¿Estrés? Tu mejor terapia podría ser una buena canción
Escuchar música reduce el estrés y mejora la salud mental. Te explicamos qué géneros funcionan mejor y por qué, según estudios científicos.

Escuchar música se ha convertido en una de las estrategias más habituales para relajarse en la vida cotidiana y según múltiples estudios científicos su efecto sobre el estrés es real y medible.
La comunidad médica y psicológica ha analizado durante décadas cómo ciertos ritmos, frecuencias y estructuras musicales influyen en el sistema nervioso y en procesos fisiológicos relacionados con la tensión emocional y la ansiedad.
La evidencia disponible muestra que la música puede disminuir los niveles de cortisol, mejorar la respiración y reducir la frecuencia cardiaca lo que la convierte en un recurso de bajo costo, amplio acceso y alta eficacia para millones de personas en el mundo
Investigaciones del National Institutes of Health señalan que escuchar música relajante durante al menos diez minutos puede disminuir significativamente los niveles de cortisol, la hormona directamente vinculada a la respuesta de estrés en el organismo.
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Música, estrés y el cerebro
Esta reducción ocurre gracias a la activación del sistema nervioso parasimpático, también conocido como el sistema de descanso y digestión que induce una sensación de calma y recuperación corporal.
Estudios publicados en Frontiers in Psychology confirman que este efecto no depende del gusto musical aunque la música preferida del oyente tiende a generar una respuesta fisiológica más profunda debido a la asociación emocional positiva
La música influye tanto en la mente como en el cuerpo mediante la regulación de ondas cerebrales, especialmente las alfa y theta, que se relacionan con estados de calma, concentración suave y relajación profunda.
Estos tipos de ondas se activan al escuchar música con ritmos lentos, armonías suaves y ausencia de cambios bruscos.
Un estudio realizado por la Universidad de Stanford concluyó que la música con tempos de entre 60 y 80 beats por minuto sincroniza naturalmente el ritmo cardiaco y ayuda a estabilizar la respiración, por lo cual puede considerarse un recurso terapéutico efectivo en episodios de ansiedad aguda o estrés prolongado
Aunque casi cualquier género puede producir un efecto positivo, determinadas categorías han demostrado ser más eficientes para inducir estados de relajación.
¿Cualquier música?
Uno de los estilos más estudiados es la música clásica, especialmente las obras lentas de Mozart, Chopin y Debussy debido a su estructura repetitiva y progresión armónica suave.
Asimismo, la música ambiental o ambiental-electrónica diseñada específicamente para modular emociones ha mostrado efectos favorables en estudios clínicos al reducir la actividad de la amígdala, la región cerebral que procesa el miedo y el estrés.
El mindfulness sonoro y las grabaciones con sonidos naturales como lluvia, viento o corrientes de agua también han mostrado efectos positivos, pues promueven una respiración más profunda y regular
En el ámbito tterapéutico,la musicoterapia se ha consolidado como una intervención formal usada en hospitales, clínicas psiquiátricas y centros de rehabilitación de acuerdo con la American Music Therapy Association.
La musicoterapia utiliza elementos musicales como ritmo, melodía o improvisación guiada para ayudar a los pacientes a regular su estado emocional, procesar experiencias traumáticas y reducir la tensión corporal.
Un metaanálisis realizado por Cochrane reveló que los programas de musicoterapia reducen síntomas de estrés en pacientes con trastornos de ansiedad dentro de un rango moderado a alto y con efectos mayores cuando se combina con terapia psicológica tradicional.
Musica contra el dolor
La música también impacta la percepción del dolor, un factor relacionado directamente con el estrés físico y emocional. En hospitales de Estados Unidos y Europa los programas de manejo del dolor postoperatorio integran sesiones musicales para mejorar el estado emocional de los pacientes y disminuir la necesidad de analgésicos.
Un estudio del British Journal of Surgery documentó que los pacientes expuestos a música relajante antes y después de una cirugía reportaron menos dolor y menor ansiedad que aquellos que no la escucharon lo que evidencia su utilidad en contextos clínicos exigentes.
Otro factor clave es el vínculo entre música, memoria y bienestar emocional.
El cerebro almacena música y emociones en áreas similares, por lo que escuchar canciones asociadas con momentos positivos activa dopamina y endorfinas, neurotransmisores que generan placer y sensación de control emocional.
Esta activación compensa parcialmente los efectos del cortisol, ayudando a que el cuerpo vuelva a un estado de equilibrio. Por esta razón las listas de reproducción personalizadas suelen ser más efectivas que los sonidos aleatorios aunque los estudios coinciden en que los tempos lentos y los tonos cálidos son los elementos más determinantes.
En contextos laborales, escuchar música también ha mostrado beneficios, siempre que no interfiera con la concentración.
Un estudio de la Universidad de Cornell halló que los trabajadores expuestos a música ambiental suave presentaron niveles más bajos de estrés y mayor satisfacción laboral que aquellos que trabajaban en silencio absoluto o con ruidos ambientales intensos.
Sin embargo, los expertos recomiendan evitar canciones con letra durante actividades que requieren procesamiento lingüístico, ya que pueden generar interferencias cognitivas que reducen el rendimiento mental.
La música también puede complementar prácticas de relajación como respiración consciente, yoga o meditación En estos casos los ritmos lentos facilitan la sincronización del cuerpo con patrones respiratorios estables, lo cual potencia la capacidad de reducir estrés rápidamente.
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Diversos programas de bienestar corporativo incorporan música como herramienta de autorregulación emocional, permitiendo que los usuarios identifiquen qué sonidos les ayudan a entrar en estados de relajación más profunda.
En adolescentes y jóvenes adultos, la música cumple un papel adicional como forma de expresión, identidad y conexión social.
Estos factores influyen en el manejo del estrés porque fortalecen la sensación de pertenencia, reducen el aislamiento emocional y permiten procesar experiencias difíciles mediante la asociación musical.
Las investigaciones del Journal of Youth Studies demuestran que la música elegida por los propios jóvenes, aunque no sea necesariamente relajante, genera alivio emocional si se relaciona con su identidad y sus procesos internos.
ORP
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