Ben Johnson, la mente brillante que incendió Chicago y cambió la cultura perdedora de los Bears
El discurso que recorrió las redes fue la fachada, detrás, un entrenado obsesivo convirtió método, memoria y presión en la nueva identidad de los Bears

El vestidor explotó, camisetas húmedas, música de fondo y un entrenador que tomó el centro como si hubiera bajado de la tribuna, la voz áspera, el lenguaje directo, el mensaje crudo, el gesto de alguien que entiende la rivalidad como se entiende en Chicago, con el cuerpo antes que con el discurso. El video salió disparado a las redes y en cuestión de minutos dejó de pertenecer a los Bears para convertirse en escena pública. A quien no conociera a Ben Johnson le habría parecido un aficionado embalado por la noche y por algunas cervezas. Para los jugadores fue otra cosa, fue la confirmación de una identidad que llevaba meses incubándose.
Unos minutos antes, el guion parecía escrito de nuevo a favor de Green Bay. Chicago se fue al descanso abajo 21-3, el estadio en silencio incómodo, la historia reciente pesando sobre los hombros. Johnson no elevó el tono ni buscó frases memorables. Ajustó detalles. Cambió protecciones. Simplificó lecturas. Aceleró decisiones. El cuarto periodo se convirtió en una avalancha controlada. Los Bears ganaron ese tramo 25-6 y cerraron 31-27 con un pase de 25 yardas de Caleb Williams a DJ Moore que volteó la rivalidad cuando más importaba.
Williams lanzó 24 de 48 para 361 yardas con dos pases de touchdown y dos intercepciones, cifras que explican poco sin el contexto de una noche en la que el quarterback encontró refugio en el diseño y en el ritmo. Dos envíos de anotación en el último cuarto fueron la traducción perfecta de una idea sostenida durante toda la temporada que se resume como presión como "costumbre y precisión como salida".
Nacimiento de una cultura ganadora
Ese hábito nació lejos de Chicago. En 2006, en Carolina del Norte, Frank Cignetti Jr, coordinador ofensivo de los Tar Heels colocaba rompecabezas de X y O en una pared iluminada por un retroproyector. Los quarterbacks debían desmenuzar protecciones, audibles, problemas y soluciones posibles en un universo de 22 jugadores en movimiento constante. Casi siempre ganaba el mismo. No era el titular ni el recluta codiciado. Era Ben Johnson, novato sin beca, obsesivo con el detalle, paciente hasta el extremo.
Johnson estudió matemáticas e informática y trasladó esa lógica al futbol americano. Se colaba por las noches a las instalaciones para ganar repeticiones extra, compartía madrugadas con el pasador Kennedy Tinsley, probaba, repetía, corregía. En una de esas noches decidieron buscar el libro de jugadas de Cignetti. Recorrieron oficinas y salas de reunión con el pulso acelerado. No lo encontraron. Encontraron algo más duradero: la certeza de que el trabajo adicional siempre ofrece ventajas invisibles.
La elección por los Bears
Esa intensidad sobrevivió a más de una década de oficios secundarios que inició como entrenado asistente en los Dolphins en 2012 hasta que Dan Campbell le entregó el ataque de Detroit a mitad de 2021. La ofensiva se volvió pirotecnia. Las entrevistas se multiplicaron. Johnson esperó, rechazó y eligió Chicago, una franquicia que había terminado 5-12, una afición exigente y un quarterback de segundo año que había recibido 63 sacks como novato. El resultado fue un giro completo en menos de un calendario.
Los Bears pasaron del último lugar a campeones del Norte de la NFC y segundo sembrado de la conferencia. Terminaron sextos en yardas ofensivas, algo que no ocurría desde 1983. Williams estableció el récord histórico de yardas por pase de la franquicia. Seis de las 11 victorias llegaron con desventaja dentro de los últimos dos minutos del tiempo reglamentario.
La cultura se expresó en pequeños rituales. “Good, Better, Best”. GBB. Un cántico heredado de la preparatoria AC Reynolds que se volvió consigna de vestidor y luego mercancía en las calles. Tras la victoria sobre Filadelfia del 28 de noviembre, Johnson habló de hot dogs, se arrancó la camisa y activó una broma que terminó siendo pulso ciudadano. El restaurante The Wiener’s Circle regaló perritos calientes.
Chicago siempre fue una ciudad hecha para amar el futbol americano y sospechar de sus quarterbacks. Jim McMahon dijo alguna vez que era el lugar donde iban a morir. Johnson no desmintió la sentencia. La rodeó de trabajo. Cargó prácticas. Expulsó titulares por fallas. Insistió en que nada debía ser cómodo. Aceptó el 0-2 inicial. Encadenó cuatro triunfos. Construyó una temporada de remontadas que capturó a la ciudad.
En los videos virales no hay pizarras ni estadísticas. Hay tono. El mismo que resolvía rompecabezas universitarios. El mismo que hoy sostiene a una franquicia histórica. Ben Johnson no parece un genio a primera vista. A veces suena como un aficionado con la voz rota, celebrando en un vestidor. En realidad es la mente que convirtió a los Bears en contendientes al Super Bowl y a Chicago en un lugar donde el ataque dejó de ser un misterio.
EL EDITOR RECOMIENDA



