Arqueólogos denuncian falta de interés del INAH por arqueología del norte
El INAH enfrenta una crisis de investigación por falta de apoyo y recortes en el norte de México. El arqueólogo Joel Santos revela la carencia de presupuestos y de interés institucional en esta región

No hay interés del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para desarrollar la investigación en el norte de México, en particular en Sinaloa”, dice a Excélsior el arqueólogo Joel Santos Ramírez, uno de los cuatro investigadores que labora en Sinaloa y quien han explorado Las Labradas, único sitio arqueológico abierto en la entidad.
Y agrega: “Llegué a Las Labradas en 2002 y poco después arribaron mis demás compañeros. Entonces hubo interés por parte del INAH para ya no tener la vista hacia el centro y sur del país, sino mirar al norte, que es el territorio más grande y desconocido del país”.
Fue entonces cuando arribaron muchos investigadores a Sinaloa, Sonora, Baja California y Chihuahua, explica, y se creó la Escuela de Antropología e Historia del Norte de México (EAHNM). “Pero eso duró poquito, pues hubo cambios administrativos, todo se acabó de tajo y ya no se pudo recomponer.

Es más, cada día tenemos más recortes de compañeros eventuales, las áreas de investigación se han reducido y se están desmantelando las áreas de arqueología porque se perdió el interés institucional”, advierte.
¿A qué se debe ese desinterés?, se le cuestiona al arqueólogo. “Para el centro del país, Sinaloa sólo es (un área) de monumentos históricos, en Mazatlán y otros edificios del estado. Y eso se constata al ver cuántos directores del INAH Sinaloa han sido arquitectos”, lo cual limita la visión para desarrollar arqueología...
Esto también imposibilita el crecimiento de la plantilla de investigadores que requiere Sinaloa. Así que es un grito que pegamos nosotros: ¿Cómo es posible (la falta de investigadores) en un estado tan rico en patrimonio arqueológico, investigación, historia, etnología y lingüística”, apunta.

¿En Sinaloa no se estudian las culturas vivas? “Sinaloa tiene culturas vivas, como los yoreme, en el norte de la entidad, y no hay un sólo etnólogo local que haya trabajado en Sinaloa. Son más bien los compañeros de Sonora los que han incursionado un poco y eso reduce el panorama”.
Incluso, señala que a Diego Prieto, entonces titular del INAH, le planteó la necesidad de contar con un mínimo de 10 expertos en Sinaloa para desarrollar trabajos de investigación.

¿Qué respondió Prieto? “Quería recuperar (en 2019) una vieja idea en el INAH de desarrollar regiones de investigación. Era un planteamiento idealista que miraba al INAH no como entidades políticas, sino como delegaciones... pero llegaron los recortes, la austeridad, la pandemia y se partió a todos los proyectos”.
¿Qué ocurrió? “Había varios proyectos, pero desde la Secretaría de Cultura (se planteó que) todos los recursos se aplicaran a salud, lo cual era entendible, pero fue costoso para muchas áreas. A partir de ahí todos comenzamos a sufrir bastante, porque muchos centros de trabajo colapsaron, (las) zonas arqueológicas se quedaron sin mantenimiento, incluso el Museo Nacional de Antropología y la Escuela de Antropología (ENAH)”.

El impacto de la austeridad y la pandemia
Y aunque esa tendencia de recortes ya venía en picada, advierte, “cuando parecía que reiniciaríamos una nueva etapa en el INAH, vino la pandemia y nos rompió todo.
Pero aun así tenemos esperanza, porque si no fuera así... ya habríamos pedido nuestro cambio a otro lugar. Sería lo más fácil”, acepta.
Otro factor que ha impactado en la investigación en Sinaloa y en el INAH, señala Santos, es la burocracia.

La administración pública nos tiene asfixiados con su reglamentación que, prácticamente, a uno le impide salir al campo, porque hoy en día no puedes ir más de cuatro días y medio comisionado con viáticos, porque la administración exige que me regrese y haga otra comisión para volver” al campo.
Por último, Santos reconoce que la violencia se ha convertido en un factor que afecta el trabajo de exploración en la entidad, luego de que se declarara la guerra contra el narco, pese a lo cual se concretó el sitio de Las Labradas.
Potencial arqueológico en el olvido
Incluso, considera que abrir un sitio arqueológico sería un buen modelo para recobrar comunidades y disipar la violencia.
Creo que abrir los sitios nos ayudaría también a recuperar las comunidades, a que se apropien de ellos y que se controlen los brotes y las situaciones”, apunta.
Sin embargo, reconoce que en los últimos cuatro años “se han perdido los códigos de seguridad que existían”, lo que ha impactado la investigación en toda la zona.

Hay riqueza similar al área maya
Aunque Sinaloa goza de una riqueza en arte rupestre y sitios arqueológicos (cerca de 200), Joel Santos reconoce que la entidad sólo cuenta con un sitio abierto al público, Las Labradas, santuario rupestre con más de 700 figuras grabadas en rocas basálticas.
Hay tanta arqueología en Sinaloa como en el área Maya, sólo que aquí no se ha iniciado la investigación en un mayor número, es decir, hay cientos de sitios arqueológicos en la costa, en la planicie y en la sierra, pero son pocas las (excavaciones) que hemos realizado”.

Y como ejemplo, Santos refiere el Cerro de la Máscara, al norte de la entidad, frente al pueblo mágico de El Fuerte, el cual tiene amplias posibilidades de ser el segundo sitio que el INAH abra al público.
También es un sitio importante de arte rupestre y petrograbados, que yo colocaría después de Las Labradas. De hecho, tiene condiciones más favorables para la visita pública que Las Labradas”, explica.
Otro sitio viable sería El Rey, ubicado en Tacuchamona, en Sinaloa. “Lamentablemente, no hay una gran consciencia en la entidad acerca del patrimonio arqueológico”, concluye.