El negocio detrás del Super Bowl LX: cómo la NFL elige sus sedes y reduce riesgos

La liga seleccionó Santa Clara para el Super Bowl LX tras un proceso estratégico que prioriza control, infraestructura y retorno económico

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El Levi's Stadium será la casa del Super Bowl LXFacebook/Levi'sStadium

En la superficie, el Super Bowl representa el espectáculo deportivo más visto de Estados Unidos. En el fondo, es una de las operaciones inmobiliarias, fiscales y logísticas más complejas del deporte global. La designación del Levi’s Stadium como sede del Super Bowl LX responde menos al azar que a un modelo de negocio que la National Football League ha refinado para maximizar control operativo y minimizar exposición financiera. Del libre mercado a la designación dirigida

Durante décadas, las ciudades competían por el Super Bowl mediante procesos de licitación abiertos, presentando extensos libros de ofertas que detallaban incentivos, infraestructura y garantías económicas. Ese sistema cambió en 2018.

Desde entonces, la NFL opera bajo un esquema de invitación estratégica. La oficina del comisionado Roger Goodell identifica primero los mercados que se ajustan a sus objetivos financieros, logísticos y comerciales. Sólo después concede exclusividad a una ciudad para presentar una propuesta que, sin competencia directa, debe ser ratificada por los 32 propietarios de los equipos.

El proceso dejó de ser una subasta para convertirse en una negociación de términos, con la liga dictando condiciones. 

El estándar del anfitrión

Para asegurar el Super Bowl LX, Santa Clara y el Área de la Bahía aceptaron un pliego de requisitos que rivaliza con los de cualquier corporación multinacional.

La NFL exige estadios con al menos 70,000 asientos y condiciones climáticas favorables o techos retráctiles. A ello se suma la garantía de decenas de miles de espacios de estacionamiento, acceso exclusivo a instalaciones recreativas de alta gama para patrocinadores y una red hotelera capaz de absorber la demanda de equipos, medios y clientes corporativos.

Uno de los puntos más sensibles es fiscal. Las autoridades deben garantizar exenciones de impuestos locales y estatales sobre la venta de boletos y operaciones relacionadas, protegiendo directamente los márgenes de la liga. 

Por qué el Área de la Bahía en 2026

La designación, confirmada en 2023, responde a una convergencia precisa de factores.

El Levi’s Stadium ya fue sede del Super Bowl 50 en 2016. Volver para la edición LX permite reutilizar infraestructura probada y reducir incertidumbre operativa. Además, 2026 será un año clave para California como anfitriona de la Copa del Mundo de la FIFA, lo que implica que los sistemas de seguridad, transporte y coordinación interinstitucional estarán plenamente activos.

Para la NFL, esto significa compartir costos indirectos y operar dentro de un ecosistema ya tensionado al máximo por celebraciones globales.

A nivel corporativo, el atractivo es claro. Silicon Valley concentra una de las mayores densidades de empresas tecnológicas del mundo, capaces de absorber paquetes de hospitalidad que superan los 15,000 dólares por persona, un segmento que representa una porción crítica de los ingresos no televisivos del Super Bowl. 

Un impacto millonario

Aunque San Francisco capitaliza la narrativa y alberga los eventos culturales paralelos, el partido se juega en Santa Clara, a más de una hora de distancia. Esta dispersión no es accidental.

Al extender la huella del gran juego por toda la región, desde San José hasta Oakland, la NFL y el comité anfitrión maximizan la ocupación hotelera y la derrama económica. Las estimaciones locales apuntan a un impacto superior a los 600 millones de dólares.

En última instancia, el Super Bowl no se asigna por méritos deportivos ni por tradición, sino por la capacidad de una región para transformarse, durante una semana, en una extensión operativa de la NFL. Un territorio temporalmente diseñado para servir a la liga más poderosa del deporte estadounidense.