricantes de armas, Raytheon y Lockheed Martin, lo que podría indicar que sí les preocupa el ritmo de consumo y el riesgo de agotamiento.
Del lado iraní, la apuesta no parece ser una victoria rápida, sino una lógica de supervivencia, resiliencia y desgaste. E incluso si su capacidad militar se degrada, para Teherán resistir y encarecer la guerra puede ya ser una forma de éxito estratégico.
Además, la falta de claridad y transparencia sobre las acciones objetivo final del Ejecutivo estadounidense ha comenzado a provocar frustración y una oposición mucho más vocal al conflicto, por parte de los demócratas, pero también de los republicanos.