Los secretos del Coloso de Santa Úrsula pasado-presente, un legado invaluable
El hoy Estadio Banorte fue planeado como una joya arquitectónica que marcó una nueva historia en México; Javier Ramírez Campuzano compartió los primeros planos del recinto

Hay grandes escenarios y escenarios históricos. Con la tercera inauguración de un Mundial en puerta, el ahora Estadio Banorte, además de considerarse una catedral del futbol, es una obra clave de la Ciudad de México para el resto del planeta. Seis décadas después, el Coloso de Santa Úrsula es una impronta del pasado y presente de la capital del país.
Si en 1970 ese inmueble del sur de la ciudad tuvo una presentación inolvidable, en 1985 fungió como sustituto inesperado, pero con una emergencia nacional previa.
Hay que entender el contexto de la época. En 1985, México sufrió un terremoto muy lamentable que trajo consigo unas tragedias muy dolorosas,una cantidad de víctimas muy grande. Y vivíamos en una inflación muy alta. Recordemos que ese Mundial no iba a ser en México, sino en Colombia, pero México salió al rescate”, refiere el arquitecto Javier Ramírez Campuzano, hijo y guardián del legado de su padre, Pedro Ramírez Vázquez, uno de los grandes responsables precisamente de definir el paisaje urbano de la Ciudad de México.
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Obviamente había grandes dirigentes deportivos. Guillermo Cañedo, con gran habilidad y sensibilidad, convenció a la FIFA de que México podía ser el anfitrión”, dice el también director de Ramírez Vázquez y Asociados.

Emilio Azcárraga tuvo la visión de mostrar el Mundial como una gran fiesta, porque en el mundo se tenía la impresión de que México era una ciudad devastada por un sismo, una situación precaria por la inflación que se vivía.
En su día, Futbol del Distrito Federal trajo a un técnico inglés, el responsable de la conservación del pasto de Wembley. Sin embargo, cuenta Ramírez Campuzano:
Aquí se encontró a un técnico en jardinería, un señor ya grande que se llamaba Moisés Domínguez, que conocía de pastos bárbaro, y el ‘pastólogo’ inglés, pues no vino a enseñar, sino que salió bien aleccionado, porque este señor le dio clases de la variedad de pasto que se tenía que sembrar y en qué momento cada uno”.
El inmueble ha tenido remodelaciones menores, ninguna como la que se presentará para el juego inaugural del Mundial 2026 entre México y Sudáfrica, el próximo 11 de junio.
En ese sentido, la pregunta es impostergable. ¿Le llamaron a Ramírez Vázquez y Asociados los encargados de la remodelación?

Nada”, contesta Ramírez Campuzano. “Estoy haciendo señalización, trabajo de diseño gráfico. Yo sé que está a cargo ICA. A mí ICA me pidió planos, pero no les di nada. Lo que pasa es que me las pidieron dizque para un libro, pero no es cierto”.
Al final del día, no hay nada como la honestidad ante un proyecto de la naturaleza que está impactando en el Coloso de Santa Úrsula.
Si me dicen algo, les presto encantado lo que quieran. Pero no voy a prestar nada a un contratista para que lucre con mi información”, establece el arquitecto.
Y se está adecuando de acuerdo a la concepción original, dejar la estructura visible, en fin, Se está respetando la personalidad del estadio, obviamente adecuando los nuevos tiempos, tecnología. Habrá menos capacidad, pero con mejores servicios de consumo y comodidad”.
Defendió la soberanía cultural en los diseños
El peso del apellido y la propia trayectoria del arquitecto Javier Ramírez Campuzano obligan a escucharlo con atención.
La escena ocurrió durante uno de esos procesos que rara vez trascienden: la selección de carteles para el Mundial 2026. Puedo decir una anécdota exactamente personal.
Me llamaron de jurado. para escoger carteles de los partidos del Mundial”.

La dinámica parecía clara. Cada participante presentaría propuestas para las sedes de Monterrey, Guadalajara y CDMX. Después, el jurado elegiría diez finalistas. El último filtro, sin embargo, no estaría en manos nacionales.
Llamó Xavier Bermúdez, una persona muy educada, muy fina”, recuerda el arquitecto sobre el enlace con la FIFA. Los diseños seleccionados serían evaluados por especialistas suizos. Ramírez Campuzano no lo dejó pasar.
Cuestionó la idea de que el veredicto definitivo recayera en expertos extranjeros y defendió un principio elemental: si el evento ocurre en México, su identidad visual debe resolverse desde México.
Un jurado tiene que elegir al ganador”, relata. Antes de ir más lejos, no estaba de acuerdo en que fueran otros quienes definieran “cómo nos debemos identificar los mexicanos”.

Estadio Banorte, una joya arquitectónica y punta de lanza
Ganada la candidatura para ser sede del Mundial de 1970, México extendió una invitación a tres despachos de prestigio para alzar un estadio en el sur del entonces Distrito Federal. Concursaron Pedro Ramírez Vázquez y Rafael Mijares, como asociado, además de los arquitectos Félix Candela y Enrique de la Mora.
A más de seis décadas de distancia, Javier Ramírez Campuzano reconoce la alta complejidad que supuso semejante obra desde el punto de vista operativo.
El del arquitecto Candela era un proyecto extraordinario, pero muy caro. Tenía un techo de concreto que requería necesariamente columnas hacia partes de la tribuna, pero con ello se obstruye la vista a las personas que están detrás de esas columnas, pero sobre todo el problema fue el costo”.
Lo que ofrecían Ramírez Vázquez y Rafael Mijares fue un sistema que permitía que la cubierta pudiera ser instalada después e inaugurarse sin techo.
Los aficionados al futbol reconocen el ahora Estadio Banorte como la sede en la que triunfaron Pelé y Maradona, los dos nombres que siempre destacan en la conversación del mejor futbolista de todos los tiempos. Ambos alzaron la Copa el Mundo en el Coloso de Santa Úrsula, por lo que las viejas fotos del inmueble sin techo dejan sorprendido a cualquiera.

El techo, sin embargo, no tardó ni un año en colocarse. “Se pudo casi luego, luego de inaugurado”, señala Ramírez Campuzano.
El estadio se construyó muy rápido, justamente por eso: el sistema constructivo ayudó mucho. Se diseñó con un gran número de palcos, con acceso directo en coche, pero los palcos no se vendieron rápido, la gente como que no estaba convencida de la modalidad”, recuerda Ramírez Campuzano.
En los tiempos que corren, los palcos de los estadios se han convertido en anexos de empresas corporativas. En ese sentido, el arquitecto menciona que, antes, el futbol era muy familiar, por lo que los palcos se concibieron como un lugar ideal para disfrutar del espectáculo en familia, como un lugar de convivencia. En un principio, empero, la venta de los palcos no fue muy solicitada, aunque la gente se empezó a dar cuenta paulatinamente de su importancia.
El estadio vino a enriquecer la asistencia al futbol y darle un sentido más espectacular. Emilio Azcárraga Milmo, por el hecho de haber mandado a construir, pues le representó a México poder ser anfitrión de la Copa del Mundo del 70, pero también fue una carta de presentación para el dossier de la candidatura de México a los Juegos Olímpicos del 68. En Baden-Baden (en ese entonces Alemania Occidental), se le otorga a México la sede.
La lección de Torres Bodet
Antes de diseñar el Coloso de Santa Úrsula, Pedro Ramírez Vázquez ya había tenido experiencias con recintos destinados al espectáculo. A principios de los años 50, durante el alemanismo, concluyó el Auditorio Nacional. Asimismo, habilitó la Facultad de Medicina, proyecto en el que había participado, para hacer la Villa Panamericana varonil de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1954 y en los Panamericanos de 1955.
Pero quien puso en la mesa al deporte como asunto de Estado fue el presidente Adolfo López Mateos.
La educación física se integró como parte de la enseñanza con Jaime Torres Bodet como secretario de Educación. Para nadie es un secreto que López Mateos era un apasionado del deporte.”, señala Ramírez Campuzano. “El primer congreso internacional del derecho del deporte, que fue nuestro país, lo puso de punta de lanza para que fuera parte de la formación. Vinieron ponentes de todo el mundo. Obviamente fue antes del movimiento estudiantil”.
El tercer mundial para el Estadio Banorte está a la vuelta de la esquina
En el despacho de Ramírez Vázquez y Asociados, Javier Ramírez Campuzano muestra varias láminas.
A poco más de dos meses de inaugurar su tercer Mundial, el Estadio Banorte, como obra arquitectónica, anticipó el fenómeno global en que se convertiría el futbol.

En un principio se proyectó de forma rectangular, a la usanza de los estadios ingleses, es decir, cuando se decide el proyecto de ejecución, no están las curvas, está recto.
El planteamiento fue cuadrado. Todo proyecto tiene un proceso de desarrollo. Este plano dice mucho, porque está curvo. Para ver el tiro de esquina en un estadio rectangular era un problema, porque los aficionados se mueven o se paran para verlo. Aquí son las isópticas. Ése lo llevó el arquitecto Luis Alvarado”, señala Ramírez Campuzano.
El propio arquitecto Alvarado escribió que la isóptica “es el lugar geométrico de ubicación de los ojos de los espectadores”.
Una de las láminas que muestra Ramírez Campuzano a Excélsior revela que la entrada de los jugadores al campo de juego sería hacia la línea central.
“En un principio, la salida estaba por el centro de la cancha, como va a ser ahora. Pero cuando se hizo el estadio, la salida hacia la cancha era por la cabecera norte. No sé por qué, pero yo tengo la impresión de que el que llevaba eso era el señor Guillermo Cañedo, porque Pedro Ramírez Vázquez y Rafael Mijares lo tenían por el centro. El estacionamiento, todos los vestidores van a estar en el mismo lugar. Lo que pasa es que ahora el espectáculo es desde antes de que salgan los jugadores al campo, en fin, ya el futbol, como espectáculo, ya cambió”.

La visión comercial del Coloso de Santa Úrsula
La visión de Ramírez Vázquez y Mijares los llevó a proponer otras maneras de aprovechar las instalaciones del inmueble deportivo en calendarios ajenos al futbol.
Con el paso de los años han sido notables los conciertos masivos en el Coloso de Santa Úrsula, de Michael Jackson a Bad Bunny, por citar únicamente dos ejemplos, pero también para albergar eventos disímbolos, como realizar ahí el examen de admisión de la UNAM, cuando miles de jóvenes se apoyaban en tablas de madera, acto que marcó una contradicción: un estadio lleno, en silencio.
Originalmente, sin embargo, “habían planteado un posible circuito para carreras, y los estacionamientos estaban planteados como autocinemas, con capacidad para 500 autos. Se proyectaron muchas opciones para generar recursos con un estadio de ese tamaño”, refiere Ramírez Campuzano.
“Estamos hablando de 1960. En ese momento, los referentes eran Wembley, por el valor histórico, y el Maracaná, por el cupo desmesurado. Y recuerde que en muchos estadios había tribunas para verlo de pie. Se iban más a capacidad que a los servicios. Aquí sí hay que reconocer la visión de Emilio Azcárraga, porque ya con el futbol, a partir de Chile, que él filma los partidos y la televisión empieza a añadir un valor importante. Ya tiene al América, pero todos jugaban en Ciudad Universitaria. A mí me tocó ir a CU, a los cuadrangulares, pentagonales, etcétera, que eran una maravilla”, recordó el entrevistado.

El sol rojo, una estampa icónica de la CDMX
El sol rojo, de Alexander Calder, es una postal que se asocia inevitablemente al Coloso de Santa Úrsula, por lo que también será estampa, por tercera ocasión, de un Mundial.
Durante su construcción, sin embargo, donde ahora está esa escultura monumental, diseñada originalmente para El Palacio de los Deportes, había una barda.
Sí, una señora no quería vender su terreno. Emilio Azcárraga se lo dijo al entonces presidente y se lo expropiaron en favor de la ciudad. Es un espacio de acceso y salida del estadio del lado de calzada de Tlalpan”, refiere Ramírez Campuzano.

Es una máxima expresión deportiva
En 1952, México era otro país. También su arquitectura. Había menos de 450 arquitectos en todo el territorio nacional y, sin embargo, algunos de ellos estaban concentrados en un proyecto que cambiaría la historia: Ciudad Universitaria.
Desde lo prehispánico, pasando por la riqueza ornamental del periodo virreinal, hasta el vacío creativo posterior a la Independencia y el marcado europeísmo del Porfiriato, el país había construido una suma de herencias.
Esa voz empezó a tomar forma en el siglo XX.
Al centro de esa transformación estuvo José Villagrán García. Desde las aulas, moldeó a quienes definirían una nueva etapa.
Entre ellos, Pedro Ramírez Vázquez, miembro de esa generación fundacional que terminó por darle a México una identidad arquitectónica que tiene en el ahora Estadio Banorte a su máxima expresión deportiva.
*mcam