La Fórmula Uno enlodada en el caso Epstein: los correos y reuniones que salpican a Ecclestone, Stroll y la cúpula del paddock
Documentos revelan nexos entre Epstein y figuras clave de la máxima categoría del automovilismo mundial

Durante años, la Fórmula 1 ha cultivado una narrativa de velocidad, innovación y capital global. Sin embargo, la más reciente publicación de documentos del Departamento de Justicia de Estados Unidos reabre un capítulo incómodo. En cientos de páginas aparecen intercambios, envíos y referencias que conectan a Jeffrey Epstein con algunos de los nombres más influyentes del paddock.
Los archivos no formulan acusaciones penales nuevas contra ejecutivos del deporte motor. Tampoco establecen vínculos directos en todos los casos. Lo que sí exhiben es una red de contactos que se movía en los mismos círculos financieros y sociales donde la F1 consolidó su expansión comercial durante las últimas dos décadas.
El eje Ecclestone y el negocio de Silverstone
El nombre más resonante es el de Bernie Ecclestone, arquitecto del modelo comercial moderno de la F1 y director del Formula One Group hasta su venta a Liberty Media en 2017.
Un recibo de mensajería fechado en julio de 2001 documenta el envío de un paquete por parte de Epstein a Ecclestone. Años después, en 2011, correos electrónicos muestran conversaciones donde Epstein lideraba un consorcio interesado en adquirir Silverstone Circuit, sede histórica del Gran Premio británico. En esos intercambios aparece también el político británico Peter Mandelson.
El intento de compra no prosperó y el British Racing Drivers’ Club mantuvo el control del circuito. La relevancia del episodio radica menos en la operación fallida y más en la evidencia de interlocución directa entre el financista y la cúpula del automovilismo mundial.
Ecclestone, hoy de 95 años, ya había enfrentado controversias recientes tras declararse culpable de fraude fiscal en 2022 y aceptar el pago de más de 803 millones de dólares para evitar prisión. Su historial amplifica el escrutinio público.

Stroll y el puente con el paddock actua
A diferencia de Ecclestone, Lawrence Stroll mantiene un rol activo como propietario de Aston Martin F1 Team. Los documentos registran un envío similar al recibido por Ecclestone y correos donde se menciona su posible asistencia a cenas organizadas por Epstein en Nueva York.
En 2003, mensajes de Ghislaine Maxwell describen una cena con 24 invitados, entre ellos Stroll y Mandelson. Años después, en 2014, Epstein consultó a su piloto privado sobre la posible compra de un avión vinculado al empresario canadiense.
No hay evidencia en los archivos de transacciones ilícitas relacionadas con la F1. El patrón que emerge es el de coincidencias en redes de alto patrimonio donde convergen inversión, hospitalidad y política.
Briatore y la constelación de escándalos
Flavio Briatore, exjefe de Renault y figura central del escándalo Crashgate, también aparece en correspondencia con Epstein. Correos de 2005 y 2010 sugieren mensajes y posibles reuniones. En uno de ellos, el financista lo llama “mi amigo italiano”.
Briatore ya había sido expulsado de la F1 de por vida por su papel en Crashgate antes de que la sanción fuera revertida. Su historial turbulento refuerza la percepción de una élite deportiva acostumbrada a moverse en zonas grises regulatorias.
Jean Todt, Irvine y el alcance institucional
El nombre de Jean Todt, expresidente de la FIA, surge en intercambios de 2013 y 2017. Un diplomático francés preguntó a Epstein si conocía al entonces jefe del organismo rector. Años después, Todt envió un mensaje al financista mencionando a un amigo común.
La aparición de Eddie Irvine, e subcampeón mundial con Ferrari en 1999, es más tangencial. Maxwell lo menciona en correos relacionados con entradas para un concierto y contactos en Irlanda. Poder, reputación y gobernanza
La F1 se ha transformado en un activo global valorado en miles de millones bajo el control de Liberty Media. Su gobernanza depende de la credibilidad institucional de la FIA y de la percepción de transparencia en sus relaciones comerciales.

Los documentos no prueban conspiraciones deportivas. Lo que exhiben es la proximidad entre un delincuente condenado y actores influyentes del automovilismo. En un ecosistema donde patrocinadores, gobiernos y fondos soberanos invierten cifras récord, la gestión reputacional se vuelve tan estratégica como la aerodinámica.
La publicación de estos archivos no altera resultados en pista ni campeonatos históricos. Pero sí recuerda que el deporte de élite opera en una red de capital y relaciones personales donde los límites éticos pueden volverse difusos.
En el paddock, la velocidad lo domina todo. Fuera de él, los archivos avanzan sin cronómetro y obligan a la industria a responder preguntas que no se resuelven con una bandera a cuadros.
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