La historia de Portugal se resguarda en la 'Casa de la memoria'
En el edificio en forma de “T” se encuentra la historia documental de Portugal desde el siglo IX a la fecha

LISBOA.
La historia de Portugal, tanto los documentos fundacionales de la nación lusa como los de la identidad de sus habitantes, se resguarda a través de mil fondos documentales y 30 millones de imágenes en un edificio de 25 mil metros cuadrados en forma de “T”.
Este archivo nacional, establecido en 1378 para albergar los escritos provenientes de la cancillería real portuguesa, es una de las instituciones más antiguas de esta nación y, según su director Silvestre de Almeida, se encuentra a la vanguardia en Europa por ofrecer servicios “que hacen accesible su acervo al público de manera gratuita o a precios bajos”.
Inaugurada en 1992 y diseñada por el arquitecto Arsénio Cordeiro y el escultor José Aurélio, la actual sede es un inmueble singular con gárgolas, que preserva cien kilómetros de documentos, desde el siglo IX a la fecha.
El principal archivo portugués era resguardado, desde finales del siglo XIV, en la torre del Castillo de San Jorge, que fue destruida por el terremoto de 1755; por lo que la documentación fue transferida al Convento de San Bento da Saúde, actual Asamblea de la República, donde permaneció hasta que se abrió el nuevo espacio.
Su nombre se debe a que resguarda el Livro do Tombo, uno de los principales volúmenes del reino. Se ha convertido en la casa de nuestra memoria”, comenta De Almeida durante un recorrido por las distintas salas y las siete cajas fuertes (habitaciones especiales) que albergan los manuscritos, pergaminos y libros antiguos.
La Torre do Tombo custodia la historia escrita y visual de las instituciones gubernamentales, religiosas y aristocráticas, sin olvidar la vida cotidiana de los lusos. Por ejemplo, documentos de las propiedades de los reyes y el equipo real desde el siglo XII y registros de los cristianos que fueron hechos prisioneros en Marruecos; pero también una cartografía de las costas de México en el siglo XVI y la Abolición de la Pena de Muerte en 1867.
El director detalla que aquí se encuentran los registros de bautizo, casamiento y nacionalidad de los portugueses; así como los protocolos notariales y documentos de sus propiedades. “Algo digno de destacar son los estudios y registros policiacos realizados durante la dictadura, de 1926 a 1974. Hay seis millones de nombres de personas sobre las cuales la policía fascista pidió información. Las fichas normales de presos incluyen la foto policial, el nombre, el estado civil, la profesión y la biografía prisional”, describe.
El promotor agrega que poseen material sorprendente: “Tenemos un kilómetro de documentos de los juicios que el Santo Oficio llevó a cabo en Brasil, Évora, India y Praga. Y el tintero con el que este tribunal escribía los procesos”.
Los escritos más actuales incluyen una copia del Tratado de Adhesión de Portugal y España a la Unión Europea, escrito en diez idiomas, que tiene 15 mil 380 páginas y pesa 73 kilos.
JUSTICIA POÉTICA
De Almeida afirma que la Torre do Tombo es un archivo muy cercano a la gente, porque cualquier persona –investigador, estudiante o ama de casa– puede solicitar documentos, imágenes o libros antiguos, gracias al proceso de digitalización que han emprendido de manera sistemática desde 2005.
Se digitalizan un millón 200 mil imágenes por año, además de documentos y libros enteros. Tenemos 30 millones de imágenes en Internet, con acceso gratuito. Y, respecto a los pedidos, se cobra 15 centavos de euro por página si ya está digitalizada, y, si no, 75 centavos”, indica.
Explica que los criterios para digitalizar son, en primer lugar, atender los pedidos; en segundo, los documentos que están en mal estado; y, un tercer criterio, es salvaguardar “lo más vital para la historia del país, es decir, documentos de Estado y sobre la identidad”.
Torre do Tombo ha sido reconocido en dos ocasiones por la Unesco, inscribiendo dos de sus títulos en el Programa Memoria del Mundo: en 2005 entró la Carta de Pêro Vaz de Caminha, el primer documento que describe la tierra y la gente de lo que más tarde se convertiría en el Brasil; y en 2007 con el Corpo Cronológico, una colección de manuscritos sobre los descubrimientos portugueses en África, Asia y América Latina.
De Almeida asegura que cada vez crece más la colaboración de esta “casa de la memoria” portuguesa con los archivos de diversos países de América, incluido México. “En 2019 participaremos de una forma más activa, pues será el Año Internacional de los Archivos”, concluye.
cva
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