El pelo revuelto en su maciza cabeza lo envolvía en la personalidad de un director de música moderna, clásica. Durante un par de décadas, 1970-1980, se le denominó al gran maestro neerlandés Jan Timman El Mejor del Oeste, en alusión comparativa a la dominante fuerza mundial de los ajedrecistas del Este de la URSS.
De hecho, en 1982 sólo era superado en fuerza por el gran maestro uralés Anatoly Karpov. El mundo recibe con emoción la sensible desaparición física de Timman, uno de los mejores competidores que enriqueció el juego de ajedrez con análisis de sorprendente precisión, si bien se apartó de seguir un camino metodológico en el estudio. Se le calificó de aventurero y heterodoxo. Disfrutaba del buen vino, del placer de la música, de la excitación del zeitnot, como él lo expresó: “Adición por la tensión de la lucha”, y de leer a Borges, Tolstói, Dostoyevski y Kafka.
Siempre en proceso de aprendizaje y superación en la búsqueda de la verdad y el descubrimiento de los arcanos misteriosos del tablero. Timman (Arnhem, Ámsterdam, 14 de diciembre de 1951 – Arnhem, miércoles 18, 2026) aprendió el ajedrez a los ocho años, fue nueve veces campeón nacional de Países Bajos, de 1971 a 1974.
Su primer campeonato lo jugó a los 17 años y el último a los 72. Compitió en 13 olimpiadas, 11 como primer tablero y oro olímpico en Haifa 1976 como primer tablero. Ganó los principales torneos internacionales: dos veces Wijk aan Zee, en 1981 y 1985; Linares 1988, Copa Mundial 1989, Mar del Plata 1982, adelante de Kárpov, Lajos Portisch, Bent Larsen… Triunfó (+9=6-0) en el Torneo Interzonal de Taxco (1985), que organizó Alfredo Checa Curi, adelante del cubano Nogueiras y del genio de Riga, Mikhail Tal. En 1991, en el Imopar activo de París, venció a Kamsky, Kárpov, Anand y al monarca Kaspárov.
Escribió un libro fascinante, El arte del análisis, con amenidad y profundidad que se convirtió en un clásico del que, en opinión general de los Gms, está en el mismo nivel que Los grandes maestros del tablero, de Richard Réti, y Mi sistema, de Aron Nimzowitsch. Con la influencia de Mikhail Botvinnik y Bobby Fischer, refiere en su libro, en forma divertida, cómo se apartó del método de preparación física sugerido por el soviético.
“Abandoné el malsano estilo de vida, me fui al campo, durante tres meses, a respirar aire puro. En mi maleta sólo llevaba libros y prendas de vestir. Viví como un fanático de la salud. Mi cuerpo desbordaba tanta energía que, al comenzar el torneo… perdí las cinco primeras partidas. Abandoné la disciplina espartana y regresé a mi malsano estilo de vida”.
Una frase humorística que no se debe creer al pie de la letra. Su amor por la madera, se sabe que estudiaba un mínimo de diez días durante horas, una línea de apertura, era de entrega total. Fue periodista, escritor y director de Shaack Bulletin y de New in Chess, acaso la más prestigiosa revista del mundo que ahora dirige con igual amor y profesionalismo Dirk Jan ten Geuzendam. Fértil en ideas e imaginación, Timman compuso poco más de 100 finales artísticos.
