Reconocen padecer el Principio de Peter
Un gobierno lo deberían encabezar los más capaces, sin importar si son hombres, mujeres, de la diversidad sexual o de alguna religión en particular.

Adrián Rueda
Capital político
Como si fuera un mal chiste, ayer se hizo viral la comparación del Principio de Peter con el trabajo de Clara Brugada, cuyos resultados dejan en evidencia que, si bien tenía méritos para llegar a la la Jefatura de Gobierno, no estaba preparada para el cargo.
Y es que la teoría del sociólogo canadiense Laurence J. Peter, sostiene que no siempre los empleados más eficientes pueden ejecutar sus nuevas tareas cuando son ascendidos, y peor si no reciben capacitación para sus nuevas funciones.
Por mucho que haya molestado la comparación con el desempeño de Brugada, nadie puede decir que no es cierto. Es más, entre los propios morenistas reconocen que no sólo ella carece de habilidades para el cargo, sino prácticamente todo el gabinete.
Ni qué decir de los alcaldes, no sólo de la 4T, que llegaron al cargo por haber trabajado mucho, o por tener amistad con quienes deciden las candidaturas.
Pero quienes se llevan las palmas son los diputados, muchos por haber salido de las tómbolas, pero otros porque simplemente no dan para más, a pesar de no ser nuevos en el cargo.
Probablemente su ignorancia no afecte tanto como a la comunidad, como sí ocurre con la ineptitud de los funcionarios de gobierno, quienes son los que toman decisiones que afectan —para bien o para mal— la vida cotidiana de los ciudadanos.
Contrario a lo que señala el Principio de Peter, a los diputados se les puede aplicar el de Dilbert, que sugiere enviar a los empleados menos competentes a puestos directivos, donde tienen menos probabilidades de interferir con la producción.
Por mucho que sea un derecho constitucional aspirar a un cargo público, tendría que haber una especie de agencia que supervise las capacidades mínimas de los aspirantes, o en su caso promueva su capacitación para la toma de decisiones.
Porque es muy fácil recargarse en eso de que sólo por ser mujer, por ser joven, por ser indígena o por tener alguna discapacidad, cualquier persona acceda a un cargo que afecte el destino de los ciudadanos.
Un gobierno lo deberían encabezar los más capaces, sin importar si son hombres, mujeres, de la diversidad sexual o de alguna religión en particular. Que sean puras mujeres, puros hombres o integrantes de la diversidad quienes gobiernen, si son los más capaces.
Desgraciadamente no sólo en las empresas, sino en los gobiernos, prevalece el Principio de Peter, pues a los puestos de dirección no siempre llegan los mejor preparados para el cargo, sino muchas veces quienes han trabajado bien en puestos de menor responsabilidad.
Es un tema que debería preocupar al propio gobierno, pues son sus integrantes los últimos en darse cuenta de que no tienen la capacidad requerida para brillar en sus puestos. En lugar de ser autocríticos y superarse, se tapan entre ellos para tratar de ocultar su propia incompetencia.
¿Cuántos Peters se pueden contar en cada dependencia o Congreso?
CENTAVITOS
Entre tanta información, pasó desaparecido el cateo que fuerzas federales y estatales ejecutaron ayer en el ayuntamiento petista de Amacuzac, en Morelos, para detener a una síndica, una regidora y al tesorero municipal de ese municipio, acusados de extorsión agravada. Junto con esas detenciones, también cayó —en un domicilio particular— El Camarón, identificado como el jefe de plaza de La Familia Michoacana en Amacuzac y Puente de Ixtla, y presuntamente relacionado con el caso. No es como el asunto de Tequila, por supuesto, pero involucra otra alcaldía de la 4T.