A 10 años de su muerte: Prince y su vida secreta como Testigo de Jehová
A una década del fallecimiento de Prince, resurgen los detalles más sorprendentes de su vida fuera del escenario.

Este 21 de abril de 2026 se cumplen diez años de la muerte de Prince, una de las figuras más influyentes y enigmáticas de la música contemporánea. Su fallecimiento, ocurrido en su residencia de Paisley Park en 2016, marcó el fin de una era, pero no detuvo el interés por su vida personal, que sigue revelando capítulos sorprendentes.
Más allá del artista que revolucionó el pop, el funk y el R&B, existía una faceta poco conocida que hoy vuelve a cobrar relevancia: su compromiso con la fe y su vida como Testigo de Jehová.
De ícono a hombre de fe
Durante los años 80 y 90, Prince fue sinónimo de sensualidad y libertad creativa. Sin embargo, hacia finales de los años 90 comenzó un cambio profundo en su vida personal.
La influencia del músico Larry Graham fue clave en este proceso. A través de largas conversaciones durante giras, el artista inició una búsqueda espiritual que culminó en su bautizo como Testigo de Jehová en 2001.

Desde entonces, adoptó una vida más reservada y alineada con sus creencias religiosas, lo que impactó directamente en su carrera artística.
Cuando la fe transformó su música
El cambio espiritual no fue superficial. Prince tomó decisiones radicales respecto a su propio catálogo musical.
Entre las más comentadas está el hecho de que dejó de interpretar algunos de sus temas más icónicos por considerarlos incompatibles con su nueva fe. Canciones cargadas de contenido sexual desaparecieron de sus presentaciones en vivo o fueron modificadas para eliminar referencias explícitas.
También se volvió estricto con el lenguaje dentro de su entorno. En Paisley Park, se dice que implementó reglas para evitar el uso de palabras ofensivas, reflejando el nivel de compromiso que tenía con su nueva forma de vida.
De estrella mundial a predicador anónimo
Uno de los aspectos más impactantes de esta etapa fue su labor como predicador. Lejos de los escenarios, Prince participaba activamente en actividades religiosas, incluyendo la predicación de puerta en puerta.
Vecinos de zonas residenciales en Minneapolis relataron experiencias sorprendentes al abrir la puerta y encontrarse cara a cara con una superestrella internacional ofreciendo mensajes bíblicos.

En muchas ocasiones, el artista se presentaba con su nombre real, Rogers Nelson, evitando hacer referencia a su fama. Vestía de forma discreta y buscaba entablar conversaciones sobre espiritualidad, generando reacciones que iban desde el asombro hasta la incredulidad.
Salud, creencias y una batalla silenciosa
A diez años de su muerte, también se revisa el impacto que su fe tuvo en su salud. Prince padecía fuertes dolores físicos, especialmente en las caderas, resultado de décadas de exigencia sobre el escenario.
Sus creencias religiosas influyeron en las decisiones médicas que estaba dispuesto a tomar, lo que complicó ciertos tratamientos. Ante el dolor, recurrió a alternativas que eventualmente derivaron en el consumo de medicamentos potentes.

Su fallecimiento, ocurrido por una sobredosis accidental, puso en evidencia una lucha interna que el público desconocía en gran medida.
Un legado lleno de contrastes
La historia de Prince está marcada por contrastes, como un artista que rompió esquemas y desafió normas, pero que en su vida privada buscó disciplina, fe y propósito espiritual.
Hoy, su legado musical sigue vigente, mientras su historia personal continúa despertando interés y debate. La imagen del cantante que llenaba estadios convive con la del hombre que tocaba puertas en silencio, lejos de los reflectores.

A una década de su partida, el mito persiste, pero también crece la curiosidad por entender al ser humano detrás del ícono. Porque si algo dejó claro su historia, es que incluso las figuras más grandes pueden tener vidas profundamente inesperadas.
AAAT*