MITO
“La homeopatía es válida y eficaz” (II).
Cuando apareció el texto anterior, el viernes pasado, recibí opiniones en diversos sentidos: hubo quien comentó que está contento con su tratamiento, otros reconocieron que la homeopatía es un simple placebo y alguien me comentó que es sólo una reliquia del pasado.
CONSECUENCIA
Creo que, a pesar de las evidencias y las prohibiciones de recetar productos homeopáticos en otros países, en México seguirá la costumbre de curar “con pildoritas” diversos padecimientos, ya que la costumbre, muy arraigada en cierto grupo de pacientes, no terminará pronto.
REALIDAD
La homeopatía es un sistema de medicina alternativa creado en 1796 por el médico alemán Samuel Hahnemann. Su pilar fundamental es la doctrina de que “lo similar cura lo similar”, donde una sustancia que causa ciertos síntomas en una persona sana se usa diluida para curar dolencias similares en una enferma.
Mientras traducía la obra Tratado de Materia Médica del escocés William Cullen, Hahnemann ingirió corteza de quina (utilizada contra la malaria) y experimentó síntomas similares a los de esa enfermedad. Esto lo llevó a desarrollar su teoría y a publicar su obra principal Organón de la medicina (1810).
Esta obra sostiene que una sustancia que produce síntomas específicos en una persona sana puede utilizarse para curar padecimientos similares en una persona enferma.
Se sustenta en tres postulados teóricos principales:
Ley de la semejanza: se busca una sustancia que provoque síntomas parecidos a los de la enfermedad del paciente para estimular la capacidad natural de curación del cuerpo.
La dosis mínima: los ingredientes se someten a diluciones sucesivas en agua o alcohol. Se postula que, paradójicamente, cuanto más diluida está la sustancia, mayor es su potencia terapéutica y menor el riesgo de toxicidad. En diluciones muy altas, es probable que no quede ninguna molécula del principio activo original.
Individualización: el tratamiento es estrictamente personalizado. Dos personas con la misma enfermedad pueden recibir remedios distintos, ya que se evalúa el estado físico, mental y emocional del individuo.
Durante el siglo XIX, en una época donde la medicina ortodoxa utilizaba prácticas agresivas y dolorosas como sangrías y purgas, la homeopatía ganó gran popularidad debido a que sus preparados, altamente diluidos, resultaban inofensivos para los pacientes.
La homeopatía llegó a México en 1850 de la mano de médicos españoles y ganó reconocimiento oficial gracias a figuras como el doctor José María Carbó. En 1893, bajo el mandato de Porfirio Díaz, se fundó el Hospital Homeopático, consolidando una tradición que hoy incluye instituciones como la Escuela Nacional de Medicina y Homeopatía del IPN.
Visión científica actual: los estudios clínicos a gran escala (como los metaanálisis de Cochrane) han concluido que los productos homeopáticos no contienen moléculas activas y no son más efectivos que un placebo.
La comunidad científica considera a la homeopatía como una pseudociencia y una pseudoterapia y advierte el riesgo de sustituir tratamientos médicos convencionales por este tipo de alternativas.
Pero si usted usa “chochitos”, bien, pero haga una cita con el médico, no sea que…
