Shaquille O’Neal conquista la Ciudad de México con tenis nuevos y lucha libre

La leyenda de la NBA, Shaquille O’Neal, aterriza en la Ciudad de México para presentar su línea de calzado, reafirmando su conexión emocional con el país y compartiendo ring con figuras del CMLL

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Shaquille O'Neal convivió con Esfinge ,Gran Guerrero y Kemalito.CMLL

El concreto de la Ciudad de México suele ser inclemente, pero bajo el paso de Shaquille O’Neal, el suelo parece reconocer una autoridad distinta. No es sólo la físico de un hombre que roza 2.16 m; es la gravedad que arrastra consigo un carisma que no entiende de fronteras ni de idiomas. El cuatro veces campeón de la NBA no vino a la capital mexicana simplemente a cumplir con la agenda de un embajador de marca; vino a reclamar una identidad que, según él, nació en las calles de San Antonio, Texas.

En México, mi verdadero nombre es Shaquille González”, soltó con esa sonrisa socarrona que lo mismo intimidaba a gigantes en la duela que derretía el hielo en las conferencias de prensa. 

Para O’Neal, el lanzamiento de su línea de calzado en América Latina tenía que ocurrir aquí. No es una decisión de logística, es una cuenta pendiente con su propia formación. Rodeado de la calidez tricolor desde su juventud, Shaq entiende que la mexicanidad no es un pasaporte, sino un estado de ánimo que aprendió a respetar mientras crecía entre la comunidad hispana en el sur de Estados Unidos.

De la duela al pancracio

La visita alcanzó su clímax cuando la elegancia del baloncesto se topó con el misticismo de la lucha libre. En un encuentro que parecía diseñado por un guionista de realismo mágico, O’Neal se vio flanqueado por la realeza del Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL). Esfinge, con su porte egipcio; Gran Guerrero, personificando la rudeza más pura; y el carismático Ke Malito, formaron una guardia de honor para el gigante de Newark.

Ver a Shaq junto a los gladiadores fue contemplar dos formas de espectáculo que se alimentan del rugido de la grada. El exjugador, un estudioso del entretenimiento, no ocultó su fascinación por las máscaras y el simbolismo del ring. En ese espacio, entre cuerdas y llaves, O’Neal no era el multimillonario de los negocios; era el niño que admiraba la fuerza y la narrativa del bien contra el mal.El valor de ocho segundos

Para los fans, la presencia de "Shaquille González" fue un torbellino. Hubo quienes cruzaron la ciudad con un balón para buscar una firma.

O’Neal caminó por las calles de la capital no como un turista que observa desde la vitrina, sino como alguien que busca reencontrarse con el sazón y el bullicio que conoció en Texas.

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