Ni las brujas ni las princesas son como las pintan
El musical teatral, dirigido por Miguel Septién, que entrelaza a varios personajes del folclor infantil, pero mostrando las consecuencias de sus actos y cuestionando el final feliz, se presenta en el Teatro Milán

¿Y qué tal que en los cuentos que conocemos no hay al final un “Y vivieron felices para siempre”? Si las brujas no fueran tan malas y tuvieran motivos para ser como son o las buenas no fueran tan bondadosas, sino que también se cuestionaran lo que les sucede y tomarán decisiones más que sólo esperar su destino.
El musical Into the Woods, que en México lleva por título Dentro del bosque y que cursa su temporada en el Teatro Milán, bajo la dirección de Miguel Septién, justo es la historia atípica de todos esos personajes, que se combinan en una misma trama.
Todo inicia con la historia de un panadero y su esposa, quienes desean tener un hijo, pero sufren la maldición de la infertilidad por una bruja, a quien, a su vez, se le maldijo con la fealdad.
La maldición de ella se romperá, y por tanto la de ellos, sólo si el panadero y su esposa obtienen cuatro elementos: Una vaca blanca como la leche, una capa roja como la sangre, un cabello amarillo como el maíz y una zapatilla pura como el oro.

Es así como se conjugan los cuentos de Jack y las habichuelas mágicas, Caperucita Roja, Rapunzel y Cenicienta. Será más tarde, luego de que cada uno obtenga lo que quería, que se percaten de que quizá ese “final feliz”, no es tan feliz y que las decisiones siempre pueden cambiar el curso de la vida.
En entrevista con Excélsior, Eduardo Siqueiros, quien recrea al panadero, platicó acerca de este proceso creativo.
Es un material muy interesante con los personajes que conocemos del folclor de los cuentos de hadas. El panadero y su esposa emprenden este viaje para poder buscar los objetos en el bosque y romper el hechizo para poder tener hijos. En el camino se encuentran con estos otros personajes que también están en su búsqueda.
Conecta con los deseos que todos tenemos de conseguir algo y, cuando ya lo tenemos, queremos algo más. El panadero aparece en toda la obra, así que es parte del desafío, además de qué la historia y la música nos retan emocional y actoralmente”, destacó Siqueiros.
Flor Benítez interpreta a la bruja. Al pensar en ella de inmediato remite a la maldad, pero marcará una pauta distinta a este estereotipo.

Son personajes muy retadores, es una pieza muy particular y las construcciones siempre vienen, un poco, de la premisa que uno propone y acompañados de la mano de Miguel, quien es nuestro director. En mi caso ha sido una búsqueda bastante exhaustiva, pues en el primer acto muestra una cosa y en el segundo se va por otro lado.
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Entonces la corporalidad y la voz cambian. A nivel emocional, al principio, se puede leer que va por una vertiente y al final, como toda buena historia, nos comparte una moraleja y algo dónde construir además del arquetipo de lo que conocemos de una típica bruja. Son personajes que son espejo de uno en muchas ocasiones y la gente que viene a vernos nos comparte todo lo que les genera ver esta puesta en escena y cómo hacen mancuerna con las historias que se están contando”, destacó Benítez.
Luisa Cortés es Cenicienta y lleva uno de los elementos que se buscan en este viaje: la zapatilla. Pero no es sólo esa mujer que vivió la historia de amor con el príncipe azul, sino que cambia su perspectiva con el paso de la trama.
Fue un proceso muy retador. De entrada, formar parte de una partitura como la de Stephen Sondheim es un reto para cualquiera de los personajes de este musical. El libreto, si bien tiene palabras hermosas, por lo menos para mí era salirme de la idea ya preconcebida de cenicienta. Miguel me llegó a decir: ‘no es una princesa estereotípica’. Es un personaje que incluso en su viaje se da cuenta que no todo es blanco o negro, sino que hay una escala de grises.

Ella comienza con un deseo para salir de la situación en la que está, pero luego se da cuenta que, una vez que lo tiene, hay cosas buenas y malas por obtener lo que quieres y que hay que plantearse qué es lo que quieres después”, acotó Cortés.
La obra de Stephen Sondheim (música y letras), James Lapine (libro) y traducción de Miguel Septién, cuenta además con un elenco conformado por Jimena Parés, Alberto Lomnitz, Alain Peñaloza, María Perroni Garza, Gaby Castillejos, Prudence, Andrés Elvira, José Grillet, Cinthya Annel, Eva Padrón, Bruno Uribe, Sofía Tovar y Aguacate.
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