Sin maquillaje / arlamont@msn.com / 11 de febrero de 2026

Alfredo La Mont III

Alfredo La Mont III

Sin maquillaje

LA PÍLDORA MASCULINA

¿Por qué todavía no existe una píldora anticonceptiva masculina? ¿No está medio desbalanceado?

R. Le comparto que la razón es una mezcla incómoda de biología, industria y cultura. Biológicamente, bloquear un óvulo mensual es sencillo; bloquear millones de espermatozoides diarios es otra historia. Los métodos hormonales probados funcionan, pero generan efectos secundarios similares a los que las mujeres han tolerado por décadas… y que, paradójicamente, se consideran “inaceptables” para los hombres en ensayos clínicos.

La industria tampoco se apresura: el mercado femenino ya es rentable y estable. Invertir en un anticonceptivo masculino implica riesgo comercial y un cambio cultural que aún no termina de cuajar. Los avances más prometedores hoy son no hormonales: moléculas que inmovilizan el esperma o métodos reversibles que bloquean temporalmente el conducto deferente. Pero siguen en fase experimental. Aceptemos que la ciencia está cerca, pero la voluntad —regulatoria, económica y cultural— no ha llegado al mismo ritmo.

EN ESPAÑA

Don Alfredo, ¿por qué el accidente ferroviario en España conmocionó tanto al país?

R. Esto sucedió porque fue uno de los peores siniestros ferroviarios del siglo en España. En enero de 2026, dos trenes de alta velocidad chocaron en Adamuz, Córdoba, dejando al menos 39 muertos y más de 150 heridos. El impacto fue doble: humano y simbólico. Era la primera vez que dos trenes de alta velocidad chocaban en la red española, considerada una de las más seguras del mundo. Las autoridades describieron el siniestro como “tremendamente extraño” y activaron protocolos de emergencia para eventos con víctimas múltiples.

El accidente abrió un debate urgente sobre mantenimiento, señalización y la convivencia entre operadores privados y públicos en las vías y reabrió una herida que el país conoce bien. En 2013, el descarrilamiento del tren Alvia en Santiago de Compostela dejó 80 muertos y marcó un antes y un después en el debate sobre la seguridad ferroviaria. Aquel accidente generó años de investigaciones, críticas a los sistemas de control y un cuestionamiento profundo a la gestión de Renfe y Adif. El siniestro de 2026, con decenas de víctimas y una secuencia de fallos aún por esclarecer, revive ese mismo patrón: conmoción nacional, dudas sobre la infraestructura y la sensación de que la alta velocidad española, orgullo tecnológico durante décadas, vuelve a enfrentarse a sus vulnerabilidades. La diferencia es que hoy el país llega más sensibilizado y menos dispuesto a aceptar explicaciones rápidas. En ambos casos, la tragedia obliga a mirar de frente los límites de un sistema que, pese a su prestigio, no es inmune al error humano ni a las fallas estructurales.

EL DESCARRILAMIENTO

¿Qué pasó realmente con el descarrilamiento del Tren Maya?

R. En los últimos meses, el Tren Maya ha enfrentado varios incidentes que reavivan dudas sobre seguridad y supervisión. En enero de 2025, cuatro vagones de carga se descarrilaron en Campeche mientras transportaban balasto, sin víctimas, pero con fuerte cuestionamiento público.

El episodio más delicado ocurrió en Izamal, Yucatán, donde un vagón con pasajeros se descarriló, provocando evacuaciones y presión política para revisar protocolos de operación. Aunque no ha habido tragedias masivas, la repetición de incidentes alimenta la percepción de un megaproyecto que avanza rápido, quizá demasiado rápido para su propia seguridad.

No sé si a usted le pase, pero como que me recuerda mucho a la operación del Metro.

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