Normalizar el dolor puede costarte la vida

Juana Ramírez

Juana Ramírez

El Arco de Juana

¿Cuántos de nosotros negociamos con el dolor? lo convertimos en rutina, lo adaptamos a la agenda y hasta le cambiamos el nombre: cansancio, edad, estrés. Y en esa negociación silenciosa, el sistema de salud pierde tiempo y los pacientes, calidad y años de vida. Normalizar el dolor es un grave error clínico colectivo. No entendemos –o no queremos– que el dolor no es sólo un síntoma: es una valiosa fuente de información biológica. Es un mecanismo de alerta del cuerpo. Y cuando se ignora –por el paciente, por el entorno o por falta de acceso–, se convierte en la antesala peligrosa de diagnósticos tardíos, tratamientos más complejos, mayor costo y peor pronóstico. 

El retraso diagnóstico es uno de los grandes problemas estructurales en salud pública y el dolor crónico que se ignora o se contrarresta con analgésicos frecuentemente automedicados es uno de sus principales cómplices. El problema no es sólo epidemiológico, también es cultural y demuestra la urgente necesidad de educar tanto a la población como a los médicos de primer contacto. Aquí algunos ejemplos: El cansancio es probablemente uno de los síntomas más normalizados y más peligrosamente ignorados. Las mujeres suelen atribuirlo al estrés, la carga laboral o al ciclo menstrual. Sin embargo, también puede deberse a una anemia por deficiencia de hierro, trastornos tiroideos o enfermedades más complejas. De hecho, más de 30% de las mujeres en edad reproductiva en México tienen anemia.

La automedicación con antiácidos es otro caso común. Para muchos mexicanos el ardor, la acidez o la distensión abdominal es parte de su cotidianidad. Sin embargo, puede tratarse de enfermedad por reflujo gastroesofágico, infección por Helicobacter pylori o, en casos más graves, lesiones premalignas. En el país la prevalencia de infección es casi de 70% en la población adulta y, sin tratamiento oportuno y adecuado, esta bacteria se asocia a gastritis crónica, úlceras y cáncer gástrico.

La salud mental sigue siendo otro de los territorios donde más se normaliza el dolor. La tristeza persistente, la pérdida de interés, el insomnio o la fatiga emocional se diluyen en frases como “échale ganas”. Pero puede tratarse de depresión clínica. Se estima que en México más de 3 millones de personas viven con depresión y menos de la mitad recibe atención. Otro buen ejemplo es el dolor de cadera del adulto joven. Durante años, éste era un problema asociado a la vejez, pero hoy se sabe que patologías como el pinzamiento femoroacetabular son una causa frecuente de dolor en adultos jóvenes y deportistas que frecuentemente se subestima.

Dolor en la ingle, molestia al sentarse, incomodidad al hacer ejercicio que se atribuye a sobrecarga o mala postura. Se medica, se ignora, se adapta. Mientras tanto, la articulación se deteriora. El pinzamiento femoroacetabular puede explicar hasta 70% de las artrosis de cadera en menores de 50 años. El problema no es sólo el paciente, también están los médicos que minimizan el dolor intermitente sin un antecedente traumático claro. Pero ése es precisamente el patrón de muchas patologías articulares iniciales. –A propósito de patologías de cadera, les recomiendo mi episodio de esta semana en Health Café con el doctor Víctor Ilizaliturri, médico ortopedista especialista en cirugía articular y de cadera–.

Normalizar el dolor en en cualquier parte del cuerpo tiene consecuencias medibles: una progresión a enfermedades degenerativas, tratamientos más invasivos –cirugía vs. manejo conservador–  incremento en costos para el sistema de salud, pérdida de productividad y de vidas. Necesitamos transitar de una cultura de tolerancia al dolor a una que atienda las señales tempranas. El dolor no es debilidad, es evidencia y entenderlo requiere de una sociedad que no romantice el soportarlo, de médicos que no minimicen síntomas y de un sistema de salud que priorice el diagnóstico temprano.  

Acostumbrarse nunca debería ser una opción, así que, sin importar cuál sea su edad, si tiene un dolor que sigue manejando con analgésicos, vaya a consulta y no se conforme con interpretaciones a la ligera que no incluyan los estudios necesarios. El cuerpo siempre habla. El error es que convertimos sus advertencias en costumbre y dejamos de escucharlo.