La ansiedad, ¿es verdad que todos la padecemos en un grado sin saberlo?
Hoy en día existe una enfermedad que no todos notan que podemos adquirir, pero que se genera silenciosamente a causa del estrés y de todo lo que nos rodea: la ansiedad.

Ansiedad silenciosa: una realidad común
¿Es posible que padezcamos ansiedad sin saberlo? La respuesta es sí. La ansiedad es una respuesta natural del cuerpo ante el estrés o el peligro, pero cuando se presenta de forma constante y silenciosa puede pasar desapercibida. Muchas personas viven con síntomas leves o intermitentes sin identificar que están relacionados con un trastorno emocional. En esta nota exploramos qué es realmente la ansiedad, cómo se manifiesta y por qué es importante prestarle atención, incluso cuando parece “normal”.
Hoy en día existe una enfermedad que no todos notan que podemos adquirir, pero que se genera silenciosamente a causa del estrés y de todo lo que nos rodea: la ansiedad.
¿Pero qué es la ansiedad? Es una respuesta emocional o un conjunto de respuestas que engloban aspectos subjetivos o cognitivos, componentes corporales o fisiológicos —caracterizados por un alto grado de activación del sistema periférico—, y conductas observables que suelen implicar comportamientos poco ajustados y escasamente adaptativos.
Tipos de ansiedad y sus consecuencias
Entre los trastornos de ansiedad se encuentran las fobias, el trastorno obsesivo-compulsivo, el trastorno de pánico, la agorafobia, el trastorno por estrés postraumático, el trastorno de ansiedad generalizada y el trastorno de ansiedad social, entre otros.
Existen dos tipos de ansiedad: patológica y adaptativa. La ansiedad adaptativa se presenta en episodios poco frecuentes, con intensidad leve o media, y de duración limitada. Ocurre ante estímulos previsibles y comunes, con un grado de sufrimiento y afectación en la vida cotidiana reducido. En cambio, la ansiedad patológica se caracteriza por episodios reiterativos, de intensidad alta y duración excesiva, acompañados de una sensación constante de amenaza, gran sufrimiento e interferencia notable en la vida diaria.
Cualquiera de los dos tipos genera sufrimiento para quien lo padece. Todo puede comenzar con visitas al médico por síntomas inexplicables. Lo preocupante es que, a pesar de los malestares físicos, no se detecta una causa médica clara: todo es psicológico. El primer paso es reconocerlo y acudir a tratamiento, según lo que indique el personal médico.
Impacto familiar y síntomas visibles
Los familiares de quienes padecen ansiedad también se ven afectados, ya que es una situación difícil. Todos los seres humanos experimentamos ansiedad en algún momento; algunos la perciben con mayor intensidad, mientras que otros ni siquiera se dan cuenta, debido a que se presenta de forma leve. Esto se produce, en gran medida, por el estrés, principal causa de enfermedades en el país, sumado a los conflictos de la vida cotidiana.
Los síntomas de ansiedad son muy diversos. Tal vez los más comunes sean los de hiperactividad vegetativa, que incluyen taquicardia, respiración acelerada, midriasis, sensación de ahogo, temblores, sensación de pérdida de control, sudoración, náusea, rigidez muscular, debilidad, insomnio, inquietud motora, dificultades para comunicarse y pensamientos negativos u obsesivos, entre otros.
La ansiedad se manifiesta en tres niveles: fisiológico, cognitivo y conductual. Estos niveles pueden influirse entre sí. Por ejemplo, los síntomas cognitivos pueden intensificar los fisiológicos, y estos últimos disparar reacciones conductuales. Algunos síntomas se asemejan a los de enfermedades no mentales, como la arritmia cardíaca o la hipoglucemia, por lo que es importante realizar un chequeo médico completo para descartar otras causas.
Trastorno de pánico, evaluación y tratamiento
En casos más graves, la ansiedad puede derivar en un trastorno de pánico. Quienes lo padecen suelen pensar que van a desmayarse, morir o sufrir un daño grave. Es común que acudan con frecuencia a salas de urgencias y, tras recibir atención, se den cuenta de que lo que les ocurre es un problema mental, que requiere tratamiento y, en muchos casos, el acompañamiento cercano de su familia.
Una herramienta útil para identificar los síntomas es la Escala de Hamilton, aunque antes de aplicarla es necesario descartar otros padecimientos médicos.
Síntomas de ansiedad según la Escala de Hamilton:
- Cardiovasculares: Taquicardia, presión arterial elevada o sensación de tensión baja. Palpitaciones, arritmias, dolor u opresión en el pecho. Palidez o enrojecimiento.
- Respiratorios: Sensación de ahogo, opresión en el tórax. Suspiros frecuentes. Hiperventilación.
- Gastrointestinales: Náuseas, vómito, diarrea, dolor abdominal, cólicos. Sensación de ardor, gases, pérdida de peso, estreñimiento.
- Genitourinarios: Micciones frecuentes, dolor al orinar. Trastornos menstruales, disminución del deseo sexual. Eyaculación precoz, disfunción eréctil.
- Neurovegetativos: Sequedad bucal, sudoración excesiva, vértigos, cefaleas, palidez o rubor.
- Neurológicos: Temblores, hormigueos, sensibilidad extrema a estímulos, insomnio.
- Somáticos musculares: Contracturas, espasmos, rigidez y dolor muscular, tics, bruxismo.
- Somáticos sensoriales: Zumbido de oídos, visión borrosa, oleadas de frío o calor, debilidad.
- Psicofísicos: Fatiga, inquietud, llanto fácil, impaciencia, rostro preocupado, tartamudez.
- Funciones intelectuales y cognitivas: Falta de concentración, pensamientos acelerados o embotados, problemas de memoria.
- Mentales, cognitivos o subjetivos: Ansiedad persistente, miedos intensos, temor anticipatorio, inseguridad, irritabilidad, preocupación, sentimiento de inferioridad, indecisión, apatía, anhedonia, humor cambiante, pérdida de objetividad, estado depresivo.
Con esta información puedes identificar cuáles síntomas presentas y con qué frecuencia. Es fundamental tomar en serio la ansiedad antes de que derive en una crisis mayor. Si los síntomas son constantes, se recomienda asistir a terapia psicológica y, en casos más severos, al psiquiatra para recibir tratamiento.
Aunque no lo parezca, la ansiedad es una enfermedad que puede volverse muy dolorosa. Puede atormentar a quien la sufre y frenar su desarrollo personal, afectando también a las personas a su alrededor. Es un trastorno que debe atenderse oportunamente para evitar consecuencias graves.
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