Entre las luces V. Habitar

Comenzamos con la vuelta a casa, al kilómetro cero, y ese camino sólo se empieza cuando uno tiene la humildad de reconocer que ha sido desterrado. Desterrado de sus creencias, ideas, pensamientos y formas de sentir...

Advertir la vida mientras se vive, alcanzar a vislumbrar su implacable grandeza, disfrutar del tiempo y de las personas que lo habitan, celebrar la vida y el sueño de vivir, ése es su arte. / Doménico Cieri Estrada

Entre las luces ha tenido como finalidad una revisión sencilla de los pasos a seguir cuando uno elige transitar de un lugar a otro en su interior, un dejar de ser quien se era para ser lo que desea y necesita para sí mismo.

Comenzamos con la vuelta a casa, al kilómetro cero, y ese camino sólo se empieza cuando uno tiene la humildad de reconocer que ha sido desterrado. Desterrado de sus creencias, ideas, pensamientos y formas de sentir, es ese comprender, aceptar y asumir que hay que dejar a nuestras espaldas lo que fuimos en función de una idea: lo que necesitamos y queremos ser realmente. Y esta decisión implica un coraje estoico: dejar de ser para ser… de ahí la búsqueda, la introspección, de ahí las acciones conscientes que nos permitan cambiar la realidad, de ahí la resiliencia, la resistencia y la continúa revisión para ir, no perfeccionando, sino proyectando ciertos patrones y estándares de excelencia que nos debemos, simplemente para comprender que uno mismo es todo lo que se tiene, para ser, para hacer, para dar, para compartir, para sostener… Nos quedaría entonces esa nueva etapa, la más interesante de todas, la de habitarnos a nosotros mismos. La de anidarnos con compasión, la de arraigarse a ese nuevo orden de valores, de principios, de límites, de patrones de pensamiento; la de convivir y cohabitar con nuestras emociones, la de domiciliar nuestros sueños y anhelos más vehementes a nosotros mismos, la de poblar nuestros propios vacíos con intenciones de valor y certeza, la de ocupar un lugar primordial en nuestras elecciones, nuestra vida y el mundo; la de residir en el presente… la de estar en uno mismo.

Habitar significa vivir, morar, esto implica ocupar un lugar de manera habitual. Esta idea me conmueve profundamente porque no tenemos que estar en tantas cosas ni en tantos lugares ni con tanta gente; podemos, sí, pero necesitamos primero habitar eso que somos para que nada ni nadie más lo habite, ni siquiera un pensamiento que no hayamos elegido, ni siquiera una idea que tenga el poder de desafiar lo que con tanto esfuerzo hemos construido… Porque no sólo se trata de habitar, sino de defender, de respetar, de honrar, de cuidar y de mantener ese orden y esa claridad de estar en uno mismo de forma presente y permanente.

La mejor manera de aprender a habitar en uno mismo es asumir tres realidades: la primera: qué ya no quiere y qué ya no necesita, éstas conformarán los límites que merece imponer e imponerse. La segunda: qué necesita y, la tercera: qué quiere y qué desea, estas dos últimas serán su guía, su mapa de ruta, su soporte en la búsqueda, su retorno ante el error.

Habitarse a uno mismo es aprender a vivir en la autenticidad, la autonomía y la alineación coherente con nuestro propósito y prioridades. Es alinear y equilibrar el pensamiento, la emoción y la acción con su Yo más auténtico, real y orgánico. Los hábitos, las acciones conscientes, los pequeños cambios sostenidos en el tiempo son lo que generan las transformaciones duraderas, por eso es tan importante que nos habitemos y habitemos ese nuevos ser, con ese nuevo pensamiento, esa nueva manera de sentir, de responder, de reaccionar y de accionar ante la vida. El que se habita se vive y ése es un camino personal que exige autoconsciencia, voluntad y constancia. Es una elección personalísima dónde elegimos estar presentes. Dónde cumplimos con lo pactado en ese habitar desde el valor y el merecimiento de ser esa persona que elegimos diseñar, edificar y ser.

Mi querido lector… ¡¿de qué se trata la vida si no es de vivir y vivirse?! De qué se trata la vida si uno no elige vivir y vivirla como desea; qué sentido tiene la vida si no se lo damos; para qué queremos una vida que no vivimos a través de nosotros mismos; de qué se trata si no la elegimos… si no la habitamos. Se especula que la vida no es justa… y yo le digo que lo más injusto de la vida es no habitarla y no vivirla pudiendo hacerlo. Como siempre, usted elige. ¡Felices luces, felices vidas!

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