Trabajo de cuidados vs. trabajo remunerado: dilema de desarrollo

Columnista Invitado Nacional
Maira Melisa Guerra Pulido*
Las mujeres mexicanas compiten en una carrera de obstáculos cuando se trata de ascender socialmente. Para la mayoría, es un desafío conciliar las esferas de lo público y lo privado. Los trabajos de cuidados, que son realizados principalmente por las mujeres y muchas veces sin percibir ingresos, son las actividades que sostienen la vida en general y, particularmente, la productiva. Los trabajos de cuidados se desarrollan a la par de la necesidad de trabajos remunerados y los primeros, a pesar de ser los que sostienen la vida, mantienen “pegadas” a las mujeres a un piso que les impide un desarrollo profesional en circunstancias de igualdad frente a los hombres.
En el Informe Movilidad Social y Cuidados. Un vínculo Inseparable (Centro de Estudios Espinosa Yglesias, 2026), se analiza la relación entre la organización social del trabajo de cuidados, desde un enfoque de distribución de necesidades y responsabilidades al interior de los hogares, con la movilidad social en México. Plantea que entre más inequitativa es esa distribución, así como el acceso a oportunidades, mayor es la dificultad de ascender socialmente para la parte con mayor carga en los trabajos de cuidado.
Entre los indicadores que presenta el Informe, el factor socioeconómico de la familia a la que se pertenece es un elemento determinante en la movilidad social: 73% de las personas cuidadoras ubicadas en los estratos más bajos no logra salir de esa condición a lo largo de su vida; 9 puntos porcentuales arriba de quienes no realizan labores de cuidados.
Otro de los indicadores aborda la movilidad social a partir del nivel de escolaridad de la población con relación a la de sus padres. Cuando el grado alcanzado por los padres es de primaria o menos, 42% de la población que realiza trabajos de cuidados no lo supera, en comparación con quienes no realizan ese tipo de actividades, donde el porcentaje es de 35%, lo que les permite contar con mejores oportunidades educativas.
El estudio muestra que tres cuartas partes de las personas que realizan trabajos de cuidados son mujeres. Y que el solo hecho de ser mujer aumenta 10 veces la desigualdad de oportunidades entre quienes realizan trabajos de cuidados. Esto se debe, en buena medida, a que las mujeres aceptan trabajos precarios o de medio tiempo que les permite cuidar a los familiares, ya sean infancias, personas adultas o con discapacidad, aun en contra de su propio desarrollo personal.
Complementa este círculo vicioso la carencia de una disponibilidad de servicios de cuidados institucionales como parte de la corresponsabilidad que debería asumir el Estado. Las necesidades de cuidados en nuestra sociedad son muchas. La Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC) 2022 mostró que 77.8% de los hogares en México cuenta con personas susceptibles de recibir cuidados, lo que equivale a 58.3 millones de personas, de las cuales 35.5% no lo recibe.
El informe señala que contar con servicios de cuidados mejora 2.5 veces más la movilidad social respecto a donde no los hay, lo que reduce la población que permanece en los sectores de menos recursos, dado que quienes hoy realizan esas actividades podrían ingresar al mercado laboral. Una política de cuidados que busque equilibrar las cargas de la responsabilidad en los hogares requiere respeto y flexibilidad en horarios laborales, licencias de maternidad y paternidad, guarderías y escuelas de tiempo completo suficientes que permitan a las personas cuidadoras, mujeres en su mayoría, disponer de tiempo para no renunciar a su proyecto de vida, a sus estudios ni a su trabajo.
Los sistemas de cuidados no sólo tienen impactos favorables en quienes cuidan, principalmente mujeres, y en quienes requieren cuidados, sino en el bienestar y desarrollo de la sociedad en general.
*Mexicana, politóloga, feminista, activista menstrual. Licenciada en ciencias políticas y relaciones internacionales, CIDE