Encrucijada

Los mercados están nerviosos. Las reservas petroleras no son suficientes. La Pascua se ha visto lamentablemente teñida de sangre y balas. Estamos en una “encrucijada”, en el sentido más clásico de la palabra. Este término entraña una profundidad semántica que trasciende la imagen de un simple cruce de caminos. El planeta se encuentra en un dilema existencial que ya no se puede comprender con los viejos discursos de un orden mundial que ha sido rebasado por los acontecimientos.

Desde su concepción original, la palabra “encrucijada” proviene del latín in cruce via, que literalmente significa “en el cruce del camino”. Esta etimología revela la esencia misma del término: un punto de encuentro, de convergencia, o de múltiples dudas y vacilaciones donde se abren múltiples posibilidades hacia un futuro cada vez más incierto.

A través de los siglos, las encrucijadas han sido sitios inmejorables para emboscadas y traiciones, debido a la dificultad de predecir la dirección de procedencia de un posible ataque. Aunque este uso de la palabra es menos frecuente en la actualidad, su esencia permanece para significar la presencia de un peligro inminente. 

Desde tiempos inmemoriales, las encrucijadas encierran un gran simbolismo. En muchas latitudes se les percibía como sitios mágicos o sagrados, puntos de conexión entre el mundo material y los confines espirituales. 

La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán se encuentra en una “encrucijada” con pronósticos reservados. Ayer, el presidente Trump declaró que Irán “entero” podría ser “eliminado” el martes por la noche. “Todo el país podría ser eliminado en una sola noche, y esa noche podría muy bien ser la de mañana (martes)”, afirmó.

 Se sigue hablando de una tregua; sin embargo la capacidad militar de Estados Unidos es capaz de destruir infraestructura y plantas energéticas de Irán en tiempos relativamente cortos. Bajo esa tesitura, la “encrucijada” planteada a partir del ultimátum de Trump a Teherán sigue siendo motivo de especulación por parte de analistas y expertos.

 Si el martes por la noche Irán no abre el estrecho de Ormuz, el conflicto desencadenado el 28 de febrero por un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán podría causar miles de muertos y provocar una escalada de los precios del petróleo que acelere una recesión mundial.

BALANCE 

Es difícil dar cifras sólidas; sin embargo, el conflicto militar en Oriente Medio ha dejado ya un saldo preliminar de más de 3 mil 400 muertes, con más de 1,900 muertos en Irán y al menos 13 militares estadunidenses fallecidos, según informes de NBC News. El conflicto aún no se ha generalizado en la región; no obstante, diversas naciones se preparan para entrar de lleno a la guerra si el estrecho de Ormuz permanece virtualmente cerrado a la navegación.

En la misma dirección, la guerra ha generado un alto costo económico. Se estima que casi 12 billones de dólares se han erogado durante los primeros seis días del conflicto. Los gastos militares continúan aumentando a un ritmo cercano a un billón de dólares por día, impulsados por el uso intensivo de municiones, operaciones aéreas y navales. Se calcula que si el conflicto continúa en el largo plazo, los costos totales podrían superar los 200 billones de dólares.

Parados ante la “encrucijada”, el futuro luce oscuro e inquietante; la apuesta es de alto calibre. La comunidad internacional espera inquieta y paralizada en un vacío multilateral propio de una organización maniatada como lo es la ONU en la actualidad. Los temores del escalamiento, el terrorismo e incluso opciones militares terminales se barajan ante la incertidumbre que genera la imposibilidad de una tregua. Ojalá termine prevaleciendo la racionalidad.